Estamos en un punto muerto.
Enterarme que Jex había salvado a su novia del ataque de un loco me alivió, sobre todo porque no le pasó nada, pero acabo de tener una conversación con Dana que me dejó con un mal sabor de boca...
Era cierto que no nos caíamos bien, pero que me gustara era otra cosa. Sí, ya sé que en algún momento lo puse en mi top 3 de guapetones, pero lo que tenía de bonito lo perdía al abrir la bocota y despotricar en contra mío.
No negaré que tenerlo cerca me producía algo extraño, pero era porque siempre me ayudaba a cuidar a Sarita y se lo agradecía. Sí, eso era, solo gratitud y nada de lo que pensaba Dana, lo cual se había disipando con su casi inexistencia ya en esta casota.
Me acosté y no quise darle más largas al asunto. Ya no quería más líos en mi vida...
El día de hoy estábamos las dos conversando con Alma de su pronto alumbramiento y de lo bonito que era estar en la dulce espera, una que yo no conocía, salvo por el embarazo de mi mamá.
Esa era la historia que les contaría hoy a las chicas…
—Pero no entiendo Dani, ¿tú no eres la mamá de Sarita?— me pregunta Dana y Alma tomó mi mano apoyándome de cierta forma para contarles mi verdad.
—No lo es, pero es como si lo fuera, un papel lo dice y eso es lo que vale. La verdad Dana, es que Sarita es mi hermana. Cuándo llegamos a México con la nueva pareja de mi mamá todo hacía suponer que iniciaríamos una nueva vida, pero los maltratos de su pareja comenzaron casi al instalarnos. Darlan nos encerró en su casa y nos prohibió el contacto con el mundo exterior. Ni siquiera pude ir a la escuela, éramos unas presas en lo que sería nuestro nuevo hogar y pobre que dijéramos algo. Mi madre pagaba con su cuerpo cualquier atrevimiento de nuestra parte.
Para cuando ya llevábamos dos años, mi mamá quedó embarazada y los golpes cesaron, pero nació otro instinto peor en ese hombre y estuvo a punto de violarme si no fuera porque mi mamá me salvó.
Con una vecina, mi mamá urdió un plan de escape y pudimos salir de las garras de ese animal, pero con graves consecuencias.
Nuestra vecina fue asesinada esa noche y nosotros sufrimos un accidente en la frontera tratando de escapar.
Desperté a la semana de lo sucedido, con una pierna y un brazo fracturados y con la noticia de que mi mamá no lo había logrado.
Al principio quería morirme junto a ella, hasta que el doctor Prescot me trajo ese pequeño bultito, era mi hermanita y me necesitaba fue lo que me dijo.La verdad es que fue tanto el amor que sentí por ella que el doctor se apiadó de nosotros y la hizo pasar por mi hija, inscribiéndola con mi nombre en el acta de nacimiento, nuestro caso pasó como otro de una inmigrante que trató de cruzar la frontera y a la que le salió todo mal, ni siquiera estuve en el funeral de mi mamá, pues me encontraba inconsciente.
Después de dos meses nos dieron de alta y ahí comenzaron mis miedos, la migra nos vendría a buscar para deportarme y quitarme a mi niña no podía dejarla así. Gracias al doctor Prescot pudimos huir y comenzamos nuestro viaje por diferentes estados hasta llegar aquí, esa parte de la historia ya la conocen.
—Oh, cariño. Has pasado por tanto y siendo tan joven, lo mío es nada en comparación con lo que tú has pasado.
—No creo que sea así Alma, cada experiencia de vida es distinta y compleja a la vez, puede ser que pienses que lo tuyo fue menos, pero también tuviste momentos complejos.
—Al igual que tú mi sombrita.
—Exacto, cada historia nos diferencia y nos da la fuerza para seguir adelante. En tu caso tu familia, en mi caso mi diablillo y en el de Dani, Sarita.
—Eso es cierto, Dana. Cada experiencia de vida es distinta, a algunos les toca más fácil y a otros nos toca bailar con la fea, como dicen por ahí.
