19. El rastro...

1587 Words
Capítulo 19. El rastro de la traición. El viejo se quedó en silencio un largo rato... sus ojos buscaban algo en los míos, quizás una señal de que el apellido Danger seguía siendo mi prioridad ante una falda y un buen se xo. - Tania está esperándote afuera – me dijo él finalmente, cambiando de tema, al parecer la estadía de Laura en la familia Danger solo dependerá de ella. - Me confesó que fue ella quien te puso la droga, y está arrepentida, pero también está furiosa. Dice que la humillaste anoche. Que la droga debió llevarte a ella y tú en cambio, te encerraste con... “con esa extranjera" – - Me encerré con mi esposa abuelo... Laura ya no es una extranjera – lo volví a enfrentar. - Además ya lo sabía, Laura me lo dijo. Y fue Diego quien se lo dijo a ella... que Tania me drogaría, eso quiere decir que es Tania quien ayudó a Diego y sus hombres – mi abuelo comenzó a reír. - No pensé que fueras tan idiota... Diego se lo dijo a tu mujer. Entonces ¿Por qué no impidió que bebieras la copa? – me preguntó sarcástico. - Te voy a decir por qué... no te lo impidió porque ella quería que las cosas sucedieran asi... de esa forma tendría la oportunidad de salir y encontrarse con su amante – - Eso no es así. Laura si me lo dijo – - Nicolas, hijo. Cualquiera que conozca tu historia podría deducir que esa droga la puso Tania. Incluso yo lo supe cuando te vi hablando con ella antes de subir anoche – Cerré los puños, no podía hacer nada en contra de Tania, no mientras tenga el apoyo de mi abuelo. - Tania es un estorbo, abuelo. Yo no la quiero a mi lado... y si descubro que tiene algo que ver con Miguel o con Diego, la sacaré de esta mansión yo mismo, apellido Petrovsky o no – sentencie. - Y si descubres que es tu esposa quien está detrás ¿La vas a sacar igual, aunque su apellido sea Camburi? – me preguntó y me dejó mudo. - Tania es la mujer que te conviene Nicolas y la única que yo acepto... al menos por el momento. Ella pertenece a nuestro circulo, podrá acompañarte en el futuro, es una Petrovsky y tu compromiso con su familia lo pactó tu padre antes de morir – iba a reclamar cuando alguien llamó a la puerta del despacho. - Pasé – ordenó el abuelo. Era el médico de la familia. El Dr. Ivanov, entró en el despacho con su maletín en la mano. Su rostro estaba serio, demasiado para mi gusto. - Señor Danger, la fiebre de la joven está cerca de los 40 grados. Tiene una neumonía incipiente provocada por la exposición extrema al frío. Sus pies tienen quemaduras por congelación de primer grado. Necesitará cuidados constantes. Si la fiebre no baja en las próximas tres horas, habrá riesgo de daño pulmonar – mi abuelo me mira en silencio. Estaba confirmando que Laura salió anoche... ahora me preguntó ¿Qué carajos quiso hacer? ¿Ella pensaba abandonarme en mitad de la noche? Eso no puede ser, sino por qué volvió, pero... ¿Por qué salió descalza? Acaso mi abuelo tiene razón y ella en realidad se quería ir con Diego. Demasiadas preguntas sin respuestas... Sentí un vacío en el estómago que ni el elixir más potente podría haber provocado. Esa mujer, esa criatura que apenas ayer caminaba con las esmeraldas de mi madre en el cuello, ahora estaba luchando por su vida en el piso de arriba mientras yo discutía idioteces con mi abuelo... - Suba, Dr. Ivanov. Atienda a mi esposa y no escatime en nada – le ordené, mi voz volviéndose una orden de acero. Miré a mi abuelo antes de salir detrás del doctor... subí las escaleras ignorando a Tania, que intentó detenerme en el pasillo con un reclamo sobre "el escándalo de anoche". Entré en la habitación y vi a Madame Nadia sentada al borde de la cama, humedeciendo un paño con agua fría. La anciana me miró con una mezcla de reproche y tristeza. - Es una alumna aplicada, Nicolás – me susurró la mujer. - Pero es una niña asustada que juega a ser reina en un palacio de hielo. ¿Qué le han hecho? ¿Qué ha visto para arriesgarse de esa manera? – ¿Arriesgarse? Que quería decir esa mujer... Me senté al otro lado de la cama y tomé la mano de Laura. Estaba flácida, caliente como el desierto. - Debe haber visto la verdad, Madame – le respondí, apretando sus dedos con suavidad. - El mundo no es un cuento de hadas... – Miré a mi esposa, tan pequeña en medio de las sábanas de seda. Ahora que la observó bien se parece a su padre, un hombre