Capítulo 24: ... Las que nos hacen ser quienes somos.

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YO EN MODO: ¡CONTRÓLATE, ZOA, CONTRÓLATE! En ocasiones me preguntaba qué se necesitaba para crear un nivel de tensión tan alto que diera la impresión de que se podría cortar la densidad del aire con un cuchillo… En realidad, hasta ahora voy a pensar sobre esto y no pienso seguir perdiendo mi tiempo con ideas tan extremadamente ridículas. Sin embargo, en este momento podría jurar que si tuviese un cuchillo en mis manos, estaría cortando el aire y la garganta de Christal, la estúpida esposa de Lorenzo. — ¿Ares? ¿Lo has llamado, Ares? — Me vuelvo hacia Aramis que mira a Christal con demasiada atención, como si intentara recordarla de alguna parte. — ¿De dónde la conoces? Acaba de llegar a la ciudad, no puedes simplemente conocerla — Mi padre me mira levantando una ceja, interrogante, dándome a comprender que este no es el lugar adecuado para escenas pasionales. — ¿Christal? — Lorenzo, que se acercó al grupo junto a ella, la mira interrogante. Dirijo mi mirada hacia el salón, los empleados están vestidos de manera formal, elegante; las mujeres perfectamente maquilladas y arregladas, al igual que los hombres. En un apartado de la sala, se encuentra el bar, donde observo a varias personas bebiendo cocteles, sonriendo y hablando de manera muy animada. ¿Por qué mi vida no puede ser como la de ellos y, a cambio, debo estar aquí aguantando a Christal? — Ahora te recuerdo, me has comprado un cuadro — afirma Aramis con tranquilidad y Travis pasa por mi lado y me habla al oído. — Deberías prestar más atención al pasado de las personas con las que te relacionas — se despide del grupo y se aleja. Solo deseo golpearlo, de esa forma podría estar tranquila y satisfecha y no tener que trabajar hasta tarde cada día solo para divertirlo. — Pensé que te llamaban por tu nombre, no sabía que tuvieras diminutivos — Le digo a Aramis, intentando alejarme y llevármelo conmigo, porque Christal pareciera estar a punto de comérsele hasta el último hueso, y, además, porque no pienso responder a las provocaciones de Travis. — Lo siento, Leticia me lo presentó de esa forma, no sabía su verdadero nombre — Otra vez, Leticia, ya no soporto sus estupideces. Gracias a Dios, salió de la vida de Aramis, aunque por lo que veo, Christal y ella hacen parte del mismo grupo de mujeres. No soy para nada narcisista o egocéntrica, pero cualquiera diría que se unieron para joderme la vida. — ¿A quién estás buscando? — La voz de Lila me toma por sorpresa y por un milímetro no cometo un desastre tirándome la copa sobre la ropa. — Lila, ¿puedes dejar de acercarte a mí de manera tan sigilosa? Un día de estos tendré un cuchillo en mis manos y terminaré enterrándotelo en la mitad del vientre —le digo un poco nerviosa. Lila hace un gesto de desagrado y lleva su mano a su vientre en un signo de protección. — Qué idiota soy, me lo imaginé y todo. ¡Qué horror! Pero no podrías hacerlo porque eres muy pequeña a mi lado, no tocarías mi estómago, aunque, espera un segundo. — Se posiciona frente a mí, toma mi brazo y lo mueve hacia su cuerpo, mi mano toca sus senos. — ¡Lila! — Grito quitándola de mi lado y mirando a todos partes disimuladamente, no vayan a creer que tengo una relación sentimental con mi secretaria. — ¡Podrías matarme! — Se sopla la cara y respira profundo. Estoy a punto de marcharme y dejarla sola con sus locuras cuando toma mi brazo y vuelve a hablar, aunque hubiese preferido que no lo hiciese — Entonces, ¿a quién estabas buscando con tanto ahínco? Porque Aramis está ahí, frente a ti. ¡Cuéntame! — Me