NESS * 1
NESS
―¡Felicidades!, doctora Craig ―murmura mientras me abraza tomándome desprevenida ―sabía que lo lograrías eres la mejor ―me gira en sus brazos y me besa, esos besos llenos de sensualidad y que nos trasportan a nuestro mundo a ese en el que nos perdemos.
―Señor fiscal, hoy llegó temprano ―respondo cuando nos separamos en búsqueda del aire que se nos hace poco cada vez que nos perdemos en nuestros anhelos.
―Tenia urgencia de verte, me sentí súper orgulloso viéndote defender tu punto, de verdad que me fascina la pasión con la que puedes hablar y defender el sexo y todo en su ámbito además de que me pone caliente… deseoso de llegar aquí y tenerte solo para mí.
―Entonces estas aflorando ese perverso problema de obsesión por mí ―me burlo mientras comienzo a desabotonar su camisa uno a uno los botones, para luego tirar de él por su corbata.
Nuevamente unimos nuestros labios y en algún momento termino de quitar el saco de su traje hecho a la medida, lo arrojo hacia el suelo en cualquier lugar mientras desabotono las mangas, desechando los gemelos con sus iniciales en nuestro paso, me toma por la cintura y me sube a la suya haciendo que mis desnudas piernas se crucen en esta, me recuesta de la pared más cerca; sus besos desciende desde mis labios hacia mi cuello , mordisquea y succiona sobre mi clavícula, por lo que sé que dejara marca, continua su recorrido adorando con su boca mi piel, llega al centro de mis pechos y se detiene mientras me acaricia con la punta de su calidad y humedad lengua.
El calor se apodera de mi cuerpo intensificando el deseo, jadeo y pegándome más a la pared para evitar me caiga mientras con sus manos toma los lados de la camisa que tapa mi cuerpo.
―Adoro como se te ven mis camisas, eso me enloquece, saber que te vistes con ellas mientras me esperas aquí en casa, solo y únicamente para mí.
Jadeo al escuchar la tela rasgarse y los botones saltar hacía varias direcciones su ojos grises se tornan oscuros sus labios se curvan en una sonrisa de lado y su mirada es prometedora, un pequeño escalofrió recorre mi cuerpo haciendo mi excitación notable en mis senos, mientras su mirada me recorre lentamente deleitándose con mi cuerpo ahora totalmente expuesto a sus ojos.
Lo escucho gruñir y en segundos estamos en un vaivén de sensaciones que nos trasportan a un mundo lleno de los más bajos y codiciosos deseos pasionales, un ruleta de morbosidad, pero al mismo tiempo de deleite.
El rebote se intensifica haciéndonos gritar enloquecidos de deseo, haciendo exigencias desenfrenadas para satisfacer la avaricia de lujuria que nos desborda en cada entrega, no puedo ni pensar en respirar cuando solo reina las ansias de poseernos.
Unos minutos después nos encontramos en la cama disfrutando, posterior de una porción de mimos de otra entrega que no le envidia nada a ninguna de las anteriores, y que es una de las cosas que me enloquecen de él; que cada vez que nos entregamos parece ser la primera, con las mismas ansias, intensidad y posesión.
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El zumbido constante me despierta de golpe y un poco desorientada tomo el celular de la mesa de noche de mi lado, intento moverme un poco y siento sus manos apretarme más a su cálido cuerpo.
Volteo los ojos mientras veo la llamada nuevamente de mi amiga Laura, ella es más que mi amiga es esa familia que no tengo ya, mi hermana y mi confidente, es el sol de mi vida.
―¿Sabes que acabas de interrumpir mi sueño de belleza, cierto?, dime dónde es el incendio ―le digo apenas atiendo la llamada, manteniendo la voz baja.
―Ja, ja, ja no me hagas reír que ahora estoy comiendo, además no creo que sea sueño de belleza, seguro es un sueño después de la faena con tu fiscalito.
―Shhh, calla, dime para qué soy buena.
―Bueno eso debería saber el hombre ese que no se te despega.
―Lau ―llamo su atención para que no vaya por donde no quiero. ―No empieces sabes que esto te lo he dicho muchas veces.
―Sí, sí y yo también te lo he dicho muchas otras, los psicólogos no nos podemos autoanalizar, no ves lo que otros porque te tiene embaucada con sus palabras y bueno también su cuerpo, es un digno cuerpazo, pero aun así no puedes dejar de escuchar lo que te digo.
