Capítulo 26. Iniciando mi propio plan... Nicolás soltó un suspiro largo y se acostó a mi lado, por encima de las colchas, rodeándome con sus brazos. Parecía un gesto de protección, pero solo yo sé que se trata de posesión, aunque no era fácil distinguirlos, pues él sabía actuar bien. Me estrechó contra su pecho y pude sentir los latidos de su corazón, constantes y fuertes. Era un hombre poderoso, capaz de aplastar a sus enemigos con una llamada, y, sin embargo, aquí estaba, mimándome como si fuera una muñequita de cristal. - No eres un estorbo Lau. Eres mi esposa – sentenció, besando mi sien. - Mañana pediré que traigan alimentos de tu país, que consigan esas frutas que te gustaba comer cuando estabas en el Valle. Y le pediré a la boutique que te traiga más ropa... porque tu cariño,

