NESS *2

1430 Words
NESS Me despierto un poco adolorida, sin embargo me siento feliz, giro y noto el lugar de Santiago vacío, deslizo mi mano y aun se siente su calor, lo que me deja en claro que es poco el tiempo que se ha levantado, estiro mi cuerpo y decido levantar e ir por una ducha caliente que ayude a liberar la tensión de mis músculos. Cuando termino salgo del baño envuelta en mi bata de paño color negra y entonces lo veo sentado en la cama ya a medio vestir, su camisa abotonada y la corbata en su cuello sin terminar, habla por teléfono y da instrucciones, me acerco despacio; cuando me ve sonríe de esa manera que me gusta y enloquece por igual. Llego hasta él que se gira por completo y me coloco entre sus piernas mis manos acarician su pecho y suben despacio hacia su corbata donde comienzo a hacer el nudo, le dejo sin apretar mientras levanta su mirada hacia mí y me jala con su mano libre pegando mi cuerpo al suyo tanto como la posición nos lo permite. ―Bien , te veo en un par de horas y verificamos esa información, ahora voy alimentar a mi amada ―Comenta antes de colgar la llamada. Coloco mis manos en su cabeza y peino su castaño cabello hacia atrás como tanto le gusta, siempre lo trae corto y esas pequeñas ondas que se forman al secarse le van de maravilla, quisiera que lo dejara crecer en algún momento solo un poco más. ―Buenos días, cariño, cómo amaneciste ―Murmura mientras sus manos desatan el mundo de mi bata. ―Bien, te levantaste muy temprano, por qué no me despertaste. ―Porque quería que siguieras durmiendo mientras te veías así perfecta en la cama.    ―Pero yo quería desayunar contigo antes de que te fueras. ―Y aquí estoy, solo que mi desayuno como que cambiará ―es lo último que dice antes de tomarme por la cintura y girarme dejándome sobre la cama con mi bata abierta mientras se ubica sobre mí y desabrocha su camisa y tira la corbata a un lado. ―Llegarás tarde ―Indico antes de sentir sus labios prendarse de mi pecho derecho mientras acaricia con su mano izquierda el otro. ―Dije que voy a desayunar y eso haré, que ellos esperen alguna vez no les hará daño, pero en cambio yo estoy dejando lo  más importante de mi vida aquí y sin saber cuándo lograré tener así nuevamente. Jadeo al sentir sus caricias que se van desplazando y antes de perderse por completo en mi piel devora mis labios asegurándome una vez más que me ama.     */*/*/*  */*/*/*  */*/*/ Cuando Santiago ya se ha ido me quedo un rato más en la cama deleitándome con el delicioso desayuno que me dejo luego de nuestro encuentro de la mañana, afuera el frio se siente mucho más fuerte y la lluvia ha comenzado. Tomo mi teléfono y destapando un poco mi cuerpo dejando ver parte de mi desnudes, tomo una foto y se la envío a mi novio; colocando un pequeño mensaje al pie de la foto. Mi cama te extraña En seguida que le llega la imagen, envía una respuesta. Yo te extraño a ti Sonrío y me despido, busco el chat con Lau y le indico que hoy a las diez de la noche llamaré  a Emy y con muy pocas ganas me dirijo a mi pequeño estudio decidida a trabajar y en montar la ficha para la evaluación de la hermana del Cristóbal de Laura. Sin darme cuenta luego de la llamada de Santiago, me llega la información de contacto para llamar a Emm, me preparo una tasa grande de té n***o con leche mientras se acerca la hora de la llamada de Em, por lo que me preparo. Cuando son justas las diez de la noche marco el número telefónico enviado, luego del tercer repique mi llamada es atendida: ―¿Bueno? ―escucho decir la voz de una mujer en tono bajo y tembloroso. ―Hola, Em, mi nombre es Ness Craig, soy psicóloga y amiga de Laura que entiendo en amiga de tu hermano Cristóbal, es así, él es tu hermano. ―Sí ―responde quedo y veo que aún está en la etapa de temor. ―Me han comentado que pasas por un momento fuerte que sea prolongado más de lo debido y que buscas mejorar tu estado de ánimo, yo puedo ayudarte pero necesito saber si estás bien con recibir mi ayuda, y que coloquemos un horario para las sesiones, para ello debes decirme tu respuesta de forma clara, segura y con un tono adecuado.   ―De acuerdo, sí quiero. ―Los días en que podemos trabajar serían los siguientes: martes, jueves, sábados, de acuerdo. ―Martes, jueves, sábados, de acuerdo ―repite asimilando los días y responde aceptando lo que le propongo. ―Apenas tenga tu propia línea telefónica házmela llegar para que podamos contactarnos sin esperar a otros, o si necesitas algo puedas contactarme.  ―Sí, apenas tenga la línea te avisaré. ―Ahora me puedes comunicar a Cristóbal, entiendo que él tu hermano y quien está contigo, ¿es cierto? ―Sí, te lo comunico, y gracias. ―Siempre a tu orden.  Después de unos segundos una voz gruesa y vibrante se escucha y un sustico me da en el cuerpo al escucharla, dejándome por un momento sorprendida por mi reacción. ―Sí, diga ―pregunta, quien deduzco es el Cris de mi amiga. ―Hola, Soy la doctora Craig, usted debe ser Cristóbal, ¿cierto? ―Pregunto retomando mi voz firme, manteniendo mi tono bajo y  pronunciación lenta. ―Sí, ¿en qué puedo ayudarla? ―Bien, he hablado con Emy y le he indicado como trabajo, le estoy enviando en este momento mi contrato de honorarios, un familiar responsable del paciente debe llenarlo y firmarlo por ella, legalmente ella es responsable de su persona, psicológicamente no lo es. »Por ello requiero los datos que solicito en la planilla adjunta al contrato, inicialmente deduciendo por el tono de voz, el temblor al habla en la misma y las respuestas cortas la atenderé tres veces a la semana por este primer mes, una vez salga del estado de ansiedad que presenta cambiaremos a lo que se necesite en su momento. ―Estoy de acuerdo doctora, lo que usted considere, siempre y cuando ella se sienta bien. ―Le hare una pregunta y deduciendo que ella está cerca en estos momentos necesito que se retire a donde pueda responder con sinceridad. ―Bien ―se hace una pausa y luego escucho nuevamente su voz: ―listo estoy donde puedo hablar. ―Necesito que me responda con sinceridad.   ―Lo haré. ―Ha atentado, Emy, contra su vida ―el silencio que se hace en la conversación me deja en claro que la respuesta es la que he deducido. ―Sí ―la respuesta es  firme aunque su voz se siente levemente ahogada lo que me hace saber lo mucho que le importa ella.   ―¿Más de una vez? ―No que yo sepa. ―Cuénteme qué situación vivía, Emy, en ese momento. ―Ella acababa de recibir unos mensajes y llamadas de su acosador, fue a mi casa y llego otro mensaje donde indicaba que sabía que estaba allí, ella quería irse, alejarse, pero no la dejamos y en medio de la discusión la puerta sonó y el pánico se apodero de ella, yo estaba bloqueando la puerta y Nikolay cerca de ella, así que miro la ventana e intento llegar a hasta allí… ―¿Crees que ella hubiese saltado? ―Sí, no tenía dudas en ese momento. ―De acuerdo, entonces no podemos dejar que se quede sola no por lo menos hasta mis primeras secciones con ella, puede asegurarse que este acompañada, sin embargo que no se sienta agobiada, ni limitada a si quiere salir, subir a una azotea, acercarse a una ventana; puede entender mi punto. ―Sí, claramente. ―Entonces, espero que me facilite una dirección electrónica, le enviaré todo digital y hágame llegar, apenas lo tenga, el número telefónico de Emy. ―Lo haremos. ―Bien, me parece perfecto, ah y dele mi numero al señor Nikolay porque presiento que me será de gran ayuda. ―Lo hare, gracias. ―Hasta luego, Señor Cristóbal. ―Hasta luego, Doctora Craig ―y la manera en que menciona mi apellido envía nuevamente una corriente a mi cuerpo que se estremece solo al escuchar su voz.
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