Ese domingo no tenía planes. Decidió que pasaría en su habitación, repasaría sus clases y tal vez en la tarde haría una llamada a su madre.
Escuchó su teléfono y lo tomó algo distraída. Seguramente era su madre.
“Tengo tiquetes para un espectáculo de stand-up. ¿Te gustaría acompañarme?”
Un grito agudo escapó de su garganta mientras saltaba emocionada, como una niña pequeña.
Leyó el mensaje varias veces, para asegurarse que era real.
“Sí, me encantaría” logró escribir rápidamente.
“Paso por ti a las siete, ¿de acuerdo?”
“Ok”
¿Había sido muy frío responder Ok? ¿Le parecía indiferente? Dejó su habitación y llamó insistentemente a la puerta de Flora.
- ¿Qué pasó? -
- Me invitó a salir - dijo apenas con un hilo de voz.
- ¿Quién? -
- Michael -
- ¿El amigo de tu papá? -
Asintió.
El rostro de Flora se iluminó.
- ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! - saltó tal como Tonya lo había hecho tan solo un momento atrás.
- Flora, creo que necesito tu curso intensivo -
- ¿Cuánto tiempo tenemos? -
- Viene a las siete -
- Bien, veremos si eres realmente inteligente, Ferreira. Ven, pasa -
-0-
- Flora, no me voy a poner ese vestido - Tonya rechazó la tercera opción que su amiga le ofrecía - No vamos a un club y aunque fuéramos a un club, no vestiría algo así -
- Bueno, señorita mojigata - respondió Flora con enfado - ¿Qué elegirías tú? -
Tonya miró su guardarropa y luego de pensarlo un instante, tomó una blusa negra, jeans desgastados y una chaqueta de cuero.
- ¿Acaso eres parte de un club de motociclistas? - dijo Flora con sorna.
- ¿Qué pasa aquí? - Alexander se detuvo en la puerta y miró las piezas de ropa desperdigadas por la cama.
- Tonya tiene una cita con un chico muy hot y tengo que asegurarme que la velada tenga un final feliz - respondió la joven con una gran sonrisa.
- ¡Flora! -
- ¡Oh, no seas tímida! Alexander es de confianza -
- Si es la primera cita - dijo él con tono natural - Eso es demasiado corriente - señaló el vestido - y eso demasiado oscuro -
Flora frunció el ceño.
- ¿Puedo? - hizo un gesto a Tonya, que tímidamente asintió.
Entró al vestidor y luego de mirar sus prendas, colocó las piezas sobre la cama: un pantalón de cuero n***o muy ajustado, una camiseta blanca y un blazer rojo con puños de tela estampada.
Los tres miraron la ropa.
- Es casual, pero en ti se verá sexi - explicó él.
No había segundas intenciones en su voz y nada de coqueteo.
Tonya cruzó una mirada con Flora, quien asintió.
- De acuerdo. Esto será. Gracias -
- Bien, déjame encargarme de tu cabello y maquillaje - agregó Flora.
- No creo que sea una buena idea -
- ¿Y ahora? - Flora miró a Alexander con enfado.
- Si es la primera cita, lo mejor es que ella vaya tal como luce siempre -
- Si es la primera cita no puedo lucir como siempre, Alex -
- Está bien, Flora - intervino Tonya antes que la discusión continuara - Prefiero arreglarme yo misma -
- Como quieras. Que no se diga que no lo intenté - dijo Flora con un gesto de hastío y salió de la habitación.
Tonya miró a Alexander. Él permanecía allí, como si esperara algo, pero luego de un momento, reaccionó.
Le sonrió y buscó la salida.
- Buena suerte - dijo suavemente y dejó la habitación.
Se tomó el tiempo para arreglarse con esmero. Miró su reloj: solo unos minutos y Michael llegaría.
Le parecía que el tiempo pasaba muy lento, pero no podía dejarse llevar por la ansiedad. Debía relajarse, controlar sus emociones, ser natural… Comportarse como una mujer adulta.
El tan ansiado zumbido de su teléfono resonó y se apresuró a tomar su cartera.
- ¡Usa protección! - le gritó Flora desde el sofá, mientras la veía salir. Sin embargo, Tonya no le prestó atención.
“¡Oh, cielos!” se dijo cuando lo vio en la entrada del edificio. Llevaba pantalones de mezclilla, una camisa blanca y una chaqueta gris. El cabello perfectamente peinado hacia atrás y el olor de su colonia le alcanzó aún antes de que cruzara el portón.
- Hola - le mostró su mejor sonrisa.
- Vaya, Tonya. Luces hermosa - dijo él con voz grave y baja.
- Gracias - le besó la mejilla y aspiró su aroma.
- ¿Vamos? -
- Sí, claro -
Le ayudó a subir al auto y se alejaron rápidamente.
- Debo confesar que me sorprendió mucho tu invitación - dijo Tonya luego de un momento de silencio.
- ¿Fue muy repentino? - Michael la miró un momento - Sí, quizás debí avisarte con más antelación -
- ¡Oh! No te preocupes. Está bien - sonrió - ¿Tu cita canceló? - miraba por la ventanilla como si se tratara de algo sin importancia.
- No - le miró muy serio - Tenía entradas para el sábado, pero como tenías planes, los cambié para hoy -
Tuvo que hacer un esfuerzo para no gritar. ¡Oh, Flora! ¡Eres un genio!
Trató de que su rostro se mostrara sereno.
- Entonces… ¿ya habías pensado invitarme? -
Michael asintió.
