Capitulo 11

2133 Words
¿Y a éste que le dio? No entendía nada y quería enterrarme como los avestruces, en realidad no, quería huir con mi niña para que nadie nos separara, pero ahora sería difícil huir. La jefa nos invitó a todos a la mesa y no pude negarme, ya estaba sentenciada a quedarme en esta tremenda casota, pues según ellos era el lugar más seguro, así que agaché la cabeza he hice caso. En el medio de la cena el jefe nos contó que la señora Dana y Tommy volverían a España, aunque ella estaba renuente a irse por mi culpa y ahí fue que me di cuenta lo importante que era esta familia para mi, pues ella sin conocerme era capaz de suspender sus planes, todos le hicimos ver que no tenía que preocuparse, aunque yo de la boca para afuera, pues era la menos indicada para decir algo. Para cuando terminamos la jefa le pidió a la señora Alma y a la señora Dana que me instalaran en la habitación que habían dispuesto para nosotras, las seguí en silencio, mientras Tommy nos acompañaba y estaba a punto de dormirse como mi princesita. Aproveché de llamar a don Gio para explicarle lo que estaba sucediendo y él me dijo que don Enzo ya le había hablado, por lo que me rogó que le hiciera caso a la jefa y cualquier cosa le estuviera avisando. Llegamos a la habitación y la señora Alma abrió la puerta. —Esta es la habitación de Jex cuando se queda aquí, pero como ese es otro baboso que anda enamorado dejó de ser su lugar. —Lo dices como si te molestara, amiga ¿Qué te pasa? —Es que lo de Jex y esa chica no me trae buena espina, es que se le metió por los ojos y en menos que canta un gallo ya le pidió vivir juntos. —A ver mi ASS, tú no eres el mejor ejemplo. Te enamoraste de tu italiano en menos de veinticuatro horas y ya te querías casar y tener hijos. —Eso es cierto mi Sombrita, pero hay algo en esa chica que no me llega a gustar y ya me conoces. —Entonces tendré que conocerla yo también para darle el visto bueno, mi ASS, sólo así podré tener una opinión real del tema, tú eres demasiado parecida a tu mamá y son muy sobreprotectoras con nuestros chicos, como si no pudieran hacer las cosas por si solos. —Ya te digo y apuesto, mejor con Dani aquí presente, que te puedo asegurar que estarás de acuerdo conmigo. —Ay señora Alma, yo soy la que menos p**o tengo que tocar, casi no conozco a Jex y cada vez que me ve me reta como si fuera niña chiquita, es un tipo muy malhumorado. Si vieran que me trata peor que el jefe. Bueno, el jefe en realidad nunca me ha tratado mal, solo que me gusta picarle. —De eso nos hemos dado cuenta Dani y creo que por eso Thomas está tan preocupado por lo que te está sucediendo, pero ¿En serio Jex te trata mal? Mi amigo no es así. —Así es señora Alma, es que no podemos estar juntos en una misma habitación, pero en cambio con el jefe es distinto y se lo agradezco, haber conocido a su mamá y por ella a todos ustedes ha sido nuestra tabla de salvación. —A propósito ¿Cómo conociste a mamá? —Por intermedio de su marido. Cuando hui de Texas tenía solo unos pocos dólares y comencé una travesía por varios estados, pero entenderán que para una extranjera, ilegal y con una bebé recién nacida las cosas no eran muy auspiciosas. Hice de todo, jamás me ha dado asco trabajar así que limpié mesas, cociné en lugares que daba miedo comer y lave trastes hasta quedar con mis manos hechas mierda, pero no me quejaba. Haría todo por ella. Con el paso del tiempo y juntando todos mis ahorros me decidí por venir acá, pero solo me alcanzó para el billete del bus y para unos pocos días en un motel de mala muerte. No podía dejar a mi chiquita sola y ahí fue que conocí el Duomo y a don Enzo, creo que usted ya no lo recuerda, pero yo era esa chica que ayudaron en el albergue hace ya dos años, mi Sarita tenía casi un añito y usted le hizo unos guiños que la hizo sonreír, ahí fue que su marido me tendió una mano amiga y nos dejó quedarnos en la casa acogida. Como no podía quedarme solo en agradecimiento para pagar su amabilidad comencé a trabajar con don Giovanni, ayudaba con los quehaceres del lugar y luego en la oficina, así fue como don Enzo notó mis capacidades para organizar y llevar las cosas bien y me presentó a su mamá, ella me ofreció un trabajo más estable y luego estar como la sombra del jefe. —Lo recuerdo, Thomas se impacientó cuando le dijeste que serías su sombra y yo no pude más que aguantarme la risa cuando me lo contó. —Porque le recordaba a la señora Dana ¿no? —En cierta forma sí, así le había puesto a mi amiga cuando la nombraron mi asistente. Si lo hubieran visto ese día, llegó despotricando contra mamá porque le habían puesto una niñera. —Este Thomas, pero chicas, la verdad quiero pedirles que… —Lo cuidemos— respondimos ambas y la señora Dana asintió, ella estaba preocupada por su marido y las implicancias de dejarlo acá y por supuesto que la entendía. —Tranquila mi sombrita, entre nosotras dos le haremos la vida imposible al baboso ese, por lo menos no me quedaré sola todo el día, ahora tendré a Dani para idear algunas cosas y mantenerlo entretenido. —Ay señora Alma, con que sigamos leyendo sus… ups, mierda, no me miren… no he dicho nada. — mierda, yo y mi bocota… —¿Los leíste?