La mañana amaneció gris, como si la ciudad misma presintiera lo que estaba a punto de ocurrir. Sebastián llegó a la sala de juntas con el rostro sereno, aunque por dentro llevaba una tormenta. Había pasado la noche casi sin dormir, repasando escenarios, preparándose para lo inevitable. Valeria no estaba allí, y eso, aunque dolía, también lo fortalecía: tenía que mantenerse firme por ambos. Uno a uno fueron entrando los socios. Renata lo hizo tomada del brazo de Miguel, con una expresión segura, casi triunfal. Estaban convencidos de que ese día marcaría el final de Sebastián… y el inicio de su ascenso. Gabriel Montoya entró al final. Su presencia imponía respeto. No habló, solo tomó asiento y observó a todos con atención quirúrgica. Alejandro Montoya carraspeó. —Damos inicio a la votac

