Capítulo 10. Un plan al descubierto.
Esta vez no había neblina para mí, tampoco había confusión. Esta vez estaba donde quería estar, haciendo lo que mi cuerpo quería hacer. Por primera vez, no había una droga externa obligándome. Estaba viendo a un hombre luchar contra sus instintos, y mi propio cuerpo estaba reclamando su cercanía con una intensidad que me asustaba.
Éramos solo nosotros dos, conscientes de que fuera de esa habitación el mundo quería destruirnos, pero adentro, el fuego era lo único real.
Nicolás me levantó, rodeando mi cintura con sus poderosos brazos, y me llevó a la cama mientras sus manos, grandes y posesivas, reclamaban cada centímetro de mi piel.
- Te deseo Laura – susurró muy cerca de mi oído, mientras sus labios bajaban por mi cuerpo arrasando con todo. El vestido de diseñador que me había puesto para recibir a la Madame fue destrozado por mi esposo.
- Esta vez te necesito – eso fue lo último que dijo antes de que yo sintiera como su enorme masculinidad invadía mi cuerpo lentamente, no tuve tiempo de nada, porque sus labios sellaron los míos llenos de pasión, y lo único que se podía escuchar eran los gemidos de él.
El dolor inicial por no haberme curado del todo ya había pasado y de pronto me sentía en un sueño erótico, de esos que tienes después de haber visto una película censurada.
Agradecía que nadie más pudiera oírnos, pues nuestros gemidos se escuchaban a kilómetros. Mi cuerpo reaccionaba ante él, ante sus movimientos, ante sus manos. De pronto sentí la gloria...
El temblor que nos unió mientras disfrutábamos de este baile lleno de placer, las palpitaciones en el centro de mi feminidad, el nudo que se comenzaba a formar en mi bajo vientre y ese chorro que lanzó mi v****a y que no podía..., ¡Dios! no podía ocultar.
- Nicolas – grité mientras lo jalaba de los cabellos. Cada beso me sabía a fuego y a una extraña clase de libertad.
Yo no fui drogada, pero quería mucho más.
Fue una noche de entrega absoluta, Nicolás me amó con una ferocidad que me dejó sin aliento, pero también con una ternura inesperada, como si cada caricia fuera su forma de pedir perdón por haberme arrastrado a su mundo de sombras, y secretos, donde el frío de Rusia se quedó fuera de las mantas de seda.
Él me hizo olvidar que nuestra unión había nacido de la tragedia... que era solo un contrato firmado en un papel.
En el calor de sus brazos, el frio de Rusia desapareció... esta vez, no me sentí una protegida o una moneda de cambio... me sentí una mujer, deseada. Y cuando sus manos recorrieron cada curva de mi cuerpo, como si estuviera memorizando un mapa prohibido, sentí que la vida volvía a correr por mis venas.
- Moya Laura (Mi Laura) – susurró él entre estocada y estocada, una y otra vez, hasta que el cansancio y la satisfacción nos vencieron.
A la mañana siguiente, la luz del invierno ruso se filtraba por las pesadas cortinas. Me desperté con el peso cálido del brazo de Nicolás sobre mi cintura. Se veía tan joven cuando dormía, sin la arruga constante en su ceño.
Me levanté con cuidado, tratando de no despertarlo. Anoche trabajo demasiado... Me puse una bata de seda y caminé hacia el tocador para recoger mi cabello. Luego de eso salí de la habitación... caminé en silencio.
Anoche había visto a Tania acostada en la alfombra, antes de llegar a su habitación. Ahora me gustaría poder encontrarla en el mismo lugar y tomarle una de esas fotos comprometedoras.
Mientras más avanzo el silencio de la mansión se siente pesado, pero antes de llegar al final del pasillo para doblar hacia el ala donde se está quedando nuestra invitada algo me llamó la atención.
Cerca de esquina justo antes de doblar hacia la habitación de Tania, sobre la alfombra oscura, brillaba un papel blanco.
Me acerqué con curiosidad. Era un sobre de papel fino, doblado con descuido. Lo recogí con manos temblorosas... no podía ser una nota del abuelo. Él no estaba en la mansión .
Pero era lo más lógico de pensar... que era otro mensaje de Don Vladimir sobre mi estadía en su hogar. Lo extraño era que no me lo hayan dejado en la puerta en la habitación... la verdad estaba bastante lejos de ahí. Pero al mirar la caligrafía me di cuenta de que era diferente. Era apresurada, casi histérica.
- ¿Quizás se enteró de lo que pasó anoche y me envió el mensaje con algún empleado? – me pregunté. Pero mientras no la abra y lea lo que dice no podré satisfacer mi curiosidad –
Mis cinco horas de lecciones con Madame Nadia se activaron en mi cerebro. Pude reconocer la primera palabra escrita en el reverso:
- “Otchet” (Informe) –
No era una nota para mí. Era un informe que alguien había perdido o dejado caer por casualidad... algo extraño para el lugar donde vivimos. Al abrirlo, mi mundo se detuvo. Adentro había fotografías mías tomadas desde lejos.
