A la mañana siguiente, Daniel no espera demasiado. No deja que la decisión se diluya en dudas.
Envía un mensaje corto a su padre:
“Paso a las diez. Hablemos en serio.”
Cuando entra al estudio, la luz de la mañana atraviesa los ventanales del despacho. Gennaro parece haber dormido poco.
Daniel no se sienta de inmediato.
—Acepto.
No hay rodeos.
—Como consultor externo. Con acceso a facturación, balances y movimientos históricos. Sin puesto fijo todavía. Organizaré los horarios en el gimnasio, de todos modos mi carga horaria allí es relativa. Si esto funciona, lo veremos después.
Gennaro lo observa con una mezcla de alivio y tensión.
—Me parece razonable.
—Y una cosa más —agrega Daniel—. Si estoy dentro, no quiero medias verdades.
Ahí hay un pequeño choque. Apenas perceptible.
Gennaro sostiene la mirada.
—Nunca trabajé con medias verdades.
Daniel no responde. Ambos saben que no es del todo cierto.
—Empiezo hoy —dice finalmente.
La decisión está tomada.
No lo hace por ambición.
No lo hace por Adele.
No lo hace por legado.
Lo hace porque algo no encaja.
Y si hay algo que aprendió escalando montañas es que cuando una cuerda cruje, no se la ignora.
Antes de salir del despacho, Gennaro agrega:
—Daniel…
Él se detiene.
—Estar cerca a veces es la única forma de evitar que alguien caiga.
No hay nombres.
Pero el mensaje es claro.
Daniel asiente, sin comprometerse con la intención oculta. Porque ahora la intención que importa es la suya.
- Iré a Facturación a observar en que se me necesita y cómo involucrarme sin invadir. Te veré luego para avisarte los horarios que decida.
Y mientras cruza el pasillo del estudio, entiende que acaba de entrar a un terreno que no conoce del todo.
Lo que no sabe es que Adele, en ese mismo edificio, está revisando un expediente que alguien creyó cerrado para siempre.
Y por primera vez en años, ambos están caminando hacia el mismo punto.
Sin saberlo.
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Daniel no entiende del todo qué está viendo.
En el balance del año posterior a la muerte de Armando aparece un gasto mensual fijo. No es alto. No es llamativo. Justamente por eso pasó desapercibido.
Concepto: “asistencia externa”.
Destino: una pensión.
Sin nombre.
Sin expediente asociado.
La transferencia comienza exactamente treinta días después del cierre del caso.
Daniel frunce el ceño. Marca la hoja con un señalador. No dice nada. No pregunta nada.
Todavía.
Cierra la carpeta.
¿Qué está sucediendo?
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La casa de su madre huele distinto al estudio. Más a polvo que a café. Más a pasado que a presente.
El antiguo escritorio del living ahora es su centro de operaciones. Separó todo con método casi quirúrgico.
En el escritorio pequeño, junto a la ventana, colocó el material del caso del conductor: declaraciones, informe de Kevin, fotografías del accidente, peritajes.
En el escritorio grande, el que perteneció a su padre, desplegó todo lo relativo a Armando. Carpetas viejas. Recortes. Notas personales. Copias del expediente cerrado.
Y en la pared, sobre una pizarra blanca, dibujó una línea de tiempo:
Año de ingreso de Armando a la policía.
Ascenso.
Cambio de área.
Muerte.
Cierre del caso.
Después, en otro color:
Accidente actual.
Empresa involucrada.
Chofer.
Fechas de contratación.
Se aleja unos pasos para mirar el conjunto.
Hay algo que todavía no logra nombrar. Una intuición que no termina de ordenarse.
Revisa nuevamente el informe que Kevin le envió. Se detiene en el detalle de la empresa tercerizada que proveía el camión implicado en el caso actual.
El nombre le resulta familiar.
Demasiado.
Busca entre los papeles viejos. No lo encuentra en el expediente principal. Sigue revisando anexos. Documentación administrativa. Facturas.
Y entonces aparece.
El mismo nombre.
La misma empresa.
En un documento lateral vinculado a Armando.
No como protagonista. No como acusado.
Como proveedor indirecto.
Adele siente una presión en el pecho. No es miedo. Es certeza.
La empresa estaba ahí antes.
Mucho antes.
Marca el nombre en la pizarra. Lo encierra en un círculo rojo.
Une con una línea el caso pasado y el caso presente.
La línea parece inocente.
Pero para ella no lo es.
—No puede ser casualidad —murmura.
Se sienta otra vez. Relee fechas.
La empresa figura en ambos contextos con diferencias mínimas en la razón social. Una actualización administrativa. Un cambio de denominación.
Pero es la misma estructura.
La misma dirección fiscal.
El mismo representante legal.
Adele se queda quieta.
No piensa en corrupción todavía.
Piensa en repetición.
Piensa en patrón.
Y en la frase que escuchó toda su vida: “No remuevas lo que nadie está moviendo.”
Por primera vez, esa frase ya no suena a consejo.
Suena a advertencia.
Mira el teléfono. Piensa en llamar a Kevin. No lo hace. Aún no.
Esto ya no es solo un caso jurídico.
Esto ya no es solo un caso jurídico.
Y lo más inquietante no es la empresa.
Es que alguien debió notar esto antes.
Alguien con más experiencia.
Alguien que estaba en la mesa de los domingos.
La pizarra queda llena de líneas.
Dos casos.
Una empresa.
Un nombre que nadie quiere pronunciar.
Adele retrocede unos pasos.
Y por primera vez, la investigación deja de ser curiosidad.
Empieza a ser amenaza.
La carta anónima no busca advertir.
Podría interpretarse con que el objetivo de enviarla para empujar la investigación por parte de Adele.
Alguien quiere que ella destape esto.
Y eso significa que no es un secreto dormido.
Es algo activo.
Y… ¿habrá gente vigilando?
Ante la duda será mejor tener recaudos para no evidenciar todas sus incertidumbres, que cada vez se suman más y certezas no hay.
Decide que será mejor seguir investigando este enfoque en la privacidad y sin comentarlo con nadie por el momento. Mantendrá las apariencias de normalidad y no ser evidente en su búsqueda.
¿Si alguien del estudio informa esos movimientos?
Aparece un conflicto en su interior, se toca el pecho sintiendo una sensación rara. No sabía describirla como un escalofrío que recorre su cuerpo sin entender el por qué.
Recuerda a la Nonna, esas risas dominicales tan esperadas en su niñez y adolescencia. Ahora esos recuerdos felices se están tiñendo de gris por las dudas.
Si investiga, ¿podría arrastrar a alguien de su círculo?
Si no investiga, traiciona lo que es como abogada.
Esa disyuntiva de estar segura que sus dos figuras paternas no pudieron estar implicados en un crimen. Pero… siempre el pero dando vueltas… no dejan de ser humanos.
Y los humanos podemos cometer errores.