2.

1708 Words
Cuando despertó en la mañana, estaba sola. Flora le había dejado un juego de llaves en la isla y un mensaje de que iría al gimnasio. Buscaba algo para desayunar, cuando el ruido de su teléfono llamó su atención. Al leer el mensaje, sonrió. La puerta se abrió y vio entrar a Alexander. Vestía ropa deportiva y era evidente que había hecho ejercicio por el sudor de su camiseta. - Buenos días - le mostró una amplia sonrisa. Su semblante era muy diferente al de la noche anterior - ¿Ya desayunaste? - - Aún no - - Si me das un momento, podemos desayunar juntos - - Claro. ¿Quieres que prepare algo? - - Puedes preparar el café. Yo me encargo del resto - Algo en el rostro de Tonya le intrigó. - ¿Qué sucede? - - No sé preparar café - dijo muy apenada - Es que no bebo - - ¡Oh! Entiendo - Alexander rio divertido - Entonces solo aguarda. Ya regreso - Él entró al dormitorio, pero Tonya se sentía incómoda de solo quedarse allí, esperando. Así que sacó un vaso y el jugo de frutas. En la alacena encontró pan y jalea, así que decidió preparar unas tostadas. Tan solo unos minutos después, Alexander se le unió a la cocina, fresco y aseado. - Así que no bebes café. Es buen saberlo. ¿No te gusta? - - La verdad no mucho. Nunca me acostumbré, ¿sabes? Ninguno de mis padres solía beber café… Bueno, mamá a veces lo hace, solo cuando está demasiado estresada - - Ya veo. Bien. ¿Eres una chica de buen comer o de esas que cuentan calorías? - - Debo decir que de buen comer - Tonya sonrió. - Entonces eres mi tipo de chica - Alexander sacó huevos, jamón y comenzó a cocinar. Tonya lo observaba atenta, mientras aguardaba por las tostadas. - Entonces… ¿hace mucho tiempo que conoces a Flora? - preguntó sin apartar la mirada del sartén. - Fuimos compañeras en el colegio. Las mejores amigas, pero hace unos años me mudé a México - - ¡Oh! Pero ahora has vuelto - le miró con interés. - Solo por unos meses - - ¿En serio? - - Sí, tengo una crisis existencial - Él analizó su rostro. - Bueno, no es una crisis en realidad - se apresuró a explicar - Es solo que aún no he elegido mi carrera - - Ya veo - - Flora pensó que era una buena idea que tomara unas semanas para pensar las cosas con calma - - ¿Tienes alguna preferencia? Me refiero, sobre la carrera que quieres seguir - - No, la verdad no - Se acomodaron en la isla y Alexander colocó los platos frente a ellos. - ¿Cuál es la profesión de tus padres? - - Mamá es publicista y papá es ingeniero en sistemas - - ¿Y ninguna de esas profesiones te llama la atención? - Tonya negó con la cabeza. - ¿Qué te apasiona? - - La danza… pero mis padres preferirían que tenga una profesión “real” - hizo un gesto con las manos. - ¿Son de ese tipo de personas? - el rostro de Alexander se tensó levemente. - ¿Qué tipo de personas? - - El tipo de personas que les importa el estatus social y “ser alguien” - imitó el gesto de Tonya. - No, no son así. Ambos son profesionales y aman lo que hacen y quieren lo mejor para mí… que encuentre mi vocación y me desarrolle en el ámbito profesional… ¡Oh! Y muy importante - hizo una mueca graciosa - que no muera de hambre - - ¿Y no crees que puedas subsistir con la danza? - Tonya negó con la cabeza. - Aunque amo bailar, nunca podría hacerlo de forma profesional - Alexander notó que su tono había cambiado y dejó los cubiertos sobre el plato. Ante su mirada, Tonya bebió un poco de jugo. - Tuve un accidente de tránsito hace unos años - explicó - Mi pierna quedó destrozada y me tomó meses recuperarme… - Lo lamento. No se nota a simple vista - - Pues sí, me recuperé bastante bien, pero a veces me traiciona - se palpó la pierna izquierda - y en la danza profesional no te puedes dar ese lujo… Así que, para mí, la danza permanecerá como un pasatiempo - Se hizo un silencio. - ¿Y tú? ¿Qué estudias? - preguntó ella luego de un titubeo. - Soy abogado - - ¿Ya graduado? - - No, me falta un año aún - - ¿Trabajas? Ayer te veías agotado - - Sí, fue un mal día… Lamento no haberte dado una bienvenida apropiada - - Ni lo menciones, yo comprendo - - Estoy haciendo la práctica en los consultorios jurídicos de la universidad y bueno… a veces llegan casos desgarradores - Tonya asintió. - Esa tarde… Llegó una mujer víctima de violencia doméstica. Tenía tres niños, todos menores de cuatro años… Su historia me partió el corazón - - Bueno, como abogado debes