―Bien, haré caso a tus palabras, ¿estás contenta?
―No, porque sé que no lo harás ― hace una pausa y suspira demostrando frustración ―necesito que me ayudes con algo, Cristóbal…
―Ah, el sexy bombón que es una tentación pero que tiene novia y lo tienen como títere, ese que le tocaron el paquete delante de media piscina en el club.
―Sí, ese.
―Y cuál es el problema, se te presento y ahora no sabes cómo atenderlo ―me burlo y me muevo para salir a la terraza ―ya vuelvo hablo con Laura ―murmuro hacia él que se queja porque me suelto de sus brazos mientras me mira ―dame un minuto Lau…
Busco a mí alrededor y ubico una camisa de él en el sillón, me la coloco mientras dejo el teléfono sobre la cama y este sonríe con arrogancia mientras abotono despacio cada botón y le devuelvo la sonrisa coqueta.
―Adoro verte vestir mis camisas, eso me llena de deseo por ti ―comenta con voz ronca mientras quita la sabana que lo cubre y me muestra su reacción.
―Ya vuelvo a manejar ese deseo ―respondo y le guiño un ojo mientras me giro y moviendo mis caderas me dirijo hacia la terraza.
―No tardes ―oigo a los lejos cuando cierro la puerta de la terraza.
―Muy bien, ahora dime que pasa con tu bombón sexy.
―Empezando porque no es mi bombón.
―Aun, te digo que ese hombre caerá bajo tus manitas, solo debes estar cerca y cuando se dé cuenta la bruja que tiene de novia, lo veras huir de ella y allí tú entraras en ese mundo de golosinas…
―Basta, cómo es que eres psicóloga si eso es lo que dices a tu pacientes estamos perdidos…
―Ey, no me ofendas, Laura recuerda que soy sexóloga por qué crees que es una de mis especialidades, porque me gusta el sexo mujer y todo lo que esto conlleva.
―Sí, sí ya, presta atención que necesito que me ayudes.
―Bien, dime entonces para que soy buena.
―Cristóbal, tiene una hermana, bueno amiga que se crio con él, así que ella ahora está pasando por una situación muy fuerte.
―Muy bien y en que te puedo ayudar a ti.
―Calla y déjame terminar por las montañas que eres desesperante, lo cierto es que Em, así se llama, intento suicidarse porque está siendo acosada y todo un cuento interminable, y bueno tu sabes de este tipo de pacientes que yo y quería pedirte que la atendieras
―Pero yo no estoy allá, y no puedo viajar, tendría que venir ella y son dos o tres veces a la semana no creo que sea lo adecuado…
―Puedes atenderla por video llamada, conexión o llamadas, verla una vez a la semana no sé.
―Ahora estoy complicada de tiempo, Laura, está el proyecto y todo lo que siempre tengo encima.
―Por favor, ayúdame en esto, hazlo por ella que en verdad lo necesita, esta tan aterrada que ni si quiera se dio cuenta que iba a saltar del banco de un sexto piso…
―¡Mierda! ―resoplo porque amo mi profesión y más ayudar a esas personas que lo necesitan ―Esta bien lo haré por ti y porque puedas tener puntos a favor con el bombón sexy…
―Eres la mejor ―responde con emoción.
―Ah, pero espera un momento hay condiciones.
―Ya no eres la mejor, realmente me sorprendería que no hubieses dicho eso ―bufa como niña reclamando por su dulce preferido.
―No, escucha, Lau; ahora mismo tengo el proyecto de ley aprobado, tengo varios pacientes y todo lo que conlleva una relación de pareja, mi tiempo es escaso y no puedo fallarme ni fallarle a ninguno de mis pacientes, por ello te digo: la llamare para hablar con ella y solo sí ella quiere y está dispuesta le ayudare con las terapias, pero lo primero y esencial para atenderla es que ella admita requerir la ayuda.
―Estamos de acuerdo, le pediré su número a Cristóbal y le hare llegar las condiciones y sé que Em aceptará ya que tiene mucha gente que la quiere y apoya, gente que no dejaran que se pierda sin ayuda.
―Eso es genial y lo adoro, entonces llamare luego.
―De acuerdo, te enviaré el número de contacto apenas lo tenga, tambien el de Cristo, para que lo pongas al tanto.
―Cristo ―remedo su manera de nombrarlo y rio alto para que me escuche.
