Punto de vista de Oliver.
la alarma de mi despertador comenzó a sonar, ni siquiera tuve que abrir los ojos, pues durante toda la noche, me había Sido prácticamente imposible cerrarlos.
di vuelta tras vuelta intentando hallarle una solución a mi problema, pero por más que buscará soluciones, no las encontraba.
pensé en fingir que estaba casado con una mujer que por el momento se encontraba estudiando su maestría o doctorado en el exterior, o incluso pensé que decir que mi esposa era una médica veterinaria que se fue de viaje a África y se la comió un león, o incluso no sonaba tan descabellada la idea de decir que mi esposa era una famosa astronauta que estaba en una misión a Júpiter y que por lo tanto, no volvería hasta dentro de 10 años, me gustaba mucho esa opción, era incluso creíble.
Había esposa, pero estaba lejos y no había forma de comunicarse con ella, era el plan perfecto.
Aunque ya me imaginaba el alboroto que haría Henry si le llegase a contar de mi supuesto plan.
Al director debía presentarle una mujer real, una que lo convenciera de que mi matrimonio era tan feliz como exitoso y por lo tanto, así sería mi representación en la empresa.
Mi pensamientos fueron interrumpidos nuevamente por el sonido de una notificación, era un mensaje de Henry.
“¿ya lo pensaste? no descartes la idea de decirle a Isabel, es la mejor solución que encontrarás"
Isabel Rozi...
llevaba casi dos años trabajando para mí y ahora que lo pienso, no sé absolutamente nada de aquella mujer.
Debo admitir que tiene buen cuerpo, que ese lunar junto a la boca me ha distraído un par de veces al igual que su escote.
Siempre ha Sido muy reservada, pocas veces la he visto hablar con sus compañeras de trabajo, nunca la he visto con ningún hombre, no sé si está casada o si tiene hijos.
Toda la información que necesitaba está en su hoja de vida.
me levanté rápidamente de la cama para ir directo al baño, debía llegar pronto a la oficina y buscar su expediente, sería mucho más fácil si alguien lo buscara para mí, pero es justamente Isabel quien hace ese trabajo, y al tratarse de ella misma, no puedo pedírselo.
salí una hora antes de lo normal, llegaría a la oficina demasiado temprano, esperaba que eso me diera tiempo para encontrar lo que buscaba.
—Señor Vaughn, aún es muy temprano para llevarlo a la oficina. — Dijo mi chofer cuando me vió llegar al auto.
—Debo llegar a la oficina antes de lo acordado, perdón por no avisar.
—No hay problema señor, el auto ya está listo.
subí al auto y rápidamente mi chofer me llevo hacia el gran edificio.
A lo lejos lograba ver el último piso, si todo salía bien, en ese último piso estaría mi nueva oficina. Solo me faltaba una maldita esposa para lograrlo.
Bajé rápidamente y subí al ascensor, los pasillos estaban aún a oscuras, eran apenas las 7 am.
Entré rápidamente a mi oficina y casi brincó del susto al ver un cuerpo moviéndose por mi escritorio.
—¿Señor Vaughn? ¿pero qué hace aquí tan temprano? — Preguntó mi secretaria, la señorita Rozi.
—Lo mismo debería preguntar yo, ¿qué haces aquí tan temprano?
—Siempre llego a esta hora señor. Estoy organizando todo para cuando usted llegue, aunque ya llegó... ¿Necesita algo en especial?
Tu expediente... dije mentalmente.
—No, podría dejarme solo por favor, debo hacer algo importante.
—Claro que sí — Caminó hacia la salida. — Por cierto señor, recibí un correo, el señor director pidió reunirse con usted está misma tarde.
—¿Está misma tarde? — Ella asintió. — Vale, gracias.
Ella salió de mi oficina, caminé hacia el estante y busqué la sección de expedientes, fue más fácil de lo que pensaba encontrar su expediente.
Al llegar a mi escritorio, noté que mi agenda estaba abierta, pensé en lo que me dijo, siempre llega temprano para que yo encuentre todo listo.
Sonreí sin quererlo.
Abrí su expediente y lo primero que ví fue su foto.
su cabello lacio color castaño oscuro, sus ojos enmarcados por unas hermosas y prominentes cejas, sus labios del tamaño perfecto y ese lunar que tanto me gustaba.
Pensándolo bien, Isabel a manos de un profesional y con un poco más de dinero, podía incluso estar a la altura de una reina de belleza. Me sorprendió mi pensamiento, pues generalmente no solía fijarme en mujeres como ella, pero debía admitir que su belleza natural era algo que la hacía especial, que la hacía real.
Escuché tres toques en mi puerta, sabía quién era por lo que rápidamente escondí su expediente.
—Señor Vaughn, me preguntaba si se le ofrece un poco de café. — Dijo tímidamente mientras se acercaba un poco más a mi escritorio.
La mujer de la foto tenía un poco más de vida a la que está parada frente a mi, pues la Isabel de ahora comparada con la de hace dos años, está un poco más acabada. Su rostro refleja unas muy marcadas ojeras, sus pómulos comienzan a notarse por lo flaca que ahora está, su cabello parece ya no tener ese brillo, pero lo que más me sorprende es ver qué sus ojos están por completo apagados.
¿Soy tan mal jefe como para no haber notado que mi empleada está en esa situación?
¿o soy tan mal jefe que es por mi culpa que ella está así?
—¿Señor Vaughn?
miré su cuerpo, estaba bien, si, pero digamos que estaba más delgada de lo que suele gustarme, ¿dónde están las curvas?
suspiré con cansancio, estaba en busca de una mujer real, no de una mujer plástica.
La señorita Rozi era justo lo que necesitaba.
— ¿Señor Vaughn? ¿se encuentra bien? — Su rostro estaba a tan solo unos centímetros del mío.
sus ojos reflejaban la misma preocupación de ayer, y pude notar que sus ojo derecho tenía una mancha amarilla, lo que le daba un toque especial, sacaba a ese tono café de lo común.
—¿Señor Vaughn? Está comenzando a preocuparme...