aprender a protegerte, ¿no? No permitir que casos como esos te afecten de forma personal… - Pues me temo que ese estereotipo de abogado duro e insensible no va conmigo - replicó él con un suspiro - Es decir, sonará cliché, pero si estudié Derecho es porque quiero ayudar a las personas y no puedo ser insensible a su dolor - - Es muy noble de tu parte, pero debes protegerte. No puedes dejar que te lastime… Te desgastará mental y emocionalmente - - Sí, ya he escuchado eso antes - dijo él con voz grave. Tonya sintió que el ambiente se había vuelto algo tenso, así que acabó su desayuno en silencio. Alexander también acabó su desayuno y llevó los platos al fregadero. - Déjalo, tú preparaste el desayuno, yo me encargo de esto - dijo Tonya tratando de mostrarse distendida. - No te preocupes, yo lo hago - respondió él sin mirarla. La joven se detuvo a su lado. - ¿Dije algo que te molestó? - le miró tímidamente. - ¡Oh! No, en lo absoluto - reaccionó sorprendido. - Bueno, no nos conocemos, así que si dije algo que te molestó, por favor dímelo - Él le brindó una sonrisa. - Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones - Tonya también sonrió. - Gracias por el desayuno. Estaba delicioso - - Encantado - -0- Franco finalizó la llamada y se volteó. Encontró a su pareja que lo observaba fijamente, con los brazos cruzados sobre el pecho. Franco y Lidia tenían ya más de diez años de vivir juntos. Nunca se casaron, pero eran la pareja más unida y enamorada del mundo. Él era un hombre de mediana estatura, algo grueso, de barba espesa y ligeramente calvo. Era alegre, sociable y amaba organizar parrilladas en su casa y actividades con sus amigos. Lidia por su parte, era una hermosa mujer de pie blanca y ojos verdes. - ¿Con quién conversas tanto? - preguntó ella. - Querida, no puedo mentirte - respondió Franco con tono teatral - Estaba hablando con una mujer - - ¡Ah! ¿Sí? ¿Y lo dices tan tranquilo? - Asintió y rodeó su cintura. Lidia trató de separarse, aunque en realidad no usó mucha fuerza. - Jamás te engañaría - - ¿Y ella es linda? - - Supongo que sí - - ¿Supones? - - No sé cómo luce ahora - - ¿Me estás tomando el pelo? - - No, es la verdad. Pero no te preocupes, lo sabremos en unos momentos - - No entiendo nada de lo que dices - - Ya lo verás - le besó la mejilla y se dirigió al patio, donde un grupo de seis personas ya preparaban la barbacoa. Minutos después, Franco salió a la calzada y aguardó expectante a que el taxi se detuviera frente a la casa. - ¿Tonya? - miró a la joven que descendió del auto sin poder creer que fuera la misma niña que Eduardo llevaba a sus actividades. Había cumplido dieciocho años y se había convertido en una mujer muy atractiva. Era alta, de figura voluptuosa, hermosa piel canela, ojos almendrados color ámbar que heredó de su madre y el cabello n***o que heredó de su padre. - ¡Franco! - le dio un fuerte abrazo. - ¿De verdad eres tú? No te reconozco - - Soy yo… la misma Tonya Ferreira de siempre, solo un poco más vieja - - ¿Vieja? Cariño, mírame - dijo Franco con un puchero. - ¡Oh! Luces tal y como la última vez que nos vimos - Se tomó de su brazo y se dirigieron al interior de la casa. - ¿Ya están aquí? - - No, guapa, lo siento. Maya llamó. El niño está algo enfermo y prefirieron quedarse en casa - - ¿Erick está bien? - - Sí, no es nada. Maya habló con Lidia, ella te dará los detalles - bajó la voz - Por cierto, está un poco celosa porque me escuchó conversando contigo - - ¿No le dijiste? - - No, quería que fuera una sorpresa para todos - Llegaron al patio y todos suspendieron sus actividades al notar a la desconocida que acompañaba a Franco. - ¡Hey, chicos! ¿Les comenté que me convertí a la poligamia? - Lidia alzó la cabeza y pronto una sonrisa asomó en su rostro. Cruzó el patio y abrazó a Tonya. - Bienvenida - murmuró a su oído. - ¿En serio? - Franco la miró, divertido - De saber que lo tomarías tan bien, lo habría intentado antes - - No me engañas, cariño - le mujer le dio un golpe en el hombro - Reconocería esos ojos en cualquier lugar. ¿Cuándo llegaste, Tonya? - - ¿La reconociste? ¿Cómo? - interrumpió Franco antes que la joven pudiera responder - Yo aún no me creo que sea la misma persona. - Porque eres poco observador, cariño - se volvió al grupo - Chicos, es Tonya, la hija de Eduardo -
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