―Tú, mujer malvada con razón no creciste mas.
―Ja, ja, ja, porqué me haces reír tanto, Lau hablamos luego que ahora hace frio y quiero calor.
―Ja, quieres calor o…
―Ya, cállate, te amo te llamo luego ―me despido y cuelgo enseguida.
Miro el paisaje frente a mí y a los lejos los pequeños edificios que se pierden con el paisaje, esto es lo que amo de vivir aquí. Este Penhouse fue mi primera meta y en lo que logre adquirirlo llore de felicidad todo un día para luego en la noche celebrar con Laura nuestro primer triunfo.
Siento unas manos cálidas acariciar de pronto sobre mi cintura y de pronto un calor que me envuelve, sus brazos me cubren del frio y mi espalda queda cerca de su pecho, cálida me dejo guiar en sus brazos y el contraste del frio con su calor envían un delicioso escalofrío que me recorre entera, erizando mis pezones y piel, lo que él nota enseguida y que descubro por sus palabras.
―Me quedaría toda mi vida en este momento, contigo así, vestida solo con mi camisa, con este frio que te hace buscar mi calor, con la hermosa vista del fondo y con mi alcance de tus tentadores pechos erizados, me pregunto qué tan lista estas en estos momentos.
―Señor Fiscal ―murmuro con voz ronca al sentir su erección sobre mi cadera.
―No quiero esperar para averiguarlo así que vamos ―zanja mientras me gira y carga haciendo que nuevamente cruce mis piernas sobre su cintura mientras nos adentra a la habitación, esta que nos hace de cómplice en cada entrega y momento que hemos compartido aquí en mi apartamento.
Conocer a Santiago ha sido toda una fortuna, tener los mismos intereses por las leyes, ese instinto nato de protección, además del buen amante que es, se le suma más cualidades, amable y atento conmigo siempre ha logrado cautivarme por completo y estoy deseando que se mantenga así por mucho tiempo nuestra buena relación.
Llegamos cerca de la cama y me deja caer con cuidado para luego posicionarse sobre mí y antes de dejarse caer desprende de golpe todos los botones abrochados de su camisa, la mirada que me regala es una cargada de deseo, anhelo con ansias de devorarme lo que hace reaccionar mi cuerpo ávido de esa pasión que siempre nos otorgamos.
No pierdo detalle cómo se deleita mientras me recorre con la mirada, su visible excitación me atrae como embrujo que nos hipnotiza llevándonos a un mundo de placer y deleite. Sonríe de lado al percatarse donde se queda mi mirada, y entonces hace ese gesto que me enciende; su sonrisa de lado, la mira picara cargada de deseo y su lengua apenas visible recorrer sus labios semi cerrados lujuriosos para finalizar con estos en un leve mordisco que les da con sus hermosos dientes.
Jadeo sin evitarlo llena de anticipación, deseosa de ser devorada por él y llenarme de esta sensación de satisfacción y perfección que compartimos cuando estamos juntos.
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Una leve caricia me hace cosquilla y siento la calidez de su mano recorrer despacio desde mi cadera hasta mi pecho izquierdo dejándola allí otorgando caricias que me erizan la piel.
―Mmm, sigue con el masaje ―Murmuro mientras me giro quedando boca abajo.
―¿Mi reina quiere un masaje? ―Comenta mientras desliza sus manos por mi espalda y luego se ubica sobre mí mientras sus manos hacen su mejor trabajo ―¿Qué quieres hacer hoy?
―¿Cómo? ―Pregunto sorprendida ya que siendo sábado él pasa el día en los juzgados y yo me ocupo con mis deberes y compras.
―Voy a tomarme el día libre, Enmanuel me va a cubrir y solo si es de urgencia me llamará ―declara mientras sus manos me alivian mis músculos tensos ―así que haremos lo que quieras, soy todo tuyo ―murmura en mi oído dejando un beso húmedo sobre mi pómulo.
―Bien, entonces solo terminemos con el masaje y vamos a la tienda para hacer las compras y luego podemos simplemente quedarnos aquí y ver películas.
―Me parece, quieres que cocinemos juntos, quizás podemos hacer todo lo que haces y luego solo dedicarnos a mimarnos ―sus manos traviesas terminan en mi vientre y continúan su descenso provocando que mi cuerpo se active anhelante a la pasión.
―Sí, sí hagámoslo ―susurro perdida en las sensaciones que sus manos me generan al acariciarme.
