Los integrantes más antiguos del grupo se acercaron a saludar y Lidia le presentó a los nuevos amigos.
Algunos meses después de su divorcio, Eduardo, el padre de Tonya, se había reencontrado con Franco durante una salida con amigos. Se habían conocido en su tiempo de universidad, pero acabados los estudios, se distanciaron.
En esa ocasión, Eduardo también conoció – de forma muy breve - a Maya, su actual esposa y mejor amiga de Lidia.
Franco no tardó en incorporar a Eduardo en ese maravilloso grupo de amigos: alegre, muy unido y dispuesto siempre a ayudar cuando se necesitara.
Tonya los conoció unos meses después y la recibieron con gran ternura y apoyaron a ella y a su familia en los difíciles días que debieron enfrentar debido al accidente de tránsito en el que la joven estuvo involucrada.
Había esperado encontrar allí a su padre y a Maya, pero lamentablemente su hermano había enfermado.
Pasadas las presentaciones, Lidia y Tonya se apartaron para poder conversar.
- Me dijo Franco que Erick está enfermo -
- Sí, lo lamento. Supongo que querías darles la sorpresa. Erick solo tiene un resfrío, no es nada grave -
- Es una lástima… pero me alegra estar aquí y poder verlos -
- ¿Cuándo llegaste? -
- Ayer por la tarde -
- ¿Y dónde te hospedas? -
- Me quedo en casa de una amiga del colegio. Nos hemos mantenido en contacto todo este tiempo -
- ¿Cuánto tiempo piensas quedarte? -
- Unos tres meses. Llevaré unos cursos introductorios en la universidad -
- ¿Piensas volver a residir aquí? -
- No… no lo creo… Pero quería tomarme un tiempo antes de elegir carrera… Es decir, también quiero pasar tiempo con papá y Maya… y con Erick, por supuesto -
- Siempre has sido una chica tan centrada y madura - Lidia le sonrió - Pareces tener todo muy claro -
- No mucho, en realidad - replicó Tonya - pero veremos cómo se dan las cosas -
- Pues realmente me alegra mucho que estés aquí. Sé que tu padre y Maya se emocionarán mucho de que pases una temporada con ellos luego de tanto tiempo -
Lidia se retiró un momento y Tonya se acercó al grupo para ponerse al día de todo lo sucedido. Parecía que el tiempo no había pasado. Eran los mismos rostros, las risas, las bromas, el ambiente cálido y relajado de cuatro años atrás.
De pronto, de reojo, vio una figura en la entrada del patio. Al voltear la cabeza, se cortó su respiración y un sudor frío invadió todo su cuerpo. Esperaba que su rostro no reflejara la impresión que su llegada producía en ella: la misma que experimentó cuando lo conoció. Entonces era solo una adolescente que aún no pensaba demasiado en los chicos.
Era la primera vez que su padre la llevaba a una barbacoa y estaba muy nerviosa y ansiosa por causar buena impresión.
Como ese día, Michael llegó cuando ya todos estaban ahí y en cuanto lo vio, estaba segura de que su corazón se había detenido. Fue un flechazo y lo único que pudo pensar es que era el hombre más atractivo que había visto en su vida. Y, de hecho, lo dijo en voz alta, para sorpresa de Maya y Lidia.
Pero ahora, ya no era una niña y tenía que demostrarlo. Respiró hondo, puso una sonrisa en su rostro y buscó su mirada.
Los ojos oscuros del hombre la recorrieron de pies a cabeza y su rostro mostraba gran curiosidad; sin embargo, no se acercó. Se quedó conversando con Franco y un par de amigos junto a la barbacoa.
Tonya se disculpó, tomó una cerveza de la hielera y se acercó a él.
- ¿Una bebida? - le tendió la botella con su mejor sonrisa.
- Gracias - examinó su rostro.
- Es un gusto verte, Michael - y estaba segura de que, al pronunciar su nombre, se había ruborizado.
- Disculpa… ¿Nos conocemos? -
- Claro que sí - ella ladeó la cabeza y susurró con tono cálido - Incluso me has cargado en tus brazos –
El accidente lo había causado un conductor ebrio que se había saltado una señal de alto. El impacto había sido tan fuerte que Tonya había quedado atrapada en el auto. A los cuerpos de emergencia le tomó bastante tiempo poder sacarla y la trasladaron al hospital en una condición muy delicada.
Fueron semanas muy difíciles para ella, que parecía vivir en un limbo sin fin y para sus padres, que dejaron todo de lado para concentrarse única y exclusivamente en ella. Su recuperación tomó mucho más tiempo de lo estimado y recuperar la movilidad de su pierna fue muy complicado.
Luego de meses encerrada en casa sin salir más que para sus terapias, Eduardo accedió llevarla a una reunión del grupo. Como era usual, Franco los esperaba en la calzada y la recibió cálidamente, pero cuando tuvo que enfrentarse a los peldaños que conducían a la casa, dudó. Aún no manejaba bien su pierna.
Su padre se disponía a ayudarle a subir, cuando una voz les hizo detenerse.
- ¿Puedo? -
Al voltearse, se encontró con Michael, quien les sonreía. Antes que pudieran responder, tomó a Tonya en brazos y la llevó al interior de la casa.
