YO EN MODO: ¡HACE CALOR!
—Dile a tu amiga que piense en algo gracioso mientras nos espera —me dice Aramis y, después de mirarlo extrañada por su comentario, le escribo a Lila lo que acaba de decirme.
— ¿Sucede algo? — Lo siento extraño desde que salimos de su apartamento, interrumpiendo mi muy deseada folla... mama... ¡Oh, bueno! Lo dejaré solo, en orgasmo, sin dar más detalles.
En definitiva, desde que el pobre se quedó con ganas y tuvimos que ir a mi oficina, porque en ese lugar Lila guardaba las llaves extras de su casa. La expresión de Aramis ha cambiado considerablemente.
No puedo, estoy aterrd
Leo la respuesta de Lila y voy a responderle cuando escucho que responde a mi anterior pregunta.
— No, todo está perfecto. Pronto llegaremos a casa de tu amiga — Su tono es serio y de inmediato cambia de tema, para luego fruncir el ceño — Hay algo que no entiendo, ¿Lila es tu secretaria o tu amiga? — Me pregunta.
Eso tampoco lo tengo muy claro, en ocasiones parece mi enemiga, por ejemplo, en ocasiones como esta.
— Las dos cosas, no tengo amigas y ella ha sido incondicional conmigo y siempre está cuando la necesito — Le respondo con la verdad, Lila, a pesar de lo imprudente que a veces puede ser, es una persona muy leal.
Observo hacia la ruta. Desde que mi antigua mejor amiga me engañó con Lorenzo, me alejé del grupo con el que salía y compartía mi tiempo libre, chicas que conocía desde el instituto o la universidad.
Lila siempre ha estado ahí para ayudarme y le encanta invitarme a comer o a tomar una copa y todo el tiempo quiere saber sobre lo que sucede en mi vida; en realidad sí, es lo más cercano que tengo a una amiga en la actualidad; sin embargo, no conozco su casa, sé que vive cerca de la oficina, pero nunca he ido hasta ahora.
— Entonces eres su jefa y la del chico que está con ella — Afirma y lo miro sin tener claro lo que desea saber.
— El chico es un pasante, no me relaciono mucho con él, pero sí, soy su jefa —le digo y reviso mi teléfono, esperando que no haya pasado algo más grave con Lila.
— ¿Eres la dueña de la agencia? — Su voz continúa siendo fría, ausente.
— No, pero mi padre sí, ¿Acaso eso te molesta? — No soy una persona que se fije en el nivel económico, aunque hasta ahora no había parecido tan importante en mi vida.
— ¿Qué esperabas de esta noche, Zoa? Porque estoy seguro de que no era solo sexo— Sus palabras me desarman, esperaba mucho más, por supuesto, y ahora no sé cómo abarcar el tema. ¡Dos tíos directos en unas pocas horas, ya es suficiente!
— ¿Estás seguro de que sabes lo que espero? ¿Y qué se supone que estoy esperando? ¿Y cómo estás tan seguro de que no te equivocas? — Estoy enojada con el comentario de Aramis, no dejo de mirar el teléfono para poder calmarme y de paso saber si todo sigue bien con Lila.
— Eres de las mujeres que lo quieren todo o nada, Zoa y yo no sé si estoy preparado para dar tanto, cuando normalmente no entrego mucho, por lo general no entrego nada — Esto es inaudito. En solo un día he tenido a dos hombres diciéndome de forma diferente que solo sirvo para el sexo. ¿Es que todos son así? ¿O el problema soy yo? — Lo supe en el momento en que saliste de mi casa, anoche, esperas mucho más— Cierro los ojos ante su respuesta que me enfurece un poco más, cuanto hasta diez y luego contesto con la mayor calma posible.
— Si estabas tan seguro, ¿por qué fuiste a buscarme? — Lo interrogo enojada. Tiene que ser coherente entre lo que hace y lo que dice.
Disminuye la velocidad del auto y me mira a los ojos un instante.
— Porque quería estar equivocado —me dice con calma. Miro hacia la ventana e intento respirar con tranquilidad.
Tengo la impresión de que últimamente todos utilizan un lenguaje diferente conmigo, y logro entenderlos.
Reviso mi teléfono al escuchar el tono del mensaje entrante.
¡Zona, por favor!
Tengo la impresión de que no vamos a encontrar una plaza para parquearnos y que Lila va a tener que esperar un poco más de tiempo. Las desventajas de vivir en París, donde es casi que imposible parquearse con facilidad.
