Me incliné un poco hacia enfrente, administrando y revisando una a una, las cuentas bancarias y libros contables del RED NIGHT, uno de los muchos clubes que mi amigo tiene. Bajé los papeles, una vez que ella cruzó de nuevo mi miente. ¿Es qué, no se iba a detener? Bien, tenía que admitir que la chica, pese a ser menor de edad, sabía cómo complacer a un hombre solo con su boca y desde hace dos semanas no había podido disipar el deseo que sentía por volver a hundirme en ella. Layla era adictiva, su piel, sus labios, su cuerpo era como la MECKROC, una droga que te hacía dependiente de ella para poder sobrevivir. ¡Maldita sea! Necesitaba un coño a mi disposición antes de volverme un loco. Volví a mi trabajo, hice las gráficas de los gastos que se habían hecho, capturando que era lo que más c