―Bien, sus deseos son ordenes ―afirma mientras se mueve rápido y me gira dejándome de espalda en la cama y en pocos segundos se acomoda sobre mí mientras devora mi boca y hace que mi cuerpo reaccione hacia el suyo.
El día la pasamos en perfecta sincronía, vamos al supermercado y de vuelta en casa hacemos mis pendientes entre risas y caricias, limpiamos, lavamos la ropa y cocinamos para luego terminar enredados en la bañare con lo que se suponía sería un baño relajante y que en pocos segundos se convirtió en uno que nos tiene jadeantes.
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―Esta película no me gusta, demasiados muertos caminando ―se burla y yo le suelto un puñado de palomitas de maíz.
―Ey, por qué haces eso, acabas de ensuciar el piso que aspire hoy duramente ―simula molestia mientras se levanta y me mira con cara de picardía.
―Bueno lo vuelves hacer ―quito valor a su comentario encogiendo mis hombros.
―Lo vuelvo hacer, así como sino importara mi trabajo.
Grito cuando me toma por las piernas y me deja tendida en el mueble mientras quedo llena de palomitas de maíz, atrapa mis piernas entre las suyas y luego se quita la camisa dejando todo su espléndido abdomen a mi vista, y con solo verlo ya siento que quiero gritarle que me haga suya nuevamente, gritarle papi estás rico, pero me abstengo y solo me deleito con su provocativa, sexy y caliente v que se marca en su cintura y abdomen bajo, demarcando todo el camino a mi felicidad.
―¿Quieres de lo que ves? ―comenta mientras posa sus manos sobre mis desnudos muslos.
―Sí, quiero todo lo que veo y más ―respondo bajo sin quitar mi mirada de esos ojos azules que me cautivan.
―Entonces vamos por ese más ―y así nos perdemos en besos y caricias.
Dormitada abrazada a su costado acaricio con la yema de mis dedos su cálido pecho, nuestros cuerpos se mantienen cálidos.
―Ojala todos los días fueran así ―murmuro mientras coloco más fuerza en mi agarre.
―Mmm, bueno podemos organizar algunos días para nosotros, solo que por ahora no pueden ser muchos, ya se acercan las elecciones y tengo que ganar esas horas de trabajo para ser considerado como un candidato para juez de justicia y seguridad.
―Sí, lo entiendo, por eso mismo es que digo que quisiera pasar todos mis días así. Estar cerca, compartir varias comidas al día y robarnos caricias por momentos.
―Entonces múdate a la casa ―indica nuevamente ―ya te he dicho que quiero tenerte todos los días a mi lado, sabes que en lo que salga la lista de candidatos la seguridad y el protocolo será más estricto y deberemos restringir los lugares y actos públicos.
Me quedo callada y no respondo nada, así es cada vez que me ha sugerido lo mismo, los siento es que tengo algo de aprensión por dar este paso.
―Quiero tenerte en mi casa, que la llenes de tus cosas, cambies lo que no te gusta y le des tu toque a cada rincón, es mucho lo que te pido.
―No es mucho, solo que no quiero apresurarme en una decisión que considero importante.
―Yo también por eso te lo estoy pidiendo, mira quizás no todos los días , pero por lo menos desde los jueves, sé que tu independencia es importante, pero probemos, solo podemos ganar.
―Y cómo estás tan seguro que solo podemos ganar.
―Porque tú me gustas y me traes de cabeza ―afirma y me acomoda mejor sobre él, y entonces me besa.
No sé cuánto nos duran los besos, para cuando nos separamos en búsqueda del aire y con los labios hinchados y adoloridos yo me encuentro debajo de él y sus manos me sostienen de perfectamente de mi cuello y la otra se pase entre mis pechos.
Al separarnos me mira fijamente y su mirada oscurecida es fuerte e intensa me transmite lujuria y posesión, y justo esta última es la que me envía esa sensación inquietante que no asumo de una vez.
―Está bien probemos si logramos ese solo ganar…
―Yo siempre voy a ganar, y contigo no será la excepción.
Asegura mientras retomamos nuestros cálidos y suaves besos que se extiende por mucho a los que se le suman caricias que nos entregamos mutuamente, convirtiendo nuestro momento en una entrega de cuerpo y sentimientos que se sella al escuchar sus dulces palabras murmuradas en mi oído al compartir nuestro clímax.
―Te amo, Ness.