Capítulo 27. Una cena con el peligro... Sentí las miradas del anciano sobre mí, y pude ver su aceptación. No podía negarlo el vestido me quedaba fenomenal, se ceñía a mi cuerpo como una segunda piel, fría y costosa, el color resaltaba la palidez de mi piel, rastro de la enfermedad que apenas me abandonaba, y mis ojos parecían más oscuros, más profundos, cargados de un secreto que nadie allí podía descifrar... y, por más que Tania se desvivía por hacerse notar, luciendo joyas que gritaban por atención no pudo opacar mi belleza y juventud. Yo era el trofeo nuevo, la pieza que encajaba en el rompecabezas de su ambición... el brillante en bruto que opacaba la risa forzada de su vieja invitada. - No está mal – susurró don Vladimir dirigiendo una mirada fría pero llena de aprobación a su nie