termino la copa de prisa y tomo otra al ver a uno de los camareros que pasa por mi lado. Lila levanta una ceja y mi mirada vuelve a desviarse por el salón. En realidad no estoy buscando a nadie, o bueno, solo quiero saber que está haciendo el imbécil de Travis, porque después de ponerme a trabajar hasta quemarme las pestañas, viene y me ignora olímpicamente, como si no me conociera de nada. — No miro a nadie en especial, solo confirmo que todos estén divirtiéndose —respondo y vuelvo a tomarme otro trago. — Así como vas, terminarás tu noche en los aseos de damas. Afortunadamente, los de este lugar son hermoso y tienes un sofá supercómodo, podrás pasar la borrachera sin problema — Me dice Lila y sonríe a uno de los becarios. — ¿En serio Lila? — Pregunto muy seria y ella al menos tiene la decencia de sonrojarse. — No seas fastidiosa — Levanto una ceja y en ese momento la expresión de Lila cambia — Creo que he encontrado lo que buscabas y, si no me equivoco, se dirige a los aseos con una linda chica de contabilidad, esa que es altísima, con largas piernas y el cabello dorado como el sol y tiene … — Antes de que continúe con su oda a la chica de contabilidad, mi mirada se dirige hacia el lugar que ha mencionado y observo cómo Travis camina acompañado de la chica, su mano posada en su cintura y pareciendo ser muy íntimos, porque está hablándole al oído. ¿Qué se cree el imbécil? ¿Me besa en un ascensor, me trata como la mierda y luego va paseándose como si nada con la chica de contabilidad de mi empresa? ¿Qué además parece una modelo? — Tengo que hacer pipí — Le digo a Lila y camino con paso firme hacia los aseos, o eso es lo que pienso, el salón se mueve un poquito. Travis se encuentra apoyado contra la pared y sostiene a la chica de la cintura, mientras le susurra algo al oído ¿Va a besarla? Recuerdo la copa que llevo en la mano y retomo mi camino. Por supuesto que no va a venir a ligar con mis empleadas, no sé qué es lo que piensa, si cree que voy a permitir que destroce a las mujeres de mi oficina. ¡No está ni tibio! — ¡Lo siento! — Susurro muy avergonzada cuando mi copa de vino tinto se desliza delicadamente sobre el hermoso y delicado vestido blanco de la chica de contabilidad ¡Haberse vestido de rojo! — De verdad lo siento, envía el vestido a la tintorería y pagaré los gastos o te compraré uno nuevo — Le digo a la chica que no tengo la menor idea de cómo se llama, mientras intento limpiar el desastre que he hecho sobre su pecho. — No se preocupe, señorita Bellerose — Me responde contrariada, mirando furtivamente a Travis, que continúa en el mismo lugar, solo que observándome de manera fría e intensa — Lo siento, creo que tendré que irme — La chica sale disparada y tengo la impresión de que estaba a punto de llorar y yo, entre el remordimiento y la satisfacción, me vuelvo y doy un paso hacia el salón. Un fuerte brazo me toma por la cintura y me levanta como si fuera un peso pluma dirigiéndose conmigo a un lugar apartado que no había visto antes. Abre la puerta y al encender la luz, el mobiliario de oficina me sorprende. — ¿Cómo sabías que había una oficina en... — Tú y yo vamos a hablar — Me dice Travis muy serio. — ¿No te gusta el vino tinto? — Pregunto con una hermosa sonrisa en mis labios, comienzo a sentirme un poco cansada, debo buscar a Aramis e irme a casa. — No me gustan las mujeres celosas — Me dice y yo abro los ojos ¿De quién está hablando? — ¿Estás hablando de mí? — Me señalo a mí misma y sonrío como tonta. — ¡Dímelo tú! — Su expresión fría y furiosa hace que se salte un latido de mi corazón.
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