Cuando despertó en la mañana, estaba sola. Flora le había dejado un juego de llaves en la isla y un mensaje de que iría al gimnasio.
Buscaba algo para desayunar, cuando el ruido de su teléfono llamó su atención. Al leer el mensaje, sonrió.
La puerta se abrió y vio entrar a Alexander. Vestía ropa deportiva y era evidente que había hecho ejercicio por el sudor de su camiseta.
- Buenos días - le mostró una amplia sonrisa. Su semblante era muy diferente al de la noche anterior - ¿Ya desayunaste? -
- Aún no -
- Si me das un momento, podemos desayunar juntos -
- Claro. ¿Quieres que prepare algo? -
- Puedes preparar el café. Yo me encargo del resto -
Algo en el rostro de Tonya le intrigó.
- ¿Qué sucede? -
- No sé preparar café - dijo muy apenada - Es que no bebo -
- ¡Oh! Entiendo - Alexander rio divertido - Entonces solo aguarda. Ya regreso -
Él entró al dormitorio, pero Tonya se sentía incómoda de solo quedarse allí, esperando. Así que sacó un vaso y el jugo de frutas. En la alacena encontró pan y jalea, así que decidió preparar unas tostadas.
Tan solo unos minutos después, Alexander se le unió a la cocina, fresco y aseado.
- Así que no bebes café. Es buen saberlo. ¿No te gusta? -
- La verdad no mucho. Nunca me acostumbré, ¿sabes? Ninguno de mis padres solía beber café… Bueno, mamá a veces lo hace, solo cuando está demasiado estresada -
- Ya veo. Bien. ¿Eres una chica de buen comer o de esas que cuentan calorías? -
- Debo decir que de buen comer - Tonya sonrió.
- Entonces eres mi tipo de chica -
Alexander sacó huevos, jamón y comenzó a cocinar. Tonya lo observaba atenta, mientras aguardaba por las tostadas.
- Entonces… ¿hace mucho tiempo que conoces a Flora? - preguntó sin apartar la mirada del sartén.
- Fuimos compañeras en el colegio. Las mejores amigas, pero hace unos años me mudé a México -
- ¡Oh! Pero ahora has vuelto - le miró con interés.
- Solo por unos meses -
- ¿En serio? -
- Sí, tengo una crisis existencial -
Él analizó su rostro.
- Bueno, no es una crisis en realidad - se apresuró a explicar - Es solo que aún no he elegido mi carrera -
- Ya veo -
- Flora pensó que era una buena idea que tomara unas semanas para pensar las cosas con calma -
- ¿Tienes alguna preferencia? Me refiero, sobre la carrera que quieres seguir -
- No, la verdad no -
Se acomodaron en la isla y Alexander colocó los platos frente a ellos.
- ¿Cuál es la profesión de tus padres? -
- Mamá es publicista y papá es ingeniero en sistemas -
- ¿Y ninguna de esas profesiones te llama la atención? -
Tonya negó con la cabeza.
- ¿Qué te apasiona? -
- La danza… pero mis padres preferirían que tenga una profesión “real” - hizo un gesto con las manos.
- ¿Son de ese tipo de personas? - el rostro de Alexander se tensó levemente.
- ¿Qué tipo de personas? -
- El tipo de personas que les importa el estatus social y “ser alguien” - imitó el gesto de Tonya.
- No, no son así. Ambos son profesionales y aman lo que hacen y quieren lo mejor para mí… que encuentre mi vocación y me desarrolle en el ámbito profesional… ¡Oh! Y muy importante - hizo una mueca graciosa - que no muera de hambre -
- ¿Y no crees que puedas subsistir con la danza? -
Tonya negó con la cabeza.
- Aunque amo bailar, nunca podría hacerlo de forma profesional -
Alexander notó que su tono había cambiado y dejó los cubiertos sobre el plato. Ante su mirada, Tonya bebió un poco de jugo.
- Tuve un accidente de tránsito hace unos años - explicó - Mi pierna quedó destrozada y me tomó meses recuperarme…
- Lo lamento. No se nota a simple vista -
- Pues sí, me recuperé bastante bien, pero a veces me traiciona - se palpó la pierna izquierda - y en la danza profesional no te puedes dar ese lujo… Así que, para mí, la danza permanecerá como un pasatiempo -
Se hizo un silencio.
- ¿Y tú? ¿Qué estudias? - preguntó ella luego de un titubeo.
- Soy abogado -
- ¿Ya graduado? -
- No, me falta un año aún -
- ¿Trabajas? Ayer te veías agotado -
- Sí, fue un mal día… Lamento no haberte dado una bienvenida apropiada -
- Ni lo menciones, yo comprendo -
- Estoy haciendo la práctica en los consultorios jurídicos de la universidad y bueno… a veces llegan casos desgarradores -
Tonya asintió.
