Capítulo 12

2025 Words
Ellas provocan sentimientos encontrados en mí. Salí furioso de la que era mi habitación en la mansión Scott, esa niña, argh. Tenía ganas de argh… —¡Mierda! —¿Y a ti qué te pasa? —¡Nada!— grité y ahí me di cuenta que era a Alma a quién gritaba—. No me pasa nada, perdóname por gritarte. —Estás perdonado, pero repito la pregunta ¿Qué te pasa? —No lo sé, debe ser todo lo que está pasando con esa chiquilla que me tiene molesto. —¿Y por qué? No, no, no. Ya empezamos… Alma tenía esa facultad de sacarme información como si fuera una niña chiquita la que me estaba preguntando, pero no caería en su jueguito, no esta vez. —Bueno, por que si. —Ah… Oye, le puedes llevar esto a Dani, es que no quiero molestarla, sé que está Giovanni con ella. —Él ya se fue y mejor llévaselas tú, no creo ser bien recibido por ella. —Y cómo lo vas a ser si la tratas peor que a Thomas. —¿Qué te ha dicho?— pregunté molesto, esa niña me estaba poniendo mal con mis amigas y no se lo permitiría, pero Alma me paró. —Ella no me ha dicho nada, bruto. Es cosa de ver su interacción, es como si ella te molestara y no creo que te haya hecho nada ¿o sí? —Estás equivocada, la trato igual que a todos. —Si claro y yo me llamo Ernestina, eres un bruto. Si la chica te gusta deberías ser más amable, además ya tienes noviecita, así que mejor déjala en paz y no la maltrates. —Estás loca, esa niña no tiene nada que me pueda gustar, deja de hablar estupideces. —Ya veremos, galán de cuarta, ya veremos. Alma siguió su camino a la habitación de esa argh, de ella y se fue riendo de mí. Si claro, me gustaba ¿de dónde sacó tamaña estupidez? Ella no era nadie para mí, solo un objetivo para resguardar los intereses de mi amiga. Salí de esa casa y me fui al departamento, no quería ver a nadie, pero el destino me tenía preparada una sorpresa. Tab estaba esperándome con una rica cena y no me pude negar. Terminamos en mi cama como cada noche que me quedaba ahí, pero esos ojos azules perturbaron mi desempeño y también mi descanso. Pasaron unos días en que no fui a la casa de los Scott, no quería encontrarme con ella, hasta que Alma me llamó para informarme que el incordio de Thomas viajaría a España, pues según él extrañaba a su familia, así que tomé algunas cosas y me preparé para quedarme una temporada con ella pues Robert viajaría con el incordio ese. A Tab le molestó que la dejara, pero ella debía entender que así eran las cosas, ese era mi trabajo y no lo cambiaría por nada del mundo. Cuando llegué a la casa de mis jefes ya Alma se había encargado de ordenar una de las habitaciones que estaba en el área de servicio, según ella era para que no impacientara a las visitas, dios esa niña los tenía a todos ciegos, menos a mí. Me organicé con el encargado de seguridad de la casa y retomé mi puesto como niñero de mis adoradas gemelitas que me recibieron como rey, me llevaron al cuarto de juegos y ahí me quedé embelesado mirando la hermosa imagen que se mostraba frente a mí. La muñequita de porcelana estaba leyéndole un cuento a su hija sentada en la mecedora, se veía tan calmada y en paz, una que cambió al levantar la vista y verme a los ojos. Ella me tenía miedo y de alguna forma eso me dolió. —Dani. Necesito que arreglemos algunas cosas ¿Puedes venir a mi despacho? Ah, hola Jex. Es bueno tenerte acá, cuida bien de mi hermana y estas loquillas por favor. —Así lo hare— fue lo que salió de mi boca, mientras no dejaba de verla a ella. —Gracias. Hey, tierra a López. —Oh, perdón jefecito, es que estaba ensimismada en el libro. Llevaré a Sarita con… —No te preocupes, yo la veo, además me quedaré con mis niñas. Hice el amague y me moví rápidamente para tomar a la pequeña de sus brazos, ella me miró con sus ojitos grises y sonrió mostrándome sus dientecitos de bebé, la muñequita de porcelana se quedó de una pieza, pero algo más le dijo Thomas y salió como una flecha tras de él. —Hola preciosa, soy Jex. Es un gusto por fin que nos conozcamos Sarita. —¿Jez?— me dijo y el corazón me dio un vuelco, si alguien cree en el amor a primera vista ahora se lo podía confirmar. Esa niña me había enamorado. Estuve con mis princesas y luego llegaron los mellizos, Sophia y Elliot, había casa llena de infantes y me tomaron como su rehén, debo decir que disfrute de la mañana con ellos, sobre todo con la pequeña muñequita. Fue tanto lo que jugó con los diablillos que de un momento a otro alzó sus bracitos y me pidió upa. La tomé y de la misma forma en que había visto a su madre me senté en la silla y nos envolvió el sueño. No sé cuánto tiempo pasó cuando unas delicadas manos nos cubrieron con una manta y sentí el calor de una suave caricia en mi mejilla. Cuándo llegaron Mel y Hanni lo supe de inmediato y me desperté desorientado con la muñequita durmiendo aún en mi regazo, la mañana se había ido, pues ya era medio día y todos nos levantamos a almorzar. Por increíble que fuera la pequeña se quiso quedar conmigo y no hubo poder sobre humano que se lo impidiera, ni yo tampoco. Me gustaba la sensación. Los días siguientes me mantuve ocupado preparando la habitación para Mateo. Alma y Enzo habían decidido quedarse definitivamente en Estados Unidos hasta que