que me habló de la lealtad como si fuera el único idioma que valiera la pena aprender... el problema es que yo no quiero a una mujer así. - No te vas a morir, Laura – le susurré al oído, acercándome tanto que podía sentir su calor febril. - No después de que mi abuelo finalmente ha aceptado darte una posibilidad. No después de que te hiciera mía de verdad. Tienes que aprender a defenderte, aunque no sea lo que quiero en realidad... porque no siempre estaré yo para ayudarte – Laura soltó un quejido ronco y, por un segundo, apretó mi mano. Fue un gesto casi imperceptible, un destello de esa mujer fuerte que ella decía ser. El Dr. Ivanov empezó a administrarle los antibióticos por vía intravenosa. El silencio en la habitación era espeso, roto solo por el goteo del suero. Me quedé allí, observándola, sintiendo que algo dentro de mí se rompía y se reconstruía. Ya no era solo una cuestión de un contrato para librarme de las exigencias de mi abuelo. Ya no era solo una deuda con una jovencita que me entregó su primera vez... Al verla así, tan frágil pero tan decidida a recuperar lo que era suyo, incluso si eso significaba caminar descalza hacia la muerte, comprendí que Laura Camburi era el único fuego capaz de derretir el invierno de los Danger. Ahora la pregunta que me hacía era... ¿Quiero que ella derrita mi invierno? - Vigílela, Madame – le pedí a la maestra. - Cuando despierte, quiero ser yo la primera persona que vea. Y si Tania se acerca a esta puerta, díganle que, si entra, se las tendrá que ver conmigo – Salí de la habitación por un momento para dejar que el aire frío me despejara el dolor de los huesos. Camine hasta la terraza del segundo piso. Miré hacia el bosque. Diego ya estaba en un avión rumbo al otro extremo del mundo, pero Miguel estaba por aquí... él seguía libre, escondiéndose como una rata y Tania... al parecer ella estaba conspirando en los pasillos, como siempre lo había hecho en el pasado. Pero mientras ella estuviera en esa cama, mi única misión será asegurar que, cuando mi esposa abra sus ojos, tuviera una razón para seguir luchando. - Moya Laura – murmuré para el viento. - Sobrevive cariño. Porque la venganza es un plato que vamos a comer juntos cuando salgas de esta – Mientras el cuerpo de Laura ardía en una habitación de la mansión Danger, el mundo exterior no se detuvo. En algún aeropuerto lejos de ella, el rugido de los motores comerciales en la pista de aterrizaje se convertía en un eco distante al caos que Diego había dejado atrás en Rusia. No hubo jet privado ni lujos, Don Vladimir no malgastaba recursos en basura como él. Lo habían metido en un vuelo de conexión económica, escoltado por dos hombres que no le dirigieron la palabra durante las diez horas que duró el viaje, lo único que querían era asegurarse de que cruzara la frontera sin mirar atrás. Al bajar del avión en su país, Diego sintió el aire húmedo y pesado golpearle el rostro, un contraste violento con el cielo frio de Moscú que casi le arrebata la vida. Caminaba cojeando, con la pierna punzando bajo el vendaje sucio, sintiéndose más solo que nunca. Su primer instinto fue buscar a Miguel, pero sabía que el abogado seguía en Rusia, escondido en algún rincón infecto de la ciudad. Antes de salir del aeropuerto, Diego encendió un teléfono desechable y le envió un único mensaje a Miguel, corto y cargado de resentimiento... ** Ella está viva. El viejo me echó, lo único que dije fue que estábamos detrás de la herencia de Camburi... no mencione a... Mantente oculto, yo me encargaré de que la empresa siga operando bajo nuestro control mientras Laura se pudre en el hielo ** Cuando estaba a punto de botarlo entró otro mensaje para él... era de Tania. ** No vuelvas a contactarme... si tu nombre o el de Miguel salen de mi boca en este momento, será para hundirlos. No puedo creer que no hayan podido llevársela. Ahora cumple tu parte y mantén la empresa Camburi bajo control hasta que yo decida el siguiente movimiento. Laura no regresará pronto... si es que algun día regresa ** Diego apretó el teléfono. Tania los estaba desechando como basura. Pero había olvidado algo... ellos seguían siendo la cara legal de los Camburi en su país. Mientras Laura estuviera "desaparecida" en Rusia, ellos eran los dueños de las llaves del reino.
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