YO EN MODO: ¿DE DÓNDE SE APAGA?
Me duele la cabeza, lo juro y, aunado a la voz estridente de Lorenzo, ¿cómo no me había dado cuenta de lo molesta que es su voz? La situación me tiene al borde de una crisis nerviosa, lo que ahora parece muy común en mí.
Lleva no sé cuánto tiempo hablando de la moral, la ética, la dignidad y no sé cuántas estupideces más.
—Lorenzo, solo estaba follando, no he vendido secretos profesionales, para tus estupideces y tu lesión de falsa moral —le digo completamente exhausta de su discurso.
— No son estupideces, Zoa, ¿te imaginas si te hubiera visto uno de nuestros colaboradores o un guardia de seguridad? — Otro al que le encanta esa palabrita estúpida: "colaboradores". Al parecer él y Travis son iguales.
— No hubiese pasado nada — Giro en mi silla y cierro las piernas, necesito ir a asearme — o tal vez sí, porque si hubiese sido una chica, estaría pensando en el fabuloso cuerpo de Aramis y deseando ser yo, y si hubieses sido un chico, tal vez buscaría a dónde desahogarse. No estoy segura, me cuesta comprender a los hombres. — Me pongo de pie y me dirijo a la puerta con un poco de incomodidad entre mis piernas, espero que comprenda la indirecta —Lorenzo, es solo sexo, no es el fin del mundo.
— Lo estabas haciendo en la oficina, con un tipo con pinta de gigoló — Saco pecho y miro al imbécil que ahora sí se ha pasado dos tercios.
—¿De qué hablas? Si tú eres uno de los primeros que no pierde oportunidad para follar aquí, con o sin tu mujer — me acerco a él y baja la mirada y de inmediato se pone de pie.
— Yo no hago ese tipo de cosas —me dice arreglándose la corbata de su traje — Y ese tipo está burlándose y aprovechándose de ti.
— No sigas con tus estupideces, porque el hecho de que un hombre te lo haga bien y te regales miles de orgasmos no lo convierte en gigoló. — Me acerco a él y posiciono mi cara muy cerca de la suya.
— Zoa, no te pongas así, solo dime de dónde sacaste a ese tipo, ¿de un bar de strippers? Creo que va a darnos problemas y no quiero que salgas lastimada. — Lo escucho y no me lo creo, esto es inaudito. ¿De dónde se apaga?
— Lárgate de mi oficina, tengo mucho trabajo y te aseguro que lo único que él va a darme a mí, son orgasmos, muchos, miles de ellos. Los que tú no pudiste darme ni una sola vez —su cara cambia, se está volviendo roja y estoy segura de que es de la ira.
— No te atrevas a insultarme de esa manera, estoy muy orgulloso de lo que puedo hacer y...
— Cállate, ¿Quieres? La peor experiencia que he tenido en mi vida ha sido contigo. — Me arrepiento de inmediato de lo que acabo de decir, creo que no es para nada gentil, aunque sea la verdad, y al parecer este día solo me la he pasado diciendo cosas ofensivas.
¿En qué clase de persona me estoy convirtiendo?
— No sabes ni lo que dices, no voy a tomarte en serio, espero que se te pase pronto, porque sé lo influenciable que eres y no voy a permitir que tu... lo que sea que ese tipo sea, dañe la empresa — Lorenzo se queda mirándome, orgulloso de sus palabras.
— Eres un puto imbécil, lárgate de mi oficina — Le grito, porque aparte de insultar a alguien que no conoce, me ha tratado de débil e influenciable — Perdí la lucidez por un momento al creerme atraída por ti y entregarte mi virginidad, de lo que realmente me arrepiento — Lo empujo con fuerza — Contigo no volvería a estar ni aunque me pagarán y te aseguro que si hay una persona influenciable en esta habitación, esa no soy yo — Le muestro la puerta y él se acomoda la corbata.
— Te voy a ver sufrir como una estúpida enamorada —me dice y yo cierro mis dientes, irritada.
— Al menos no soy estúpida por defecto — Sé que me he pasado, mucho, muchísimo, pero si no se lo digo, exploto.
— Vas a arrepentirte de haberme humillado de esta forma — Promete antes de salir de mi oficina.
Quiero gritarle, tener la última palabra, pero no tengo fuerzas para eso y todavía me queda muchísimo trabajo y acabo de perder minutos valiosos, así que termino por sacar de mi mente, mi desagradable encuentro con Lorenzo y me concentro en el desarrollo de la propuesta.
Toda la semana trabajo como una posesa, no tengo tiempo de comer decentemente o de respirar, los chicos están cansados y he tenido a Travis al teléfono más ocasiones de las que hubieses querido, dándome su valiosa opinión sobre lo que debo hacer y lo que no debo hacer y haciendo cambios inesperados a último momento. Por lo que estoy completamente segura de que solo lo hace para molestarme y para que no le entregue la propuesta a tiempo.
— Es tarde — Lila se acerca y me mira de manera interrogativa.
No tengo la menor idea de lo que quiere, últimamente no tengo idea de muchas cosas. Aunque lo que tengo claro es que debo presentarle al idiota de Travis, los aspectos técnicos de la propuesta publicitaria y tienen que ser excelentes. El problema es que siento que me falta todo.
