Capítulo:18

601 Words
El beso que no se olvida. El trayecto de regreso fue tranquilo. No incómodo. No silencioso. Solo cargado de todo lo que no se decía en voz alta. Sebastián conducía con una mano firme sobre el volante. Valeria miraba por la ventana, pero sonreía sin darse cuenta. La noche había sido perfecta. Demasiado. Cuando el auto se detuvo frente a su casa, ninguno de los dos se movió de inmediato. —Gracias por esta noche —dijo Valeria al fin—. La pasé muy bien. Sebastián la miró de frente. —Yo también —respondió—. Mucho más de lo que esperaba. Ella abrió la puerta, pero antes de bajar él la tomó suavemente de la mano. —Valeria… Ella lo miró. No hubo más palabras. Sebastián se inclinó hacia ella, despacio, dándole tiempo para detenerlo si quería. Pero Valeria no se apartó. El beso llegó primero suave… y luego profundo. Un beso que no preguntó. Que no dudó. Que ardió. Sebastián la atrajo con firmeza, como si el mundo se redujera a ese instante. Valeria respondió sin reservas, aferrándose a su chaqueta, perdiendo el equilibrio solo para sentirlo más cerca. El tiempo se suspendió. Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban distinto. —Buenas noches, Valeria —susurró él, apoyando su frente contra la de ella. —Buenas noches, Sebastián —respondió ella, con el corazón desbocado. Valeria bajó del auto sin mirar atrás, porque sabía que si lo hacía… no entraría a casa. Sebastián se quedó observándola hasta que cerró la puerta. Encendió el motor con una sola certeza: ese beso no había sido un error. Y Valeria, apoyada contra la puerta de su habitación, se llevó los dedos a los labios, sabiendo que acababa de cruzar una línea que ya no tenía vuelta atrás. Porque hay besos que no se olvidan. Y hay noches que marcan el principio de todo. Antes de que todo cambie. Valeria apenas cerró la puerta de su habitación, dejó caer el bolso sobre la cama y se llevó las manos al rostro. Sonrió. Luego rió bajito. Después suspiró como si necesitara recuperar el aire. Tomó el teléfono y marcó sin pensarlo. —Dime que estás despierta —dijo apenas Camila contestó. —Por tu tono… pasó —respondió su amiga—. Cuéntamelo todo. Ahora. Valeria se dejó caer sentada. —Fue maravilloso, Cami. La cena, la conversación… y al final… —se mordió el labio— me besó. —¿CÓMO fue ese beso? —preguntó Camila, emocionada. Valeria cerró los ojos al recordarlo. —Intenso. Seguro. Como si supiera exactamente lo que quería… y me quisiera a mí. —Ay, amiga… —suspiró Camila— eso no es cualquier cosa. —Eso es lo que me asusta —confesó Valeria—. No fue solo atracción. Fue… conexión. —Y mañana es la presentación de los nuevos socios —añadió Camila—. Nada más y nada menos. —Exacto —dijo Valeria—. Tengo que estar enfocada. Profesional. No puedo dejar que nada se note. —Ya se nota —rió Camila—. Pero confío en ti. Valeria sonrió. —Gracias por escucharme. —Siempre. Ahora duerme. Mañana puede cambiar muchas cosas. Valeria colgó y dejó el teléfono a un lado. Miró el techo, pensando en Sebastián… en el beso… en todo lo que estaba a punto de comenzar. Se levantó, preparó la ropa para el día siguiente y apagó la luz. Antes de dormir, solo pensó una cosa: Que mañana salga todo bien. Sin saber que, a partir de la presentación, nada volvería a ser simple.
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