- Pensé que querrías disfrutar un poco de la vida nocturna -
- Conocerla, en realidad - dijo con un gesto gracioso.
Llegaron hasta lo que parecía una vieja bodega. Era un edificio alto y oscuro, a primera vista se pensaría que estaba abandonado, pero la cantidad de autos aparcados demostraba que era un sitio muy concurrido.
En el interior, mantenía ese aspecto rústico y descuidado, pero había sido acondicionado con un escenario y el amplio espacio restante estaba ocupado por mesas de diferentes formas y tamaños.
Una chica los guio a un extremo del salón, hasta una butaca alta y circular de cuero rojo. Tenía una excelente vista hacia el escenario y el resto del salón, pero ellos se encontraban casi ocultos a la vista de los demás.
Ordenaron bebidas y algunos bocadillos, mientras era hora que el espectáculo iniciara.
- Es un lugar muy interesante - comentó Tonya mirando a su alrededor.
Paulatinamente, todas las mesas habían sido ocupadas.
- Sí, es el punto de reunión de un grupo de artistas muy reconocido. Manejan un concepto urbano y algo irreverente -
- ¿Has estado aquí antes? -
- Sí, vi otro espectáculo hace un tiempo, pero a este artista no lo conozco. Dicen que es muy bueno -
El escenario se iluminó y el resto del salón quedó en penumbras y en silencio. Por un momento, pensó que todos podrían escuchar el acelerado latir de su corazón.
Un hombre de unos treinta años, delgado y de piel morena inició su rutina. Su rostro era muy expresivo y se movía por todo el escenario, recreando escenas cotidianas, pero con un giro divertido.
No había podido disfrutar de su bebida. Ya varias veces había estado a punto de escupir la cerveza ante las ocurrencias del artista y su estómago comenzaba a doler de la risa.
De vez en cuando cruzaba una mirada con Michael y agradecía que estuviese lo suficientemente oscuro para que él no pudiera notar su rubor.
Luego de pasar por temas ligeros, su rutina fue subiendo de tono. Las anécdotas de su vida de pareja arrancaron carcajadas de todos los presentes.
Parecía que todos sabían muy bien de lo que hablaba y ella se sentía azorada de que alguien hablara de esos temas con tanto desenfado.
El ambiente se volvía más sofocante y se quitó el blazer.
- ¿Estás bien? - susurró Michael a su oído.
- Sí, solo tengo un poco de calor - respondió en el mismo tono.
- ¡Ah! ¿Sí? - le lanzó una mirada pícara, que ella no pudo sostener.
Sintió que él se acercaba más y apoyaba el brazo en la cabecera del sillón.
Trataba de seguir el monólogo, pero estaba muy consciente de la cercanía de Michael. Imaginó a Flora reprendiéndola por comportarse como una niña y bebió su cerveza.
- Entonces, caballeros - dijo el hombre dando una mirada por el salón - Todos viene muy bien acompañados, ¿Ah? No lo nieguen… Todos salieron de casa pensando “Esta es mi noche de suerte” - algunas risas resonaron en el salón - Así que les daré algunos consejos para que esta noche acabe muy bien - más risas - Ya dieron el primer paso en la dirección correcta: están aquí esta noche. Les aseguro que sus chicas saldrán felices y relajadas… Y lo que pase una vez que salgan de aquí, será solo su responsabilidad…
Comenzó a enumerar una serie de consejos para conquistar una chica y Tonya rodó los ojos. Flora y ese hombre se llevarían de maravilla. Tal vez ella ya había escuchado la rutina.
- ¿Estás tomando nota? - preguntó divertida al notar que Michael estaba muy concentrado.
- No creo que sea necesario - dijo él con una sonrisa seductora.
- Supongo que no. Seguramente tú podrías darle lecciones a ese chico - respondió ella. Se echó hacia atrás en el sofá y él se inclinó para hablar en voz baja.
- ¿Eso crees? -
- Estoy segura -
- No sé si deba sentirme halagado u ofendido -
- ¡Vamos! No juegues conmigo. Derrites a las chicas solo con una mirada -
- ¿Lo crees? -
Ella asintió y le dio una mirada.
- No estoy seguro si mis tácticas funcionarían contigo…
De repente ya ninguno de los dos estaba interesado en lo que sucedía en el escenario.
- No sé por qué te molestarías en utilizar tus tácticas en mí - replicó ella - No soy más que una niña inexperta para ti -
- ¿Niña? Esa palabra ya no va contigo, Tonya -
Un cosquilleo en su vientre la hizo moverse inquieta.
- No juegues conmigo - susurró con voz ahogada y tomó su bebida.
- Si no fueras la hija de Eduardo… - susurró en su oído y su aliento cálido hizo que todo su cuerpo se erizara.
- Por favor, no menciones a papá justo ahora…
Michael sonrió y volvió a incorporarse, pero la atrajo hacia él, de tal manera que sus caderas se tocaban y su mano acariciaba su brazo.
Tonya no sabía que hacer con sus manos. Estaba ansiosa por tocarlo, pero no se atrevía. Finalmente, dejó que una mano reposara en la mesa y la otra la colocó sobre su muslo.
- ¿Estás saliendo con alguien? -
Su voz la sobresaltó.
- Recién llegué hace una semana - respondió ella.
- No, me refiero si en México te espera alguien -
- No, nadie - le miró fijamente.
- ¿Nadie? -
- Nadie - repitió.
Se hizo un nuevo silencio y volvieron su atención al espectáculo.