Además, también había fotos de la mansión, de las entradas de servicio... y una copia de un itinerario de vuelo de una aerolínea privada.
** "Pasajeros: Miguel S. y Diego L."
"Destino: Aeropuerto Internacional de Sheremétievo, Moscú."
"Estado: Aterrizado." **
Y al final, una nota escrita en español, con la letra inconfundible de Tania, dirigida probablemente a uno de sus contactos:
** "Los hombres llegarán a la gala mañana por la noche. Asegúrate de que los guardias del sector norte estén distraídos. No me importa lo que le pase a la chica, solo quiero a Nicolás libre del contrato. Que parezca un asalto de su propio país. Una vez que se deshagan de ella, los terrenos pasarán a manos de la sociedad tal como lo acordamos." **
El papel crujió en mis manos.
Estos documentos eran de Tania... pero ella, no me estaba alertando al encontrarlo. Tania en realidad había dejado caer su plan por simple descuido tras el efecto del sedante de anoche.
Miguel y Diego, esos malnacidos que me mostraron su verdadero rostro, estaban detrás de mí. Nada me va a quitar de la cabeza que ellos son los asesinos de mi familia , y ahora ellos también estaban en Moscú.
- Estaban aquí, en Rusia, trabajando con la mujer que dormía en la habitación de al lado para matarme durante la gala –
Seguí avanzando unos pasos más y la vi.
Tania seguía acostada sobre la alfombra.
Dejé los documentos en su lugar, giré hacia el pasillo que me llevaba a mi habitación, al entrar mi acerqué a la cama, miré a Nicolás. Mi salvador, mi esposo, el hombre que anoche me había hecho sentir viva.
¿Sabría él que su "aliada" de la infancia estaba planeando un asesinato en su propia casa? ¿O era yo solo un peón en un juego mucho más grande de lo que podía imaginar?-
El miedo, ese viejo conocido, volvió a apretar mi garganta, pero esta vez venía acompañado de una furia gélida. Ya no era la misma muchachita del Valle que vio a su familia desaparecer detrás de una avalancha. Ahora tenía un apellido, uno que inspiraba respeto. Ahora tenía una voz. Y si Tania Petrovsky creía que iba a entregarme a mis verdugos sin luchar, no conocía la fuerza de una mujer que no tiene nada más que perder.
Recordé el itinerario, mi memoria fotográfica esta vez no me fallara... sería mañana en la gala. En la misma fiesta donde el abuelo Vladimir piensa hacer mi presentación.
Mañana, el contrato de los Danger se escribiría con sangre, y yo tenía que decidir si confiar en el hombre que dormía a mi lado o enfrentar a mis demonios sola.
Iba a volver a salir cuando escuché un movimiento de Nicolas, volví a mirarlo, continuaba dormido. No puedo entender que tipo de droga le dio esa mujer, pero era de esperarse que sea la más potente, pues debía encontrarlos en la cama cuando me despierte.
Las sabanas de seda oscuras cubrían parte de su musculoso torso. Anoche, ese hombre me había hecho sentir que el mundo podía ser un lugar seguro, que sus brazos eran el único refugio que yo necesitaba.
Pero ahora, después de haber visto la prueba de la traición de Tania con mis propios ojos, el miedo volvía a susurrarme al oído.
- ¿Y si él lo sabía? ¿Y si este matrimonio no era más que una forma elegante de mantenerme vigilada hasta que los asesinos de mi familia terminaran el trabajo? – suspiré agotada.
Me negaba a creer aquello. No después de la forma en que me había mirado, no después de cómo sus manos habían temblado sobre mi piel.
Me obligué a moverme. Caminé hacia el baño, quería borrar de mi mente esos pensamientos contra Nicolas. Lavé mi cara con agua helada... si quería sobrevivir a la gala de mañana por la noche, no podía entrar en pánico. Tenía que ser tan fría como el invierno que golpeaba los cristales.
Cuando salí, Nicolás ya estaba despierto, sentado en el borde de la cama y frotándose el rostro. Al verme, su expresión se suavizó apenas un segundo antes de volver a su habitual máscara de hierro.
- Te has levantado temprano – me dijo, su voz todavía se escuchaba ronca por el sueño.
- ¿Estás bien? Te veo pálida –
- Solo... estoy nerviosa por la gala – le mentí, odiando la facilidad con la que la falsedad salía de mi boca. Pero en esta casa, la verdad era un lujo que no podía permitirme, al menos por ahora.
No conocía a mi esposo, no sabía si yo era parte de algún plan... en realidad no sabía nada.
- Es la primera vez que me presentaré ante toda tu sociedad. Y sin hablar el idioma... –
- Todavía tienes este día para aprender Laura –
Claro como si fuera tan fácil concentrarme en clases de ruso cuando sé que alguien me quiere muerta...