el bebé naciera y pronto las gemelas empezarían a ir al mismo colegio que sus primos y tíos. La muñequita de porcelana me evadía olímpicamente cada vez que me veía, pero mi mini muñequita me buscaba desde temprano, no sé cómo lo hacía, pero se escabullía temprano y cuando despertaba me la encontraba tomando su biberón junto a mí y su muñeco de Barney. —Oh, perdón. —Escuché la voz de ella y al verla se encontraba con los ojos tapados con ambas manos. —No te preocupes, no me molesta. —Po… podría ponerse una camisa. —Oh, verdad— no me había fijado que estaba, naaaaa mentira, claro que sabía que estaba desnudo, era mi cama ¿no? Pero tenía razón, había una bebé ahora junto a mí — . Puedes pasarme la camisa que está en la silla, por favor. Ella hizo todo lo posible por encontrar la silla sin descubrir sus ojos, lo que me causaba risa, hasta que chocó con la cama. —¡ Auch, maldición! —¿Estás bien?— me incorporé cubriendo mis partes nobles con la almohada para verla y la vi como se puso pálida y escuchamos las carcajadas de Sarita. —Vístase, ¿qué no tiene vergüenza? —Pues perdón señorita moralidad. —¿Sabe qué?— me dijo desafiante, mirándome a los ojos y plantándose frente a mí . —¿Qué cosa?— le dije acercándome a su oído y sentí como su cuerpo temblaba por mi cercanía. —Es… es un bruto.— Tomó a Sarita en sus brazos y salió como si la estuvieran persiguiendo de mi habitación. —Algo me dice que soy el bruto que no te tiene indiferente muñequita. Me metí a la ducha, con el agua fría como hielo. Sí, mi cuerpo había reaccionado con la furia de esa niña, mientras masajeaba mi m*****o cerré los ojos para visualizarla. Definitivamente Alma era bruja, la chiquilla algo tenía que me gustaba, pero no iba a ceder hasta tener toda la verdad sobre ella. Tomé mis cosas y fui a ver a todos, hoy era domingo por lo que habría barbacoa en la casa de la familia Scott. Estaban todos, y cuando digo todos es todo el familión. Después de saludar, me acerqué a Jack y José, que había llegado de una misión en Chicago. —Dichosos los ojos que lo ven Agente. —Hermano, el gusto es todo mío, supe que te estás quedando aquí. —Así es, como Robert se fue con Thomas no me quedó de otra que estar con mi estrella favorita. Jack nos entregó unas cervezas y nos sentamos en unas tumbonas a conversar y recordar viejos tiempos. Hasta que unas manitas tocaron mis piernas. —Jez tuto. —Ven acá mi muñequita. —Oh, no, no, no Sarita, ven aquí, te llevaré a dormir a tú habitación. —No me molesta que la niña quiera dormir en mi regazo — respondí tomando a Sarita y acurrucándola. —Pero usted está con sus amigos, no lo quiero molestar. —Aprovecha de conversar con las chicas, Dani. Te vendrá bien— le dice Jack muy amoroso y su actitud no me gustó para nada y Jack me mira dudoso — ¿Qué? ¿No es por eso que se lo decías? —Si, por supuesto. La muñequita de porcelana nos miró molesta, pero asintió a lo que le dijo mi amigo y se fue con las chicas, a los minutos mi mini muñequita se había quedado dormida y mis amigos comenzaron a burlarse de mí. —Te ves sexi con una bebé en los brazos. —¿Quieres ser el papi de su mamá? —Ay, ya bájenle los dos, la nena sabe que conmigo está más segura que con su propia madre, no es mi culpa. —Sí, claro y yo nací ayer. Mi Cony no me da ni la hora, mírala, no suelta los brazos de Mary. —Es más chiquita que Sarita, aún necesita el regazo de su mamá — contesto casi apurado y por suerte sonó mi teléfono—. Perdón, debo contestar. Hola Tab ¿Cómo estás? —Hola extraño, me tienes botada, ni siquiera me has llamado y pensé que por ser domingo vendrías. Eso era cierto, desde que estaba acá no me había preocupado por ella y me hizo sentir un poco culpable. —Lo siento cariño, es que he estado muy ocupado, pero prometo que en la semana nos veremos. —Pensé que tenías a otra— si supieras… —Oh, no, para nada cariño, solo es el trabajo, quédate tranquila. Bueno, te tengo que colgar, nos vemos en la semana. Colgué el teléfono sin esperar respuesta, la estaba pasando bien con mis amigos y no quería que me siguieran molestado. Algo que si pasó, pues Jack y José me incomodaron nuevamente. La tarde pasó rápido y se nos vino la noche, cuando ya la mayoría de los comensales se fueron me dirigí a la habitación de mis, ¿Qué digo? De mí mini muñequita para darle las buenas noches, se había transformado en un verdadero ritual entre los dos. Golpeé la puerta y el adelante de su madre me dio el pase. —Vengo a darle las buenas noches a esta preciosura. —¡Jez! —Aquí estoy mi muñequita hermosa. Que descanses y sueña con los angelitos. Bese su frentecita e ignoré a su madre, que estaba vestida con un pijama de dos piezas absolutamente revelador. —Muchas gracias, Jex, pero no es necesario que venga cada noche a… —Para mí si lo es, Sarita es una pequeña muy importante para mí, así que no es ninguna molestia. Ahora a dormir mi preciosa y nos vemos mañana. Volví a besar la frente de mi mini muñequita de porcelana y salí de la habitación, no podía seguir ahí, ambas provocaban sentimientos contradictorios en mi cabeza y también en mi corazón. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042616
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD