Capítulo 16. ¿Quién quiere ganar un corazón?
El vestido de seda negra terminó en el suelo, y pronto no hubo nada entre nosotros más que el calor sofocante de una pasión que se sentía prohibida y necesaria a la vez.
- Laura esta vez no seré cortes – me susurró, y en ese momento no sabía si debía reír o llorar... no es que hubiera sido muy cortes antes, pero desde que hemos estado juntos, el se xo entre los dos ha sido más que intenso.
- Está bien Nicolas, yo entie... – no pude continuar.
Sus labios se volvieron a apoderar de los míos, su lengua se introdujo dentro de mi boca y perdí la razón. Me olvidé de todo por lo que había pasado.
Me olvide del atentado, del corte que todavía tenía en el cuello, me olvide que Diego estaba en el sótano de la mansión, esperando ser interrogado y me olvide de Miguel... ese abogado en el que mi padre confió hasta la muerte.
Nicolas me amó con una urgencia que me hizo olvidar que detrás de esa puerta había una fiesta preparada para mí... que Tania se estaría consumiendo en sus propios celos, imaginando que su plan no había funcionado.
Ella quería que él la buscara para no morir, pero lo único que había logrado era que Nicolás se amarrara más a mí, entregándose a un deseo que no conocía de contratos ni de idiomas extranjeros.
Fue una noche larga, donde el cansancio de la gala desapareció bajo el peso de su cuerpo.
Nicolás no me dejó ir ni un segundo, como si temiera que, si me soltaba, las sombras de Miguel y Diego volverían para arrebatarme de su lado. En sus brazos, por fin, me sentí protegida, aunque sabía que el amanecer traería nuevas preguntas para mí... pues no sabía que quiso decir cuando mencionó que me elegia a mí, porque no sabía su idioma...
- ¿Acaso debo “no aprender” el idioma ruso para ganarme el corazón de mi esposo?... – me pregunté antes de cerrar los ojos.
Pero en el fondo la verdadera pregunta era: ¿Quiero de verdad ganar el corazón de mi esposo?
Punto de vista de Tania Petrovsky
El cristal de la copa de champán se sentía frio en mi mano, pero no tanto como el fuego que me quemaba las entrañas.
Desde el balcón de la biblioteca, observé las luces de los autos de los últimos invitados alejándose por el camino nevado. La gala había terminado, pero para mí, la verdadera pesadilla apenas comenzaba.
- Maldita... mil veces maldita Laura Camburi – susurré, apretando los dientes hasta que me dolió la mandíbula.
Había preparado el plan perfecto... se suponía que esta noche sería yo la que estuviera gozando en los brazos de Nicolas. El plan era perfecto... un afrodisíaco tan potente que incluso lo haría delirar.
Quería dejarlo vulnerable, ese tal Miguel junto con Diego se llevarían a esa intrusa por la puerta de atrás, y yo sería quien "consolara" al heredero de los Danger en su momento de debilidad.
Pero no, como siempre las cosas no salieron como las quería... es la segunda vez que drogo a Nicolas y las dos veces se lo entregue en bandeja de plata a esa mosca muerta.
Laura no solo se defendió como una gata acorralada, sino que Nicolás, incluso bajo los efectos de la droga, la eligió a ella. La subió a su habitación como si fuera un tesoro, cerrando la puerta prácticamente en mi cara.
- ¡Maldición! –
Me toqué el vientre instintivamente.
Recordé lo que pasó hace años, cuando la prueba de embarazo salió positiva. Nicolás estaba empezando a tomar las riendas del imperio Danger y yo... yo solo quería libertad.
El bebé en ese momento solo era un grillete que no estaba dispuesta a cargar, así que me deshice de él sin decírselo a nadie, nunca esperé que Nicolas se entere y terminé la relación conmigo. Después de eso, pensé que siempre tendría tiempo para volver a atrapar a Nicolás. Al fin de cuentas no perjudico a mi familia como dijo que lo haría. Pero ahora, con mi familia al borde de la bancarrota y el apellido Petrovsky perdiendo su brillo, Nicolás es mi único bote salvavidas.
Nunca pensé que se casara con una huérfana, y menos que no sea de nuestro circulo.
Escuché ruidos en el pasillo.
Salí de la biblioteca y me oculté en las sombras del descanso de la escalera. Vi a dos guardias de Don Vladimir, estoy segura de que van directo al sótano, donde está detenido ese idiota de Diego.
