— ¿Y crees que me haces falta? Lo siento querido, para poder tener celos o extrañar algo, es necesario sentirlo antes y te aseguro que lo tuyo, no lo sentí en ningún momento — Le digo girando un lápiz en mi mano, que tengo ganas de partir en dos.
— No voy a permitirte que me faltes al respeto, Zoa — Me responde.
— Y yo no voy a permitir que vengas a entrometerte en mi trabajo, tú con tus cuentas y yo con las mías y el camino arreglado — Tomo mi teléfono y salgo de mi oficina, que haga lo que quiera — Eres una traidora — Le digo a Lila cuando la veo llegar con una bandeja con dos tazas de café y sigo mi camino.
Necesito que este día se termine pronto, estoy al borde de un ataque.
Ya en casa, me como las uñas pensando en salir o no a la terraza, creo que mi pobre corazón se moriría si vuelvo a ver a Aramis tirándose a alguien frente a mí ¡Ay, no! Parezco la novia ofendida y solo me invitó a una cena y me dio un beso.
Mi teléfono suena y reviso que no sea mi padre o Travis, porque por supuesto que tengo su número de teléfono, después de que amablemente mi padre me lo enviara.
“¿Zoa?”
La voz al otro lado de la línea me deja estática, mis manos empiezan a temblar de inmediato.
— Lo siento, si me llamas por algo relacionado con el accidente… — Digo de inmediato, intentando respirar con normalidad.
“Pensé que desayunaríamos juntos”
Tiene una voz ronca, extremadamente embriagante. Miro por mi ventana hasta su balcón, pero no hay nadie.
— Lo siento Aramis, tengo la impresión de que estás comprometido y no estoy interesada en desayunos furtivos — Cierro los ojos, esperando que comprenda que no quiero verlo, quisiera reclamarle sobre la chica de anoche, pero no puedo decirle nada, o me pondría en evidencia.
“¿Puedo subir?”
El teléfono se me cae de las manos y me pongo en cuatro intentando sacarlo de debajo del sofá a donde se ha deslizado ¡Mierda!
¿Está aquí en mi edificio?
— ¿Cómo sabes dónde vivo? — Pregunto como una estúpida cuando logro recuperar el teléfono.
“De la misma forma que tú conseguiste mi dirección”
Me llevo la mano al corazón y vuelvo a mirar hacia su balcón, todo está oscuro ¿Por qué no está en su casa? ¿Qué hace aquí?
— No sé a lo que te refieres, fue una casualidad. Estaba buscando el restaurante que mi amiga me recomendó ¿Recuerdas que te lo dije? — Respondo rápidamente, mi corazón latiendo a mil por hora.
“Las casualidades no existen, Zoa”
Mi respiración se acelera y alejo el teléfono de mi boca. Tengo miedo de que escuche mi arritmia y comprenda todo lo que me afecta.
— Aramis, no tengo tiempo para perder con hombres que cambian de mujer como si fueran una nueva camisa — Me atrevo a decirle y me muerdo una uña.
“No he podido dejar de pensar en ti, en tu beso, todavía tengo el aroma de tu cuerpo impregnado y el sabor de tus labios en mi boca”
¿En serio? Pero sí, minutos después de que me fuera, recibió a esa chica.
“Déjame subir”
Me muero por decirle que sí, al fin y al cabo, había decidido hacerlo con él, y como en definitiva, seré una huella más en su cama, no hace ninguna diferencia esperar ¿O sí? ¡Me estoy volviendo loca!
“Si no te sientes segura, baja, te invito a cenar”
— No quiero importunar, tal vez alguna chica estará esperándote o...
“No lo creo, mi hermana es la única que se presenta sin avisar y ya vino ayer, si te hubieses quedado un rato más, la hubieses conocido”
¿Qué? ¿Su hermana? En realidad supongo que me cree una estúpida.
“Aunque tal vez fue mejor que no te conociera ayer, porque estoy seguro de que no hubiese apreciado que me interrumpiera mientras te follaba”
El teléfono vuelve a caérseme y trago con fuerza.
A estas alturas, estoy tan húmeda que no sé qué hacer, mi mente se encuentra en una nebulosa de deseo y sé que sería muy estúpida si le creo que esa mujer era su hermana; pero si soy franca conmigo misma, quiero hacerlo, puesto que no lo vi haciendo nada con ella, solo hablaban y tomaban de sus copas; pero tampoco me quedé en la terraza para saber lo que pasó a continuación.
“Baja, Zoa”
Al recuperar el teléfono, escucho su voz cargada de deseo y sé que estoy perdida.
Debería quedarme en la seguridad de mi casa, tengo suficientes cosas para desayunar y aunque no sé cocinar muy bien, sé servirme una tostada con mermelada y preparar un café.
¡Diablos! Mi café es horrible. Tal vez, solo por el café debería ir, aunque sea una excusa tonta porque llevo muchos años bebiéndolo como si fuera un elixir.
Tomo las llaves de mi casa y salgo con el teléfono en mis oídos, creo que Aramis sabe que estoy yendo hacia él, porque no ha vuelto a hablar ¿Tan fácil soy?
Estoy loca, pero no soporto las palpitaciones de mi centro y a pesar de lo que le dije al imbécil de Travis esta mañana, estoy cansada de satisfacerme por mí misma.
Antes de que el ascensor abra la puerta, decido retractarme y decirle a Aramis que todavía no estoy lista. Respiro con dificultad y siento las manos sudorosas ¡Me estoy convirtiendo en una quejica!
Soy fuerte y puedo hacerlo, puedo decirle que no, todos tenemos derecho a retractarnos, aunque en realidad no le he dicho que sí; Además un café malo y la autocomplacencia son mejor que un corazón roto, por segunda vez.
— Aramis, yo… — Logro decir en el momento que abro la puerta, antes de que su mano se deslice detrás de mi cuello y su boca se adueñe de la mía ¡Oh Dios mío! He encontrado mi oasis, el nirvana.
Toma mi cara entre sus manos y ahonda el beso, me pego a su cuerpo, me he vuelto a poner los tacones, así que no estoy tan en desventaja. Paso mis brazos por su cintura y siento el roce de su erección contra mi pelvis, quiero que me pegue contra la pared y que me penetre una y otra vez aquí mismo, hasta hacerme perder el sentido.
— ¿Nos vamos? Sé que tu casa es más cerca, pero te he preparado la cena — Me susurra mirándome a los ojos — ¡Y el desayuno! — Concluye y mi cuerpo se estremece por completo. Cierro los ojos y asiento ¿Estaré poniéndoselo muy fácil?
Aramis toma mi mano y empieza a caminar por el andén, quince minutos de caminata podrían enfriar las cosas y hacerme capacitar, o tal vez no, pienso en el momento en el que Aramis vuelve a inclinarse y a besar mi cuello.
Lleva un Jean azul, una camiseta negra y zapatillas ¡muy básicos! Pero se ve tan increíblemente guapo que lo noto de inmediato al cruzarnos con algunas mujeres que no pueden evitar mirarlo ¡Ilusas!
Para no dejarme llevar de nuevo por los celos, vuelvo mi cara hacia la calle y frunzo el ceño al observar un Porsche acelerando y por un segundo, mi mirada se encuentra de frente con unos ojos azules, fríos y penetrantes.
¡Travis!