El restaurante aún olía a café recién colado cuando Elena llegó. Gabriel ya estaba sentado, con la mirada fija en la mesa, como si allí pudiera encontrar respuestas. Al verla, se puso de pie de inmediato. El tiempo no había borrado lo que fueron; solo lo había cubierto de silencios.
—Gracias por venir —dijo él cuando ella se sentó frente a él.
—Gracias por llamarme —respondió Elena, nerviosa.
Pidieron el desayuno. Durante los primeros minutos apenas hablaron. Había demasiados recuerdos flotando entre ellos.
—Elena… —comenzó Gabriel finalmente—. Necesito que seas honesta conmigo.
Ella asintió, apretando la servilleta entre los dedos.
—Mandé a investigar sobre ti —continuó—. No fue por desconfianza, sino porque sentía que algo no encajaba desde que volvimos a vernos.
—¿Y qué encontraste? —preguntó ella, aunque ya conocía la respuesta.
Gabriel respiró hondo.
—Que dejaste la universidad poco después de que yo me fuera al extranjero. Y que ocho meses después… nació una niña.
Elena levantó la mirada. Ya no había forma de huir.
—Sí —respondió con voz firme.
El corazón de Gabriel se aceleró.
—Dime la verdad —pidió—. ¿Esa niña es mía?
Elena cerró los ojos por un instante, reuniendo fuerzas.
—Sí, Gabriel. Valeria es tu hija.
El mundo pareció detenerse. Gabriel se reclinó en la silla, llevándose una mano al rostro.
—Tengo una hija… —murmuró—. Todo este tiempo.
—La crié sola —dijo Elena, sin reproches—. Dejé la universidad, trabajé en lo que pude. Pero nunca le faltó amor.
Gabriel la miró con los ojos humedecidos.
—Te fallé —dijo—. Aunque no lo supiera… te fallé.
—No vine a reclamarte nada —respondió ella—. Solo necesitaba que lo supieras.
El silencio que siguió fue largo y denso.
—La vi —dijo Gabriel de pronto.
Elena frunció el ceño.
—¿Cómo?
—En la presentación de los nuevos socios de la Constructora Alvarado. —explicó—. Estaba allí, trabajando. No sabía quién era… pero sentí algo extraño. Ahora lo entiendo.
Elena bajó la mirada.
—Ella estuvo en esa fiesta…
—Sí —asintió él—. Me vio, me escuchó hablar. Para ella solo soy un socio más. No sabe quién soy en realidad.
—Y así debe seguir siendo por ahora —dijo Elena con firmeza—. No está preparada.
—Lo respeto —respondió Gabriel—. No quiero irrumpir en su vida sin tu consentimiento.
Pagaron la cuenta y salieron juntos. Gabriel insistió en llevarla a casa. El trayecto fue silencioso, cargado de pensamientos.
Al llegar, Gabriel se detuvo frente a la puerta.
—Esta noche tengo una cena —dijo—. En casa de Alejandro Alvarado.. Es mi viejo amigo… y ahora socio.
Elena sintió un leve sobresalto.
—Lo sé. He escuchado mucho ese apellido últimamente.
—Necesito ir a prepararme —continuó Gabriel—. Pero esto… —se tocó el pecho— cambia todo.
—Sí —respondió Elena—. Cambia todo.
Gabriel se marchó con el corazón revuelto, sin imaginar cuán cerca estaba su destino del de su hija.
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Horas más tarde, Sebastián Alvarado. estacionó frente a la casa de Valeria. El viaje de negocios había sido un éxito, pero ambos sentían que lo mejor no había sido el contrato firmado, sino el tiempo compartido.
Valeria bajó del auto con una sonrisa que aún no lograba ocultar.
—Gracias por traerme —dijo, acomodándose el cabello.
Sebastián la miró con intensidad, como si aún no quisiera soltarla.
—Gracias a ti por acompañarme.
Se acercó y la besó. No fue un beso tímido ni breve; fue profundo, cargado de deseo contenido y promesas que aún no se atrevían a nombrar.
—Esta noche tengo una cena en casa —dijo él, apoyando su frente en la de ella—. Mi padre invitó a un viejo amigo. Para mí es casi como un tío.
Valeria sonrió.
—El nuevo socio —dijo—. Gabriel Montoya.
Sebastián asintió.
—Sí. Él.
—Lo conocí en la fiesta de presentación —añadió Valeria—. Me pareció un hombre… interesante.
Sebastián sonrió, sin darle mayor importancia.
—Mañana te llamo —dijo antes de besarla una vez más, con calma, como si quisiera memorizarla.
Valeria entró a su casa con el corazón acelerado, sin saber que ese hombre del que hablaban con tanta ligereza era el mismo que había marcado la vida de su madre… y el origen de la suya.
Mientras tanto, en la mansión Alvarado, se preparaba una cena entre viejos amigos, ajenos aún a la verdad que pronto los obligaría a enfrentarse a su propio pasado