Eres solo Mía

1894 Words
Mientras todos bailan, sonríen, disfrutan de mi fiesta, yo estoy aquí, viendo como todo a mi alrededor se derrumba por completo, viendo como mi madre está de lo más feliz y sonriente, sabiendo que yo viviré un infierno, que me entregó como si fuera un objeto, todas esas felicitaciones vacías, esos abrazos deseándome suerte, ¡si claro! Suerte es lo que más necesito, sobre todo al lado de alguien como él, un hombre sin compasión, que solo busca que lo complazca de todas las maneras posibles que este a su merced y haga lo que él quiere. Todo esto es obra de ella, absolutamente todo, desde la vajilla elegante hasta mí vestido, todo planeado por ella y pagado por mi esposo, si, suena repugnante, es asqueroso pensar que alguien pueda hacerle esto a una hija, pero ella lo hizo y no le costó mucho. ¿Que hice mal?, siempre trate de ser mejor, por ella, para ella, pero nada bastó, fui la primera de mi clase, me gradué con honores, quería entrar a la universidad y poder tener mi título, pero nada de eso podrá ser aun, el jamás me dejaría hacerlo, eso debería esperar un par de años, porque ahora mi objetivo solo era ser su esposa perfecta. Qué pensaría mi padre antes de morir, de seguro nunca imaginó esto, que me vendieran por obtener dinero, riquezas, lujos a cambio de su propia hija. La veo y lo único que siento es rabia e impotencia me vendió como cualquier cosa. Me voy hasta el tocador, levantando este pesado vestido conmigo, entro y cierro, me mojo la cara y manos, trato de no llorar pero me es imposible, como poder aguantar así, y sin poder hacer nada, Estoy atada a ese maldito contrato por dos años, esposada a un hombre en contra de mi voluntad. Dos malditos y largos años, recuerdo ese día cuando él llegó y los tres estábamos ahí sentado, pero sólo ellos discutían el contrato como si yo no existiera, sin tomarme en cuenta. Tiempo antes — Sería un millón de dólares por los dos años, además de mi mensualidad de cincuenta mil dólares cada mes. Usted corre con todos los gastos mientras este bajo su cuidado. — No dude de eso señora, todo y cada uno de los dólares estarán en su cuenta bancaria apenas estemos casados. Por ahora recibirá su mensualidad el primer día de cada mes, desde ahora. — Entonces esta todo claro y dicho, puede comenzar con su noviazgo como le plazca. — Recuerde señora, tenemos un contrato, si su hija o usted lo rompen habrá consecuencias y para nada buenas. — Luego me mira — ¿leíste ya el contrato? — me pregunta, Me largo a reír irónicamente — en serio me están preguntando algo, todo este tiempo me han ignorado, han hecho cosas a mis espaldas y ahora me preguntan cómo si fuera algo tan normal, vendiste a tu hija por dinero, ustedes, los dos están enfermos, necesitan ayuda, y tu madre eres una perra maldita, ojala te mueras y te vayas directo al infierno junto a este hombre, los detesto, me causan repugnancia, solo muéranse de una vez — Calla, ¡mal agradecida! — se para y me pega en la cara, me arde del golpe. — no has hecho nada más que generar gastos, no aportas en nada, he desperdiciado más de la mitad de mi vida en ti y tu padre, me merezco tranquilidad a esta edad. ¡Largo de aquí! Mal agradecida, no te quiero ver nuevamente. — Cuando seas mi mujer Lisandra, — dice parándose a mi lado, hablando a mis espaldas — jamás le hablarás así a tu madre y menos a mí, porque tendrás tu castigo. Créeme lo disfrutaré y mucho. — dice cerca de mi oído pero logrando que se escuche en todo el comedor. — aun no sabes de lo que soy capaz cuando me desobedecen o muestran una pizca de rebeldía o desobediencia, ya lo veras Lisandra, espero no llegues a esos extremos, porque la única perjudicada serás tu. — Se arrepentirán — y sin más me paro y corro hasta mi cuarto, rompo a llorar, no puedo hacer nada más que llorar para poder aliviar el dolor que siento en mi interior, como puede, como me hace esto. Siento que alguien abre la puerta y tira en mi cama una carpeta que dice "contrato confidencial" [Hoy 3 de mayo, 2021, Miami, Estados Unidos] {Entre Franco Murred y Dalila Aresti de Fritz.} Declaran que: La señorita Lisandra Fritz, 17 años de edad, hija de Dalila Aresti de Fritz y su padre ya fallecido Carlos Fritz. Desde hoy 3 de mayo del año 2021, pertenece al señor Franco Murred, quien pagó una suma de 1.000.000 de dólares por un matrimonio de dos años, la cual se pagará al oficializar el matrimonio ante un juez, y además una mensualidad de 50.000 Dólares, la cual se depositará en su cuenta personal bancaria de Dalila Aresti de Fritz, los primeros días de cada mes… PRESENTE  Todos los gastos del matrimonio los pago franco Murred, mi futuro esposo, quien además se encargó de abastecer a mi madre, ella le dejo muy claro todo, hasta la marca de los alimentos debían ser de primera calidad, artículos de belleza, mucha ropa como zapatos, y además incluía la remodelación de nuestra casa, y lo que quisiera para su cuidado personal, tanto de ella como del mío, me enviaba a centros de estética cada cierto tiempo, su orden era estar completamente rasurada, mi cabello lo tinturo de un color más claro en las puntas, arreglaban mis uñas y siempre llegaba ropa nueva a mi casa, la cual quedaba guardada