Adele llega a la casa de su madre con una sensación incómoda que no logra sacarse del cuerpo.
La casa está silenciosa.
Por un momento siente la necesidad de abrazarse a sí misma, para confortarse o para darse valor antes de continuar, ni ella está muy segura de cuál es la opción correcta. Avanza y enciende la luz del estudio, se ilumina la pizarra con la línea de tiempo y las conexiones.
El mensaje de advertencia sigue en su bolso. Antes de empezar a trabajar lo vuelve a leer.
No lo rompe. No lo tira. Lo deja sobre la mesa. Cómo recordatorio o motivación, tampoco está decidido aún.
Pero ese pequeño gesto muestra que la amenaza ya está dentro de su cabeza.
Sacude un poco su cuerpo, necesitando relajar sus músculos y decide comenzar revisando documentos antiguos relacionados con SEQUEV & Cía y la empresa de Transporte.
Busca conexiones entre: la empresa de transporte, el caso actual y Armando.
Llevaba algunas horas sin encontrar nada nuevo. Se va a preparar un té, el café podría no afectarle el sueño pero necesitaba tranquilizarse. Al volver al estudio, observa un contrato que habia pasado por alto, no le pareció relevante en un primer momento, pero notó algo inesperado: Las siglas en el contrato temporal, y el sello que se veia borroso. Era una copia de mala calidad y habia como manchas en algunas partes, pero prestando atención las siglas del contratante son las de SEQUEV y el contratado era esa empresa de transporte con las abreviaturas de su primera denominación.
Se sentó para observar en detalle, algo le hace ruido. Es temporal, un plazo máximo de tres meses, es de representación pero no dice del por qué tiene un concepto ambiguo donde hasta se incluye el servicio logístico, fechado y firmado meses antes de la muerte de Armando.
Esto le genera preguntas inmediatas:
¿Para qué necesitaría un estudio jurídico transporte de carga? ¿Qué se trasladaba?
No coincide con la época en que se deshicieron de material en papel cuando se actualizó todo a la era digital, eso fue posterior y con otra empresa de reciclado. Por lo tanto, lo que necesitaría transporte serían documentos o notificaciones judiciales.
Pero lo más inquietante son las firmas: Gennaro y el padre de Adele. Los conecta indirectamente.
¿Los socios sabían que esa empresa estaba implicada? ¿O firmaron sin ver?
Adele repasa las firmas una y otra vez. Las reconoce demasiado bien. Son las abreviaturas que vio toda su vida en documentos de la firma, no puede creer que ambos nombres están ahí y no los reconociera hasta el momento.
Gennaro. Su padre.
Adele siente un vacío incómodo en el estómago.
- Debe haber una explicación
Pero algo dentro de ella empieza a incomodarla.
Vuelve a mirar las firmas. Durante años pensó que su padre siempre estaba un paso delante de todos. Esta vez no sabe si eso la tranquiliza… o la asusta.
Toma en sus manos los documentos policiales viejos, lee un informe de un accidente menor relacionado con la empresa de transporte. Busca si la firma lo representó en este caso, pero respira tranquila cuando observa que fue un arreglo entre seguros donde no hubo intervención de Sequev.
Lo que sí aparece es el nombre del mismo conductor del caso actual. No como acusado. Como testigo. Esto cambia todo.
Porque significa que ese hombre ya estaba ahí antes, vio algo y ahora quiere hablar.
Adele se queda mirando el documento. Y piensa algo inquietante:
- Esto lo confirma. Él no pidió que lo representara por casualidad.
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El peso del silencio
Daniel en el archivo contable, continúa revisando balances antiguos.
Pero en realidad está con el seguimiento de la pensión. Encuentra algo inquietante, el pago nunca se interrumpe, siempre el mismo monto en moneda extranjera.
Pero el concepto cambia cada semestre: asistencia externa, honorarios especiales, apoyo administrativo.
Daniel decide no confrontar a su padre todavía. Porque sabe que si pregunta directamente, obtendrá una respuesta preparada.
Decide otra cosa.
Buscará a la persona que recibe el dinero.
Revisa el número de la cuenta en la que se envía el dinero y el domicilio fiscal de la misma. La anota.
Mira el papel unos segundos. Y piensa: “Si voy, no hay vuelta atrás.”