Tal vez para él no había significado nada, pero para ella, una jovencita de catorce años fue un momento que jamás podría olvidar.
Ahora, al tenerlo de frente luego de algunos años, gozaba al ver que no le era posible ocultar su desconcierto.
La carcajada de Franco los sobresaltó.
- ¡No tiene ni idea! - le dio un golpe en el hombro.
Michael los miraba alternativamente, esperando una respuesta.
- Soy Tonya - dijo ella al fin, con una amplia sonrisa.
- ¿Tonya? - le miró con grandes ojos - ¿Es una broma? - miró a Franco.
- No, no lo es - Lidia se acercó.
- ¡Tonya! - la abrazó y la joven sintió que su corazón palpitaba aceleradamente.
Su cuerpo expedía una deliciosa tibieza y el delicioso aroma de su colonia la envolvió.
Se separó suavemente, aunque con gusto habría prolongado el contacto. Michael sonreía, pero la sorpresa no desaparecía de su rostro.
- Eduardo no comentó que vendrías… - murmuró.
- No lo sabe. Quería darle una sorpresa… pero no vendrá -
- Lo lamento -
- Está bien, me quedaré una temporada -
- Esa es una gran noticia -
Tonya asintió.
- ¿Cómo has estado? Cuéntame qué ha sido de ti - le tomó del brazo y se apartaron para conversar.
Hacía un esfuerzo por atender lo que decía Michael, pero no podía dejar de pensar en que, a pesar del tiempo, la atracción que alguna vez experimentó y que creyó solo ser un enamoramiento de adolescente, permanecía… o quizás, ahora era más fuerte.
Michael tenía la piel blanca, cabello castaño y ojos cafés. El rostro cuadrado, la mandíbula amplia y fuerte y siempre lucía bien afeitado. Era muy alto, de figura atlética y aunque ese día vestía ropa deportiva, se ajustaba a su amplio pecho, abultados biceps y piernas. Era un hombre imponente.
Ya había pasado los cuarenta, pero le parecía más atractivo ahora.
Pasaron la mayor parte de la tarde juntos y cuando ya todos comenzaban a retirarse, Tonya elevó una silenciosa oración al cielo, que fue rápidamente respondida.
- ¿Te llevo a casa? - se había inclinado y susurró la pregunta a su oído.
- Sí, te lo agradezco - murmuró tratando de que su voz no temblara.
Se despidió de Lidia y Franco y subieron al auto. Le dio su dirección y viajaron en silencio por unos minutos.
- ¿Cuándo hablarás con Eduardo? -
Su voz la devolvió a la realidad.
- Le llamaré mañana. Si Erick está bien, iré a visitarlo -
- ¿No crees que se enfade cuando se entere que has estado en el país por un par de días sin él saberlo? -
- Espero que la sorpresa me libre de una reprimenda - respondió con una sonrisa.
- Se alegrará mucho - Michael la miró un instante - Te extraña… Él y Maya -
- Lo sé. Yo también los extraño -
- Supongo entonces que nos estaremos viendo con más frecuencia -
- Eso espero - murmuró Tonya con un suspiro.
Reaccionó tarde. No debió decir eso, pero Michael la miró y sonrió. Sostuvo la mirada, aunque rogaba porque no se ruborizara.
- ¿Es aquí? - se habían detenido ya frente al edificio.
- Sí, aquí es - soltó el cinturón de seguridad y se volvió al hombre - Gracias por traerme -
- Me dio gusto verte, Tonya -
- A mí también… Me alegra estar en casa de nuevo -
- Luego de estos años, creí que considerarías a México tu hogar – se apoyó en el asiento y se ladeó levemente para mirarla mejor.
- No - sacudió la cabeza - No es lo mismo. Este es mi hogar… No solo extraño a papá… también los extrañaba a ustedes -
- Nosotros también. Eres parte del grupo, Tonya - le sonrió.
¡Cielos! Todo su interior se derretía ante su sonrisa.
- Bien. Buenas noches - dijo rehaciéndose.
- Nos vemos, Tonya -
Bajó del auto e hizo un gesto de despedida con la mano.
¡Tonta! Debió darle un beso… Bueno, era mejor no precipitarse. Entró rápidamente al edificio mientras Michael aguardaba que ella estuviera segura, para arrancar el auto.
Ya en el ascensor, se alisó el cabello. De alguna forma había sido una suerte que su padre no llegara a casa de Franco.
Entró al apartamento con una sonrisa de oreja a oreja que Flora no tardó en notar.
- ¡Hola! Alguien está de muy buen humor -
Se encontraba en la isla de la cocina, comiendo un bocadillo. De espaldas, Alexander preparaba algo en la estufa.
- Hola - se acercó a ellos.
- ¿Y bien? ¿Qué dijo tu padre cuando te vio? -
- No llegó. Mi hermano está un poco enfermo - se sentó al lado de Flora - Pero todos los chicos me recibieron con mucha alegría -
Alexander se volteó con un plato de pasta que dejó en la encimera.
- ¿Quieres comer algo? -
- No, gracias - Tonya le sonrió - ya comí con mis amigos -