en las mimas bolsas que no me molestaba en abrir. Y le proporciono una tarjeta bancaria para cualquier uso. Desde ese día tres de mayo comenzó nuestro noviazgo, ese nombre utilizaban ellos, para mí era el comienzo de mi calvario. Dejo estipulado en el contrato mis deberes como su esposa y dueña de casa, para eso tendría una ayudante de aseo y cocina. Además de acompañarlo a todos los eventos que él me solicitara, sin poner problemas y siguiendo las reglas que me haya informado con anterioridad. Además cumplirá con horarios de salida y llegada a su hogar, si decidía salir debía ser con previo aviso, además de registrar con quien y a donde estaría. Todo específicamente detallado con el guardia encargado. En el contrato además estaban debidamente detallados y con letras más oscuras algunos de los castigos que recibiría si pensaba en desobedecer sus órdenes. Castigos. * Solo si se requieren * Golpes de todo tipo, Encierros, Prohibición de alimentos, Prohibición de agua, prohibición de salidas, encierro total, Latigazos, Entre Otros acordados previamente con su madre. Y si no cumplía alguna de sus cláusulas, él tenía todo el derecho de castigarme y además también a mi madre. El contrato tendrá una duración de dos años, desde el día del matrimonio oficial, los meses de noviazgo son totalmente fuera de los dos años de contrato. — ¡Lisandra! — Golpea la puerta mi madre — abre, deja de comportarte como una niña y madura de una vez. — Me saca de mis recuerdos, parándome voy hasta la puerta y le abro — ¿Qué quieres? No puedo estar tranquila unos minutos, solo quiero estar sola un momento — Debes ir a cortar el pastel, tu lugar es allá con los invitados, no aquí. Además está precioso, yo misma lo elegí. Tres pisos, color marfil, exquisito, tu sabes mis gustos — ¿No me digas? No sabía que lo habías elegido tú. — digo irónica — Deja de ser tan irrespetuosa Lis, tendrás una vida de lujo, mírate, ya tu vestido es carísimo y exclusivo, todo esto es de lo mejor, lo que nos merecemos y lo que merezco, deberías estar feliz por mi — Esto es lo que tú quieres, lo que yo quiero es vivir mi vida como se me antoje, estudiar, tener amigos, novio... ¡No esto!, No esto por dios, como puedes estar tan feliz. — me tomo del borde del lavabo, con mi respiración entrecortada, no entiendo, no entiendo porque. Esa pregunta sigue rondando en mi cabeza. — Deja de quejarte, agradéceme que hice esto por ti, tú que no mereces ni una pizca de todo esto, hubiese sido yo quien se casara con ese maravilloso hombre, pero bueno, la edad manda. Ahora arréglate y baja, o vendrán sus guardias a buscarte y te ira muy mal — Puedes quedártelo si quieres. — Sonríe, Se mira al espejo y sale, como si todo fuese de lo más normal. Trato de recomponerme, respiro hondo y voy a seguir con el show. Camino entre las personas y llego a su lado, me toma fuerte de la mano y me acerca — ¿Dónde estabas metida Lisandra?, comenzarás con problemas y no llevamos ni un día de casados. Compórtate — Tu vida será un infierno — le digo a su oído y sonriendo ante los demás. — Está noche serás mía. Estoy ansioso por probar tu cuerpo, disfrutaré cada centímetro de ti, desearas que lo haga una y otra vez Por favor alguien que me ayude, como voy a sobrevivir a esto. Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, pestañeo para que no caiga una sola, menos por esta bestia. — Que pena — digo sonriendo, tratando de que sus palabras no me afecten. — Porque ya no soy virgen. Lo siento. — y miro al frente sonriendo para la foto, sus dedos se hundieron en mi cintura. Me sacó de ahí rápidamente, pidiendo las disculpas y nos retiramos a un salón, apenas se cierran las puertas me planta una cachetada, mi cara duele y escuece mucho, tomó todas las fuerzas que tengo en mi interior y no dejo que ninguna lágrima caiga, ninguna más en frente de esta bestia , mucho menos por alguien como él, seré fuerte. — Eres una zorra, pero ya aprenderás, te ganaste tu primer castigo Lisandra. — escuchar eso me hizo temblar — No me importa con quien estuviste antes, porque nadie te hará sentir lo que yo, de seguro fue con algún chico que ni siquiera sabía usarlo… todas las mujeres siempre me piden más, pero ahora soy solo tuyo y tú eres solo mía. Ya no quería seguir escuchándolo más, sentía terror de lo que pudiera hacerme, porque yo, porque yo, ruego por poder librarme de él, pero es fuerte. Jamás me tocará un pelo, antes muerta, prefiero morir. Me toma por la cintura y me aprisiona en la pared, no levanto la mirada, la mantengo fija en su pecho y mi respiración cada vez es más agitada — Te gustará, yo sé que sí, aún recuerdo cuando te vi la primera vez, con ese vestido floreado, un chaleco de lanilla, y sandalias, tus ojos verdes, tu cabello rubio y ondulado, me miraste y no dejaste de hacerlo, te gusto… lo sé. Ahora ve a cambiarte que nos vamos a nuestra luna de miel. — y se va. Siento cada uno de sus pasos alejarse, apenas sale puedo recomponerme, no creía que recordara como iba vestida, jamás me había hablado de esa manera, no entendía porque ahora actuaba así. No sabía que pasaría conmigo de ahora en adelante, debía aprender a sobrevivir junto a él.
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