Cuando los vi abrir una puerta casi invisible, supe que tenía razón. Esperé unos segundos más antes de bajar también.
Cuando baja podía oler la sangre... escuche una reja. Me acerqué sigilosa y ahí lo vi. Diego estaba ensangrentado, con la pierna destrozada por el abrecartas que Laura le había clavado en el muslo.
Miguel había sido más listo y había logrado escapar, pero Diego... Diego era un cabo suelto para mí en este momento.
- Si abres la boca y mencionas mi nombre, estoy muerta – susurré, sintiendo un sudor frío recorrer mi cuerpo.
Pero Don Vladimir no es un hombre de medias tintas. Lo había visto despedir al último invitado como si nada hubiera pasado en la mansión, luego lo vi subir hasta su habitación..., impasible.
Espere unos minutos hasta que los guardias se fueron. Caminé y mi mirada se encontró con la de él. Fui rápido a su lado.
- Señorita, usted... – comenzó a decir, pero lo calle al segundo.
- Shh! No debes hablar –
- Pero, esos hombres me van a dejar morir. No ve la cantidad de sangre que he perdido. Esa maldita me las va a pagar – me dice y puedo notar la rabia y el coraje que siente por Laura.
- De ese me encargaré yo Diego. Lo importante es que no debes mencionar nuestra alianza... el abuelo querrá saber por qué fuiste tan osado para meterte en la mismísima boca del lobo... solo debes decir la verdad. Tu verdad – le dije y lo vi fruncir el ceño.
- No tengo mucho tiempo, el abuelo bajara con sus hombres en cualquier momento, pero él no es un asesino. Te dejara ir luego que digas lo que querías hacer... claro sin mencionarme para nada –
- Entiendo bien – me dijo y pude notar sinceridad en su voz.
- Tu objetivo es Laura, solo ella. y las personas que te ayudaron a entrar fueron unos guardias temporales... recuérdalo. Esos tipos ya no están, y no será fácil encontrarlos – le digo.
- Si haces las cosas bien, yo misma te ayudaré a volver a tu país. Ahora no pudieron llevarse a esa huérfana con ustedes, pero oportunidades sobraran conmigo en la familia –
Diego asintió y yo salí de allí. Estaba más tranquila y me sentía mucho más confiada.
El abuelo no llamó a la policía y eso solo podía ser por dos razones, una de ellas era que no quería entregar a Diego antes de averiguar que quería de Laura y la otra era que no penaba dejarlo vivo. Cualquiera de las dos, me conviene.
Subí a mi habitación sin que nadie me viera, la sangre hervía dentro de mi cuerpo, ni siquiera quise mirar en el otro extremo, sabia que, si pasaba por la habitación de ese par, podría escuchar todo lo que debió ser para mí...
- Me las vas a pagar huerfanita... tarde o temprano me las pagaras –
Punto de vista de Laura.
Abrí los ojos cuando la pesadilla se hizo más real.
Nicolas dormía profundamente a mi lado. El efecto del afrodisíaco lo había dejado en un estado de sopor total tras horas de una intensa noche que todavía me hacía temblar.
No podría dormir tranquila hasta saber ¿Por qué me he convertido en alguien importante para Diego y Miguel?
Esa pregunta ronda en mi cabeza desde que la noche que me drogaron... quieren mis tierra, pero luego de la avalancha nada vale igual... y la empresa de papá, es solo una pequeña empresa agrícola que nos ayudaba a vivir decentemente.
Me levanté, incapaz de volver a dormir. Necesitaba saber qué estaba pasando abajo, ya no había bulla y tampoco se veía luz afuera de la mansión.
Me puse una bata oscura y bajé por la escalera de servicio, la misma que usaban los criados cuando debían limpiar. Al llegar cerca del patio trasero, vi movimiento, y oculta tras una de las pesadas cortinas de la galería, observé la escena.
Los hombres del abuelo estaba sacando a rastras a Diego... podía ver el camino de sangre que dejaba al pasar. Un escalofrío me atacó en ese momento. Avancé unos pasos y volví a ocultarme, después de haber visto los documentos de Tania aquella noche sé muy bien cuales son los putos ciegos de este lugar.
- Déjenlo allí – la voz del abuelo se escuchó con claridad.
Don Vladimir estaba allí, bajo la nieve que caía suavemente y frente a él, Diego estaba de rodillas, sollozando.