La reunión se me hace eterna y, con la actitud de Travis, no he pedido beberme ni un solo café; busca hasta el más pequeño fallo en la presentación de la campaña que debe ser aprobada en una reunión del Consejo de la empresa de su familia en dos semanas.
— Perfecto, espero que podamos vernos en una semana y empezar la campaña.
— ¿Una semana? Estoy segura de que la fecha que tenemos es de ...
— Una semana, que tenga un buen día, señorita Bellerose — Intento tranquilizarme y contar hasta diez, pero no sé lo que me pasa con él, que no puedo controlarme.
— Eres un pobre imbécil que no acepta un no por respuesta — Me devuelvo hacia donde está sentado, sus dos colaboradores, como él los llama, ya se han ido — Esto es por lo de ayer ¿Verdad? Deberías tener cuidado, no me toques los ovarios porque terminaré denunciándote por acoso — Travis se pone de pie y en segundos mi cuerpo se encuentra completamente pegado al suyo.
— Cuidado con lo que dice, señorita Bellerose, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver o como en su caso, el que no quiere sentir — Su voz ronca hace vibrar mi cuerpo y me maldigo por ser tan fácil — debería prestar más atención a su cuerpo — Por supuesto, prestar atención a mi cuerpo que en este momento es un puto traidor, porque siento como cada poro de mi piel se estremece y no entiendo absolutamente nada.
Hace pocas horas estaba en los brazos de Aramis y puedo jurar que sentía como si cada parte de mí le perteneciera, pero ahora, con Travis tan cerca, es como si mis sentidos se agudizaran y mi cuerpo lo buscara.
¿Me estaré enloqueciendo?
— No entiendo nada de lo que dices, te aseguro que mi respuesta sigue siendo no — Sus brazos rodean mi cintura y percibo como su corazón late al unísono que el mío.
— Escucha — Travis susurra contra mi boca y trago saliva, fuerte, con ansiedad. No puedo dejar de mirar sus intensos ojos azules — Un día lo aceptarás Zoa y serás mía — Lo empujo y me alejo llevando mi mano a mi pecho ¿Qué está mal conmigo?
— No se preocupe, señor Devereux, en una semana tendrá su presentación, aunque mis colaboradores no tengan derecho a descansar como los suyos — Me vuelvo y salgo de inmediato de la sala de reuniones, atravieso la oficina como si estuviera huyendo del mismísimo diablo; me subo a mi auto y trato de respirar con calma, profundamente.
Todavía siento su toque contra mi cintura y también el olor y la sensación del cuerpo de Aramis contra el mío.
¡Si ya no estoy loca, terminaré muy pronto en ese estado!
Es tarde y no he parado de trabajar. He enviado a los chicos a casa, necesito un café con urgencia y cerrar mis ojos un instante, solo para descansar los parpados. ¡Lo juro!
— Zoa, deberías irte a casa como todos nosotros, tus neuronas van a fundirse — Me dice Lila asomando su linda cara por la puerta de mi oficina, hoy se ha mantenido bastante alejada de mi territorio.
— Con tal de que no se me enganchen en una polla, todo estará bien — me doy cuenta de lo que acabo de decir en el momento en el que la frase termina de salir de mi boca — Lo siento, Lila, yo... — El sonido de mi teléfono, anunciando la llegada de un mensaje, me interrumpe en el momento adecuado — Lila, puedes irte, siento mucho lo...
— Tranquila, has trabajado mucho hoy, hasta mañana y no te vayas muy tarde — Cuando Lila se va, reviso el mensaje y sonrío.
Nena, ¿cenamos juntos?
Maldigo de nuevo a Travis por joder mi vida y no permitirme encontrarme con Aramis.
Lo siento, todavía en la oficina, día complicado. Pero mataría por un café de Charle's y por un beso, sin importar el orden.
No recibo ninguna respuesta, así que dejo de mirar el teléfono como una adolescente estupidisada y continúo trabajando. Estoy muy cansada y desearía estar en este momento entre sus brazos.
— ¿Café? — Levanto la mirada y me quedo mirando hacia la puerta abierta de mi oficina como si fuera una idiota.
¿Estaré alucinando o soñando?
— ¿Qué haces aquí? — Me levanto y camino hacia él, que continúa en la puerta con un café de Charle's y una hermosa sonrisa.
— Tu café — Me lo entrega en el momento en el que me acerco, para luego tirar de mi brazo, pasar una mano abierta por mi cuello y apoderarse de mi boca, sin dejarme tiempo para pensar.
Mi corazón se acelera y de inmediato me siento transportada a un mundo plagado de increíbles sensaciones, donde solo quiero perderme en su boca y cuerpo y, por supuesto, olvidarme de todo.
— Tu beso — Me susurra contra mis labios y yo muero de la emoción al saber que se tomó el tiempo de ir hasta Charle´s y luego venir a verme.
— Eres un cielo — Le digo volviendo a besarlo, esta vez con un poco más de calma.
Mis manos se deslizan por su espalda, deteniéndome en donde empiezan sus glúteos. Suspiro al sentir cómo su m*****o crece, me muevo y el roce de mi pelvis contra la suya me hace gemir de inmediato.
— ¿Segura que solo tienes cinco minutos? — Asiento mientras él me levanta tomando mis piernas y camina conmigo hasta sentarme en el escritorio — Nena, lo siento, pero esta vez será sin preámbulos — enrolla mi vestido en mi cintura, mis piernas se entrelazan alrededor de sus caderas y con mis manos temblorosas intento bajar la cremallera de sus pantalones.
— No puedo hacerlo — Susurro mientras continúo intentando quitar sus pantalones. Al parecer, nunca he guardado mucha coherencia entre mis palabras y mis actos, o, por lo menos, no cuando se trata de él.
— ¿Quieres que me detenga? — Su voz profunda me saca de mis cavilaciones y respondo besándolo con sevicia.
— No, no, no — Sigo moviendo mis manos entre sus pantalones hasta que siento su mano sobre la mía. — No logro bajar tu cremallera — le explico, y en segundos, tiene los pantalones abajo y estoy siendo embestida con fuerza y potencia sobre la mesa de mi oficina.
No puedo dejar de mirarlo, tocarlo y moverme buscando encontrarlo en el camino; mi respiración se acelera por completo, mi mente se pierde en medio de las sensaciones y la lava caliente se desliza por mi cuerpo, llegando hasta mi centro y arrasando con todo a mi alrededor.
— ¡Oh por Dios! — Grito, y su boca de toma la mía, tragándose mis jadeos y mi orgasmo, y compartiendo conmigo su ronco gemido.
— Creo que se te está enfriando el café — me dice cuando nuestra respiración empieza a volver a la normalidad y yo sonrío, dejando mi frente posarse sobre su hombro.
— ¿Seguro que fueron cinco minutos? — Pregunto con la voz roca. Muevo mis piernas, las cuales siento un poco entumecidas, y escucho la cremallera del pantalón de Aramis al ser abrochada.
— No lo sé nena, pero imagino que ahora debo dejarte trabajar — Vuelve a besarme, y dejo que mis manos y piernas se envuelvan en su musculoso cuerpo.
— ¿Zoa? — La voz de Lorenzo hace que Aramis se detenga y se vuelva hacia él, protegiendo mi cuerpo de su indiscreta mirada.
— Nena, pensaba que tu oficina era privada — dice Aramis y yo intento contener la risa, el imbécil de Lorenzo tiene que cargarse todo siempre.