— La fiesta, la empresa, tu padre, los colaboradores — Hago un gesto de asco.
No entiendo por qué mi padre y su supersocio, el padre de Lorenzo, siguieron con la idea de la fiesta anual, cuando se supone que estamos al borde del precipicio, de la quiebra, y la cuenta con los Devereux, es uno de nuestros salvavidas.
Me llena de coraje porque soy yo la que estoy dejándome la piel en esto, mientras ellos vienen y hacen una fiesta increíble y tiran la casa por la ventana.
— No creo que pueda ir, todavía tengo detalles que organizar. — Mi teléfono suena y lo reviso rápidamente. Durante esta semana, solo respondo a los mensajes de Aremis, con él que no he podido verme ni un segundo.
Te extraño, nena
Su mensaje de texto me hace sonreír como una tonta, lo extraño un montón y solo quisiera ir a su casa y comérmelo a besos.
Cada noche que vuelvo a mi casa, es tan tarde que en su balcón las luces están apagadas y no se observa ningún movimiento.
Sé que debería dejar de observarlo a escondidas y decírselo, pero, no sé mucho de él y poder tener acceso a lo que hace, aunque sea por unos minutos, me permite sentirme más segura y confiada.
— Hola, guapo — Lo llamo porque me encanta escuchar su voz ronca, cuando baja algunos decibeles y me susurra al oído. — También te extraño — Cierro los ojos y lo recuerdo aquí, en mi oficina, mientras me hacía gritar de placer sobre este escritorio. Siento las mejillas completamente rojas.
"Ven cuando termines y quédate a desayunar"
Me dice y yo sonrío, por su invitación.
Hasta el momento no hemos logrado tomar el tan anhelado desayuno juntos.
Lila hace un ruido extraño y la miro, ha escrito algo sobre una hoja que puso sobre su pecho.
Invítalo a la fiesta
Suspiro y me muerdo el labio inferior. No he parado de jugar con mi bolígrafo y dudo en decírselo porque no estoy segura del punto en el que nos encontramos.
— A propósito de eso, hoy es la fiesta anual de la empresa — Digo deprisa, estoy nerviosa, como cuando quieres invitar al chico más lindo de la escuela y sabes que todos tus compañeritos van a verlos juntos y a preguntarse qué hace él contigo — No pensaba ir, pero
... ¿Quieres venir? — muerdo el bolígrafo esperando su respuesta.
No somos novios o no estoy segura. Me ha dicho que quiere intentar estar bien conmigo, pero eso claramente no significa que estemos en una relación.
"¿Ahora? Pues vale, te recojo en la recepción en una hora. ¿Te parece bien?".
Cuelgo la llamada y sonrío pensando en lo feliz que se ha vuelto mi día tan solo con su llamada.
—Por favor, no pongas esa cara de idiota. No puedo con eso — Lila me habla, haciéndome salir de mi mundo de ensueño.
— Lila, fíjate en tus palabras, estamos en la oficina y todavía soy tu jefa —le digo e intento volver a mi trabajo.
— No, he terminado hace quince minutos, en este momento no trabajo para ti — me responde, mirando su reloj y caminando hasta sentarse frente a mí.
— Sigues aquí en la oficina, así que sigo siendo tu jefa y voy a contarla como hora extra, así que resérvate tus comentarios para ti misma —le digo e intento terminar la misma página que estoy leyendo desde hace cinco minutos.
— Por eso no tienes amigas y yo soy la única que te soporta, eres muy borde —la miro incrédula. ¿En serio acaba de decir eso? — ¿No te da la impresión de que pasa algo extraño con este chico? Es muy perfecto, ¿no?
— Lila, ¿tienes algo que decirme? — Ella se muerde los labios y suspira.
—Te lo has tirado aquí en la oficina, lo que nunca me hubiese imaginado de ti — ¿De dónde lo sabe? ¡Maldito Lorenzo! — Y estaba tan tranquilo y sabía lo que tenía que hacer el día de mi desafortunado episodio, que he estado pensando mucho en él — Levanto una ceja y la miro intensamente, como siga hablando, voy a golpearla.
— Lila, necesito avanzar —le respondo.
— ¡Ya te cabreaste! Debes aprender a aceptar las críticas y fijarte en la persona con la que follas. ¿Sabes algo de su anterior vida s****l? — Miro con frialdad a Lila y cuento hasta tres, no voy a golpearla, voy a matarla.
— ¿Por eso te metes con mis practicantes? ¿Para no tener que preocuparte por sus vidas sexuales? — Respiro profundo y su gesto de dolor me deja un mal sabor en la boca.
Lila se levanta de la silla y me mira con la frente en alto, llena de desafío.
— Eres la única persona que conozco que empezó su vida s****l después de los veinte, así que no creas que tus pasantes llegan vírgenes o inexpertos a este trabajo — Me responde y gira su cara, con una expresión un poco teatral, para luego dirigirse hacia la salida — Aunque no lo creas y no lo valores, soy tu amiga y siempre me he preocupado por ti; ten cuidado con Aramis porque parece un hombre muy experimentado que te puede dar dos vueltas en cinco segundos, protege tu corazón, Zoa — Finaliza Lila antes de salir de mi oficina.