- Esa tarde… Llegó una mujer víctima de violencia doméstica. Tenía tres niños, todos menores de cuatro años… Su historia me partió el corazón -
- Bueno, como abogado debes aprender a protegerte, ¿no? No permitir que casos como esos te afecten de forma personal…
- Pues me temo que ese estereotipo de abogado duro e insensible no va conmigo - replicó él con un suspiro - Es decir, sonará cliché, pero si estudié Derecho es porque quiero ayudar a las personas y no puedo ser insensible a su dolor -
- Es muy noble de tu parte, pero debes protegerte. No puedes dejar que te lastime… Te desgastará mental y emocionalmente -
- Sí, ya he escuchado eso antes - dijo él con voz grave.
Tonya sintió que el ambiente se había vuelto algo tenso, así que acabó su desayuno en silencio.
Alexander también acabó su desayuno y llevó los platos al fregadero.
- Déjalo, tú preparaste el desayuno, yo me encargo de esto - dijo Tonya tratando de mostrarse distendida.
- No te preocupes, yo lo hago - respondió él sin mirarla.
La joven se detuvo a su lado.
- ¿Dije algo que te molestó? - le miró tímidamente.
- ¡Oh! No, en lo absoluto - reaccionó sorprendido.
- Bueno, no nos conocemos, así que si dije algo que te molestó, por favor dímelo -
Él le brindó una sonrisa.
- Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones -
Tonya también sonrió.
- Gracias por el desayuno. Estaba delicioso -
- Encantado -
-0-
Franco finalizó la llamada y se volteó. Encontró a su pareja que lo observaba fijamente, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Franco y Lidia tenían ya más de diez años de vivir juntos. Nunca se casaron, pero eran la pareja más unida y enamorada del mundo.
Él era un hombre de mediana estatura, algo grueso, de barba espesa y ligeramente calvo. Era alegre, sociable y amaba organizar parrilladas en su casa y actividades con sus amigos. Lidia por su parte, era una hermosa mujer de pie blanca y ojos verdes.
- ¿Con quién conversas tanto? - preguntó ella.
- Querida, no puedo mentirte - respondió Franco con tono teatral - Estaba hablando con una mujer -
- ¡Ah! ¿Sí? ¿Y lo dices tan tranquilo? -
Asintió y rodeó su cintura. Lidia trató de separarse, aunque en realidad no usó mucha fuerza.
- Jamás te engañaría -
- ¿Y ella es linda? -
- Supongo que sí -
- ¿Supones? -
- No sé cómo luce ahora -
- ¿Me estás tomando el pelo? -
- No, es la verdad. Pero no te preocupes, lo sabremos en unos momentos -
- No entiendo nada de lo que dices -
- Ya lo verás - le besó la mejilla y se dirigió al patio, donde un grupo de seis personas ya preparaban la barbacoa.
Minutos después, Franco salió a la calzada y aguardó expectante a que el taxi se detuviera frente a la casa.
- ¿Tonya? - miró a la joven que descendió del auto sin poder creer que fuera la misma niña que Eduardo llevaba a sus actividades.
Había cumplido dieciocho años y se había convertido en una mujer muy atractiva. Era alta, de figura voluptuosa, hermosa piel canela, ojos almendrados color ámbar que heredó de su madre y el cabello n***o que heredó de su padre.
- ¡Franco! - le dio un fuerte abrazo.
- ¿De verdad eres tú? No te reconozco -
- Soy yo… la misma Tonya Ferreira de siempre, solo un poco más vieja -
- ¿Vieja? Cariño, mírame - dijo Franco con un puchero.
- ¡Oh! Luces tal y como la última vez que nos vimos -
Se tomó de su brazo y se dirigieron al interior de la casa.
- ¿Ya están aquí? -
- No, guapa, lo siento. Maya llamó. El niño está algo enfermo y prefirieron quedarse en casa -
- ¿Erick está bien? -
- Sí, no es nada. Maya habló con Lidia, ella te dará los detalles - bajó la voz - Por cierto, está un poco celosa porque me escuchó conversando contigo -
- ¿No le dijiste? -
- No, quería que fuera una sorpresa para todos -
Llegaron al patio y todos suspendieron sus actividades al notar a la desconocida que acompañaba a Franco.
- ¡Hey, chicos! ¿Les comenté que me convertí a la poligamia? -
Lidia alzó la cabeza y pronto una sonrisa asomó en su rostro. Cruzó el patio y abrazó a Tonya.
- Bienvenida - murmuró a su oído.
- ¿En serio? - Franco la miró, divertido - De saber que lo tomarías tan bien, lo habría intentado antes -
- No me engañas, cariño - le mujer le dio un golpe en el hombro - Reconocería esos ojos en cualquier lugar. ¿Cuándo llegaste, Tonya? -
- ¿La reconociste? ¿Cómo? - interrumpió Franco antes que la joven pudiera responder - Yo aún no me creo que sea la misma persona.
- Porque eres poco observador, cariño - se volvió al grupo - Chicos, es Tonya, la hija de Eduardo -