La visita de Lucia había conseguido a aplacar a mi madre por un corto período de tiempo… menos de veinticuatro horas. Pero debido a lo que le dije frente a sus amiga, ya reinaba otra vez la fría ley del silencio. Durante el resto del domingo no me dirigió la palabra en ningún momento. La tensión en el ambiente era evidente. No todo era malo, el estar peleadas me facilitó un poco las cosas, ni siquiera pedí permiso para salir esa noche; directamente me subí al auto y me fui a buscara mi novia. ―Hola mi amor, ―me dijo Lara, apenas entró en el vehículo. Me dio un hermoso beso en la boca. Sus labios sabían a frutas y supuse que estaba usando algún labial saborizado. Me encantó que me saludara de esa forma, me hizo ver lo especial que era nuestra relación; aunque ésta fuera abierta. Existía u