—Mami bella ¿nos estabas espiando?
—No, para nada. Quería saber qué hacían y no las quise molestar. A propósito ¿ Ustedes han sabido cómo le está yendo a Jex? Después de que el caso se cerrara anda muy escurridizo.
—Debe ser porque le avergüenza ver a Dani.
—¡Alma!
—No me vengas con Alma, mi sombrita. Ese idiota trató tan mal a la pobre de Dani que le produjo una crisis de pánico y casi la perdimos.
—No fue para tanto, Alma. Por suerte tu supiste reaccionar y las cosas no se salieron de control, Jex sólo estaba molesto conmigo, es como si le molestara mi relación con el jefe.
—Celoso es lo que está — suelta la señora Blue y las tres la miramos como si le hubiera salido otra cabeza—. No me hagan caso, es un decir, pero si se contacta con alguna de ustedes díganle que necesito hablar urgentemente con él y que deje de ser un pendejo y conteste su teléfono.
La jefa salió como si nada de la sala y nos dejó a las tres nuevamente con esa sensación se que ella algo sabe, pero no lo dice y había veces que lo odiaba, pero era la jefa y estaba en su casa.
Ella era la que mandaba...
Ahora, con Alma a punto de dar a luz, los recaudos en la casa estudio (así le puse, pues me imaginé que vivía como en un reality show) eran mucho mayores. Otro problema era que Sarita lloraba en las noches hasta quedar ronquita porque extrañaba a Jex y mi corazón se apachurraba, pues no solo ella lo echaba de menos, en estos días me había dado cuenta que extrañaba nuestras discusiones.
—¿En qué piensas Dani?
—En nada Dana, solo que me siento superada, aunque no hayan venido, sé que los de inmigración aparecerán en el momento menos indicado y eso me aflije.
—Tranquila, yo sé que Thomas y mis suegros encontrarán la solución.
—Eso espero— dije con un dejo de frustración.
—Yo estoy segura, mamá es una experta en sacarnos de todos nuestros problemas, usando la ley como si fuera su amiga, lo verás preciosa.
Mientras conversábamos, Dana se puso pálida y comenzó a sentirse mal, su cara se puso tan blanca que me asusté y, de un momento a otro, salió disparada al baño.
—¿Dana?— caminamos las dos tras ella, obviamente yo seguía el ritmo de Alma, que a penas y ya se podía su pancita.
—Estoy…— escuchamos las arcadas y Alma enarcó sus cejas.
—¿Hace cuando que no te llega el periodo amiga?— Dana salió del baño, más pálida de lo que estaba y con una O gigante en sus labios.
—¿Tú crees?—preguntó nerviosa.
—Ya te lo dije, parecen conejos y si no se han cuidado.
—¡Mierda!
—Si, mierda. Cariño, sientate y déjame todo a mí.
Alma tomó su teléfono y llamó a don Enzo, quien a la media hora ya estaba en la casa con una bolsa de farmacia.
—Llegué lo más pronto que pude.
—Aww tan lindo mi miele, gracias. Ahora, déjanos solas.
—Pero quiero saber…
—No seas cotilla, te avisaré cuando estemos listas.
Dana entró nuevamente al baño y nos quedamos sentadas en su cama esperando, sentía que eran los cinco minutos más largos de la vida ¿Sería así cuándo me pasara a mí? ¡qué cosas digo, si no tengo a nadie que ande tras mis huesitos! Además, quién me quisiera tendría que quererme con todo incluído y eso era difícil.
Se abrió la puerta del baño y Dana nos miró con los ojos llorosos.
—¿Estás?— preguntó Alma con una sonrisa de oreja a oreja.
—Lo estoy.— Alma se levantó y comenzó a dar pequeños brinquitos, que de la emoción también la acompañé, las dos abrazamosa Dana y lloramos con ella, era un nuevo momento de felicidad que guardaría en mi corazón.
—Pues, ya todo está dicho, mañana iremos a ver a Hanna.
—Es una lástima que no las pueda acompañar.
