8.

1797 Words
Tenía clase temprano, sin embargo, a pesar de ser sábado y que no durmió más que unas horas por la emoción de los eventos de la noche anterior, saltó de la cama en cuanto sonó la alarma, se dio un refrescante baño y comió algo rápido. Volvió a casa a eso del mediodía, cansada y hambrienta. - ¡Hey! Ayer llegaste tarde - fue el saludo de Flora en cuanto la vio llegar. - Hola - dijo Tonya con una sonrisa - Solo fui a un partido de fútbol con papá y sus amigos - Husmeó en la refrigeradora, buscando algo de comer. - Nunca había escuchado de un partido que acabara luego de medianoche - respondió Flora con una sonrisa burlona. - Luego del partido fuimos a tomar algo - Encontró un poco de guiso que Alexander había preparado días atrás y lo calentó. - Tonya… nadie luce tan feliz luego de salir con su padre y sus amigos - - ¿Feliz? - la miró sorprendida. - Irradias felicidad. Te conozco, no puedes engañarme - No estaba segura si era una buena idea contarle a Flora sobre Michael. - ¡Oh, vamos, Tonya! ¡Suéltalo! Te mueres de ganas de contarme - Flora la tomó del brazo y la hizo sentarse a su lado. Finalmente, la joven dejó escapar una risa nerviosa y habló a su amiga de su atracción por Michael y lo que había sucedido entre ellos. - ¿Cómo es que hasta ahora vengo yo a enterarme de este hombre super guapo que te conquistó? - - No quería que se burlaran de mí. Creí que les divertiría mucho verme en las nubes por un hombre que me dobla la edad - - Yo no me burlaría - dio Flora muy seria - Bueno… Tal vez hace unos años sí - hizo un gesto gracioso - pero créeme que ahora aprecio el valor de un hombre maduro y experimentado - y le guiñó un ojo. - Bueno… no quiero hacerme ideas. Es un amigo de papá… No intentará nada - - Te trajo hasta aquí… te invitó a comer a solas… pidió tu número… Eso no lo hace un “amigo de papá” - - Flora, no quiero hacerme ideas en la cabeza - Tonya le miró suplicante - No quiero ilusionarme… No quiero hacer una tontería. Me siento como una niña tonta a su lado - - Bueno, pues tendrás que aprender a controlarte y a comportarte como una mujer adulta. Ya no eres la niña de trece años que él conoció y no querrás que él te siga viendo de la misma manera, ¿cierto? - - Trato… pero no siempre lo logro - - Tendré que darte un curso intensivo - Flora sacudió su cabello - para que lo tengas a tus pies en un dos por tres - - No voy a intentar nada, Flora. No haré el ridículo frente a él - - No lo harás, confía en mí. ¿No te das cuenta, Tonya? Él es justo lo que necesitas. Es perfecto para ti, para tu primera vez - Tonya no respondió, pero se había ruborizado. Sabía que Flora diría eso. - Ya lo habías pensado… - No, no. Ya te dije que no quiero pensar tonterías - - Bueno, al menos róbale un beso - guiñó de nuevo - para que te lleves un buen recuerdo a México - Luego del almuerzo, se dedicó a lavar la ropa sucia. Quería estar ocupada para no revisar cada dos minutos su teléfono. Michael no llamaría, se repetía insistentemente y era mejor así porque las palabras de Flora le habían causado mucha agitación. - ¿Estás muy ocupada? - Alexander solo asomó medio cuerpo en el lavadero. - No, ya casi acabo. ¿Por qué? - - En el campus hay una cancha de baloncesto, me preguntaba si querías ir a tirar un rato - Miró su reloj. Eran apenas las dos. - Sí, suena bien, pero tengo una cena con mi padre - - ¡Oh, no te preocupes! Será solo un rato - - Bien, dame diez minutos para recoger esto y cambiarme - - Perfecto - El rostro de Flora no era muy entusiasta cuando escuchó los planes de Alex. Él la invitó a acompañarlos, pero ella declinó con un gesto. Las instalaciones deportivas de la universidad estaban bastante cerca. Por aquí y por allá, se veían grupos de jóvenes practicando diferentes deportes, pero para su suerte, no había nadie en la cancha de baloncesto. Empezaron con algunos tiros de prueba, pasando el balón de uno a otro, para entrar en calor. - ¿Solo pueden entrar estudiantes? - preguntó Tonya arrojándole el balón. - Sí, en teoría - respondió Alexander - pero no controlan el ingreso. De todas formas, ya estás registrada en la universidad, así que puedes venir cuando quieras - - Me agrada. Y es muy conveniente que esté tan cerca. ¿Vienes con frecuencia? - siguió con la mirada el tiro del joven, que entró sin tocar el aro. - No tanto como quisiera. Tal vez ahora que estás aquí, pueda venir más seguido - y sonrió. - Está bien, pero con una condición - tomó el balón y sonrió divertida. - ¿Cuál? - - Que juegues en serio - - ¡Ah! ¿Quieres jugar en serio? - - Si puedes con ello - hizo botar el balón. - Bien. El primero que llegue a treinta puntos gana - - Ok - Alexander se colocó frente a ella y empezaron a jugar. Para su sorpresa, Tonya no tenía problema alguno en driblarlo. Su pierna respondía perfectamente, así que pensó que la había subestimado. - No me dejarás ganar, ¿cierto? - dijo Tonya. - Solo esperaré a que te canses - respondió mientras le arrebataba el balón y anotaba un tiro de tres puntos. Se enfrascaron en una intensa partida, sin que ninguno de los dos pareciera estar dispuesto a facilitarle las cosas al otro. Luego de la última canasta, Alexander le lanzó el balón de regreso y ella se alejó un poco, sin dejar de botar al salón. Él aguardaba, no muy seguro de qué pretendía hacer. Tonya lo observó y sonrió. Luego, avanzó rápidamente y trató de impedir que la bloqueara. Para su sorpresa, en cuestión de segundos sus pies habían dejado el piso. Un fuerte brazo la sostenía por la cintura y con un medio giro, la depositó de nuevo en el suelo. Antes que ella pudiera reaccionar, fue por el balón y encestó. - ¡Tramposo! - Tonya lo miró desconcertada. - Nunca dijimos que no podía hacerlo - Se colocó las manos en la cadera, fingiéndose enfadada. - Ese punto no vale - se apresuró a arrebatarle el balón. - De todas formas voy ganando - - ¡No vas ganando! - - Ni siquiera llevas la cuenta - Tonya rió al reconocer que efectivamente, había perdido la cuenta. - Para que veas que soy todo un caballero, te dejaré tirar - Le tendió el balón, pero ella no se movió. - ¿Qué pasa? - - Prefiero que me la pongas difícil - respondió la joven y su tono tenía un acento especial. O al menos eso pensó Alexander, aunque no estaba seguro de qué significaba. Tomó el balón de sus manos y le dio la espalda. No sabía si era el ejercicio, pero su rostro ardía. Sonrió al sentir que estaba tras ella y tratando de bloquearle el paso. Se inclinó para proteger el balón, lo que provocó que sus caderas se rozaran. No era su intención, al menos no conscientemente, pero no le molestó en lo absoluto el contacto ni la cercanía. Se separó un poco, se dio vuelta y saltó, tratando de pasar el balón sobre él. Alexander estiró el brazo y sus dedos apenas rozaron el balón, que siguió su trayecto hasta el aro. - Tienes buen brazo - comentó Alexander. Tonya alzó la mirada. Estaban frente a frente, muy cerca y algo parecido a un escalofrío le recorrió el cuerpo. - ¿Ya te diste por vencido? - Alexander no respondió. No se movía, excepto por su respiración algo agitada que hacía su pecho expandirse y contraerse rítmicamente. Tonya apartó un mechón rubio de su frente y murmuró: - Creo que es suficiente por hoy - El contacto hizo que el joven retrocediera y sin decir palabra, fue en busca del balón. - ¿Vamos? - se volvió a ella e hizo un gesto con la cabeza. Tonya lo alcanzó y echaron a andar uno al lado del otro. - Entonces… ¿lo declaramos un empate? - preguntó ella tratando de aliviar la tensión. - El último tiro fue tuyo, así que creo que eres la vencedora - - Eso no es justo - - La próxima vez me aseguraré de llevar bien el marcador - Alexander la miró y sonrió. Se había relajado. Cuando los vio entrar, Flora frunció el ceño, pero rápidamente borró el gesto de su rostro. - ¡Hey! ¿Cómo estuvo? - - Divertido - fue Tonya quien respondió, mientras Alexander entraba a su habitación sin decir palabra. Tonya se dirigió a la cocina y se sirvió un poco de agua. - ¿Todo bien? - preguntó Flora acercándose. - Sí, claro. Solo jugamos un poco. ¿Sabes? Me agrada mucho Alexander - no fue consciente de lo que había dicho hasta que las palabras salieron de su boca y no estaba segura por qué lo había dicho. - Por supuesto. Todos adoran a Alex - respondió Flora con una sonrisa algo forzada - Es el mejor amigo que puedas encontrar, pero Tonya… - bajó la voz y se acercó a ella - El chico es gay - Le miró con grandes ojos. - ¿Qué? - - No le digas que te lo conté - continuó con un susurro - No ha salido del closet aún - - ¡Oh! Comprendo… Sí, no te preocupes, no diré nada - dejó el vaso en el fregadero - Bien, iré a darme un baño - Mientras secaba su cabello, pensó en lo que Flora había dicho. Tenía sentido, ¿no? Eso explicaría por qué los padres de Flora le permitieron vivir con un chico de veintidós años en su apartamento. Y lo que sucedió en la cancha… solo era parte del juego… La cena en casa de su padre fue relajada y divertida. Disfrutó mucho de poder conversar con Eduardo como hacía tiempo no lo hacía y jugar con Erick. Su conversación con Maya tendría que esperar a otro momento, cuando estuvieran solas. Por unas horas se olvidó de Michael, de Alexander y solo se concentró en disfrutar el rato con su familia.
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