Llegaremos pronto
Le respondo esperando tranquilizarla.
— Lo siento, Aramis, no quiero ser una más en tu lista de conquistas —le digo.
Nuestro auto pasa por el lado de cuatro chicas que se encuentran hablando cerca de un coche parqueado.
— Todo está claro. Hemos llegado —me responde Aramis, deteniéndose por completo y bajando la ventanilla del lado del conductor para luego hablar con las mujeres.
— Bonsoir, mesdames. ¿Sabrían dónde puedo encontrar un parqueadero cerca de aquí? Mi compañera y yo hemos sido llamados para atender una urgencia médica en ese edificio — Miro a las chicas, e intento no mostrar lo alucinada que me siento. ¿No irá a decirles lo que está sucediendo?
— No te preocupes, cielo, nosotras, ya nos vamos. — La chica que al parecer es la conductora, le guiña un ojo a Aramis y le sonríe.
— Gracias, bella. Eres increíble —él le responde bajando un poco el tono de su voz, volviéndola más ronca y yo solo pienso en golpearlo.
Todavía sigo alucinando, ha conseguido que las chicas se vayan de inmediato y sin ningún problema, cuando estoy segura de que si hubiese sido a mí, me hubiesen dicho que estaban ocupadas y que no las molestara.
— No sé cómo lo haces, pero tienes un poder de seducción increíble — Le digo mientras intento abrir la puerta, no sé si estoy cabreada por la forma en la que habló con las chicas teniéndome al lado o por comprender que simplemente seré una más en su cama.
— No hago nada, nunca ha sido necesario —me responde con toda naturalidad. ¡Qué imbécil!
Abro la puerta y corro al apartamento de Lila, me detengo al observar la imagen que me recibe.
— ¡Oh Dios mío! — Suspiro y bajo la mirada, en mi mente se deslizan los recuerdos de lo que hacíamos Aramis y yo hace poco tiempo.
Josep, mi pasante, se encuentra completamente desnudo, tiene un cuerpo realmente perfecto, como el de un deportista y yo nunca lo había notado.
Su cabello rubio ceniza y ojos oscuros se abren desmesurados al verme, y los míos al ver su, increíble y grande pene, que, por supuesto, se muestra potente y majestuoso. ¡No sé por qué diantres pensé que ya tendría que haber vuelto a su estado normal!
Levanto la mirada, hace calor, mucho calor, sobre todo porque siento el cuerpo de Aramis detrás del mío y escucho lo que susurra a mi oído.
— Me hubiese encantado tenerte así en este momento — ¡Oh por Dios!
¿Cómo puede ponerme así de caliente con sus palabras y un solo roce cuando acaba de decirme que no soy más importante que alguna de todas esas chicas que se folla contra la pared del balcón de su casa?
Vuelvo a recorrer el cuerpo del Josep, que se encuentra con los brazos extendidos y atados contra los barrotes de la cama con unas esposas rosas; ahora entiendo por qué existen todavía este tipo de camas.
Tiene los ojos vendados y sus piernas están de igual forma extendidas y sus pies atados; giro un poco mi cabeza y calculo el tamaño de la cama, porque Josep es relativamente alto.
Para terminar, sintiéndome bastante acalorada y avergonzada, observo a Lila que tiene puesto algo indescriptible de cuero n***o. ¿Va de domadora?
Parpadeo confirmando mi suposición al ver un látigo de cuero al lado de la cama. Esto de verdad va en serio ¡Está dominando a mis pasantes en su cama!
— ¿Lila? — Suspiro.
— ¿Señorita Bellerose? — La voz temblorosa del pasante me interrumpe, para que Lila meta su cosa hasta el fondo de su garganta, no le tiembla nada, o tal vez sí, o la verdad es que me estoy haciendo un rollo con todo esto.
— Josep, luego hablaré contigo — Le digo y observo la mirada impresionada y vidriosa de Lila, las lágrimas se derraman por sus mejillas y está completamente pálida — ¿Qué le pasa? — Me vuelvo a preguntarle a Aramis, como una completa idiota.
— Teniendo en cuenta que posiblemente tiene un piercing atravesado en su garganta y que debe llevar unos buenos veinte minutos en la misma posición, diría que está realmente mal — Aramis se acerca a Lila e intenta observar entre su garganta.