— me preguntaron las dos y otra vez tuve que afirmar. —Solo uno, pero fue sin querer señora Dana y por favor no le diga nada, prometí guardarle el secreto. —Los diarios de Thomas solo son un secreto para él, pues los deja en cualquier parte, bueno él no sabe que he leído, pero también me ha servido para apoyarlo. —En mi caso solo conozco el último y él lo sabe. Sé que en algún momento querré leerlos todos y por eso fui donde su psiquiatra, pero todo será a su momento. —nos dice tranquila la señora Dana. —Aww mira mi sombrita, Tommy se quedó dormido con Sarita. Se ven tan tiernos. —Mi puntito, recién está empezando a estar bien con Thomas y yo lo saco de aquí. —Pues termina rápido todo y vuelve, yo tampoco aguantaré mucho con ese baboso metido en esta casa como alma en pena. —Yo sí, no se preocupe señora Dana que yo le hago el milagro de tenerlo tranquilo, aunque será un poco incómodo no poder salir de aquí. —Por lo pronto es lo mejor y nada, te aguantas. —Creo que ya es hora de irnos a descansar. —Si quiere déjelo aquí, se nota que está cómodo y así aprovecha su última noche. —Dani que excelente idea. —Ya córtenla ustedes dos ¿o creen que andamos como conejos? —Si es así ya debe estarse horneando el hermanito o hermanita. — le digo, tratando de hacer la broma para que la señora Alma se largue a reír y la señora Dana esté colorada como un tomate maduro. Acomodé a los pequeños en la cama y mientras me preparaba para tomar una ducha el sonido de tres golpecitos en la puerta me asustó. Mierda estaba mal, de verdad. Caminé en puntillas hasta que escuché la voz de Jex tras la puerta. —Dani ¿Estás despierta? —Por supuesto que sí estoy despierta, con esos golpes quién no se despierta — cuando abro la puerta le digo en tono molesto, no sé porqué está aquí, pues en todos estos días ha sido una verdadera plasta de persona. —Perdona, es que quería saber si estabas bien. —¿Por qué habría de estar mal señor Lester? Ah será porque alguien me denunció y ahora estoy a punto de ser deportada. Lo miro feo, siento que él es el que está detrás de todo esto y ahora se viene a hacer el mártir frente a mí ¿Será que se siente culpable? —Solo quería buscar unas cosas que dejé acá.. —Ah, era eso. —No, no, también quería aprovechar para saber si estabas bien. Estuviste muy callada en la cena. —Pues verá, con todo lo que está pasando por supuesto que no estoy bien, pero eso a usted no le debe de importar, ya sé que no soy santa de su devoción y hasta puede que mi deportación sea de su agrado. —¿De qué estás hablando? —De nada, señor Lester, de nada. Y si tiene que buscar algo le pediría que lo hiciese mañana, ahora los niños están dormidos y no quiero que por la bulla que meta se despierten. —Tienes razón… —¿En qué?— o sea era cierta mi suposición... —En que podría despertar a los niños, nos vemos mañana muñequita. Que descanses. Salió como si nada de la habitación y cerró la puerta por fuera, dejándome con un mar de dudas. —¿Y a este idiota qué le pasa? La mañana siguiente fue de llena de emociones, la señora Dana se iría a España y tanto la señora Alma como mi jefe tenían cara de funeral, por mi parte le pedí a don Gio que me trajera nuestras cosas y hace unos minutos acaba de llegar. —¿Cómo te sientes con todo esto mi niña? —La verdad, estoy hecha una maraña de dudas y nervios, esta es la primera vez que la migra está tras de mí como si fuera mi sombra y de verdad estoy asustada. —Pero ten tranquilidad mia principessa, yo sé que Thomas y Enzo lograran encontrar una solución. Estaba en mi habitación con don Giovanni, que me abrazaba como si fuera un papá. Sarita estaba jugando con el Barney que le dejó el pequeño Tommy para que no lo extrañara, me dio mucha risa cuando se lo dijo porque fue muy tierno verlos a los dos abrazaditos despidiéndose. En eso se abrió la puerta y era Jex, que nos miró con el ceño fruncido. —Perdón, no sabía que estaba interrumpiendo algo. —Oh, no, no Jex, no interrumpes nada. —Por lo menos se golpea la puerta— respondo en tono molesto, es que ush, no tiene ningún pudor no decencia. —¿Es que escondes algo? —Para nada, pero la cortesía es fundamental en las relaciones humanas— idiota. —Ya chicos, no discutan por nimiedades. Dani, debo volver al Duomo, los chicos ya te extrañan. —Pero si sólo no me vieron anoche. —Pues ya los conoces, ellos las adoran. —Aww y nosotras a ellos. —Mi niña, ya sabes. Cuenta conmigo para lo que quieras, en el Duomo somos tu familia y la familia siempre te apoyará. —Lo sé, muchas gracias don Gio, cuide de los chicos y no se olvide de llamarme para ordenar las cosas que necesiten. —Tranquila, trataré de no molestarte. Un gusto haberte visto Jex. Don Gio se despidió de mi con un beso en la frente y luego dándole la mano a ese mala clase, salió por la puerta y yo me levanté para preparar a Sarita y salir a tomar el sol. —Si quiere buscar sus cosas le dejo la habitación, no he movido nada aún para que no crea que por ser ilegal también soy una ladrona. —Uy, ¿estás envalentonada porque Giovanni también te apoya? —Para nada, solo soy cortés, aunque usted no se lo merezca. Y en menos que diga tris lo tengo encima de mí pegándome a la muralla. Su respiración es irregular y en sus ojos veo la ira contenida, empiezo a respirar rápido, siento que me voy a ahogar y que no podré hacer nada para escapar porque mi cuerpo deja de moverse a mi voluntad. —Tienes a todos loquitos por ti ¿Qué haces para lograrlo muñequita de porcelana? —No… no sé a que se refiere. —Voy a descubrir tus artimañas y ahí te quiero ver cómo saldrás de esta. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042616
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