—Ay mi pequeña, ya será tu momento y ahí estaremos las tres.
—Ahora, el tema es ¿cómo se lo digo a Thomas?
—Déjeme por lo menos eso a mí, tengo una pequeña idea...—Les dije y salí disparada a mi habitación. Siempre me había gustado coser y bordar como me enseñó mi tía Tita, en Chile. Tomé mi bastidor y de la tela que me quedó del traje del dinosaurio y comencé a hacer mi magia.
Cuándo Sarita se despertó de la siesta ya estaba terminando, salimos las dos y nos encontramos con Dana, Alma y el abuelo Soré tomando el té.
—No pensé que me demoraría tanto. Toma, para que le entregues al futuro papito.
Dana abrió la cajita y sacó el pequeño babero que había hecho, los ojos de todos se expandieron y eso me hizo dar cuenta que les había gustado.
—Es hermoso, muchas gracias, Dani.
—Y gracias por enterarme de esa forma que seré nuevamente bisabuelo.
—Abuelito, tienes que guardar el secreto.
El abuelo puso su mano en la boca e hizo como si colocara un cierre, lo que nos hizo reír a las tres, me sumé a probar el delicioso té que preparó la señora Gloria, mientras los niños jugaban. Las gemelas se habían acostumbrado a Sarita y la trataban como su muñequita, cosa que nos hacía reír pues Tommy quería jugar a los autitos y ella que era su sombrita lo perseguía.
Otro día más se iba, pero terminó de la mejor manera, con mi jefe saltando como niño pequeño, Tommy preguntando si era el hermano mayor y toda la familia descorchando una botella de champagne, nos fuimos a dormir y como cada noche Sarita llamó a Jex, aunque estaba tan cansada que se durmió entre sollozos.
Al despertar, me encontré con mi pequeña acurrucada en mis brazos, ya había aprendido a bajarse de su cuna y mientras me daba pequeños golpecitos en la frente me pedía su leche. Nos levantamos y fuimos a la cocina, hoy sería un gran día. Mi jefe, Dana y Alma irían a la consulta de la doctora Sinclair para saber como estaba el bebito de Dana, los despedimos quedándome a cargo de la tropa, así que me decidí por hacer un picnic en el jardín.
—¿Y si hacemos un fuelte Dani?
—¿Con mantas y todo eso?
—Vamos, Dani. Di que sí— exclamaron las gemelas.
—Yo los puedo ayudar…
—¡Tiito!— las gemelas al verlo corrieron a abrazarlo y llenarle de besos, mientras Tommy ayudaba a Sarita a salir de la caja de arena para sumarse al abrazo.
—¿Cómo está mi tropa de niños perdidos?
—Extrañándote muchito mi Peter Pan— le dice ¿Cata?
—Yo también las he extrañado mi Alondrita, por eso el día de hoy me dije Jex, tienes que ir a ver a tus angelitos.
—¡Jez!... ¡Jez!—Sarita se abalanzó sobre sus piernas y comenzó a darle besos. Vi la cara complicada de Jex y quise acercarme para quitársela, pero el negó con su cara y luego la tomó en sus brazos.
—¿Cómo está mi mini muñequita de porcelana? —mierda, me quedé petrificada, ¡Daniela López, reacciona!
—Ho… hola.— «genial, lo único que se te ocurre decirle»
—Hola muñ… Hola Daniela. Yo… Yo quiero pedirte una disculpa por lo de la otra vez, la verdad es que no medí mis palabras y mi actuar.
—No, no, discúlpeme a mi, por favor. No siga, ya está olvidado, yo tampoco actue de la mejor manera. O bueno, no hice nada, es que…
—Niños a comer, Dani. Tendremos que quedarnos cuidando… Hola, Jex. No te escuché llegar.
—Hola, mi bella Gloria. Perdón por no avisar que vendría.
—Estás en tu casa niño bonito, no debes dar explicaciones y que bueno que estás. A propósito, ¿no revisaron sus teléfonos?
Como si fuera instintivo ambos sacamos nuestros aparatos y nos dimos cuenta del mensaje de Dana, Alma está en labor de parto y ella ¡Tendrá trillizos!
—¡Mierda, mi jefe y sus super espermatozoides! — me río a carcajadas, mientras Jex y la señora Gloria me miran como si estuviera loca.
—Debería ir a ver a Alma.
—Oh, no, no, no. Tú te quedas, nosotras tenemos mucho que hacer con estos nenes. Niñas, mami no vendrá esta noche, su hermanito está por nacer.
—Yey, tendremos otro bebé para jugar.
—Si, claro Alo. Mamá no nos va a molestar ahora.
—¡Niñas!
—Déjelas señora Gloria, están felices de la llegada de Mateo ¿cierto niñas?
—Siiiii— gritan ambas, mientras se ponen a bailar alrededor de nosotros.
El resto del día nos pasamos jugando con los niños, ninguno dijo nada más hasta que se hizo la hora de dormir. Me encargué de bañar a las niñas, mientras Jex se encargó de Tommy.
—Oye Dani ¿Te gusta mi tiito?—Me pregunta ¿Alondra?
—Oh, no, para nada — digo toda avergonzada— no nos conocemos bien, pero no.
—Yo creo que sí y tú le gustas a él. Se verían tan lindos juntos, si hasta Sarita lo aprueba ¿cierto Sarita?
—Jez, dindo — Los colores del arcoiris se me subieron a la cara y sentí maripositas en el estómago ¿me gustaba Jex? Claro que no. Es un no rotundo, además yo no le caigo bien.
—Si, es lindo mi tiito, Sarita. Si quieres te lo presto para papi.
—Niñas, por favor. No digan eso. Son muy pequeñas para pensar en el amor y todas esas cosas, disfruten su niñez.
—Las venimos a ayudal— ¿desde cuándo estaban de pie en la puerta? ¿habrá escuchado?
— ¿Cielto nino?
—Así es, vamos mis princesitas, déjenme ayudarlas.
—Jez, Jez…
—Sí, preciosa. Tu también.
—No se preocupe, yo me hago cargo de Sarita.
—No es problema, yo puedo hacerme cargo y…
—¡No! Muchas gracias, pero no— Jex me miró molesto y sin mediar palabra sólo se preocupó de las gemelas, mientras mi niña lloraba a mares, pero era lo mejor. No quería que se hiciera falsas ilusiones. Jex era solo un amigo de los jefes y trabajador de la oficina, no era nadie para nosotros.
Salí apurada del baño con Sarita, necesitaba huir de su presencia…
—¡Daniela, Detente! — me sostuvo del brazo y mi niña se lanzó a los de él, acurrucándose en su pecho.
—Jex, esto de verdad no es necesario, es mi niña y yo me puedo encargar perfectamente de ella.
—Solo quiero ayudar, te ves cansada y con ojeras— por su culpa…— déjame apoyarte.
—¿Por qué? ¿Porque se siente apenado por haberme besado a la fuerza? O ¿Por que le molesta mi relación con mi jefe?— Wow, wow, wow, era yo la que estaba hablando? ¿qué onda Dani? Tú no eres así…
—Deja de decir estupideces, ya te pedí disculpas y te prometo que eso jamás volverá a pasar. Tengo novia y me voy a casar— me dice y a mi me vienen las ganas de llorar, pero ¿por qué?.
—¡Entonces no nos moleste! Deje de hacernos… de hacerle daño con su presencia.
—La niña no quiere estar contigo, déjamela para que duerma, si tú a penas te mantienes de pie.
—No necesito de su ayuda, Jex. Entienda que cada vez que usted se va Sarita lo busca, si seguimos así y usted no aparece mi niña la pasará mal.
Las cosas se estaban colocando gris oscuro, entre nuestros gritos y el llanto sonoro de Sarita, pero tenía que dejarle claro que las cosas no eran como él quería y peor aún si dice que se va a casar. En eso escuchamos el carraspeo de alguien y al darme la vuelta me encuentro con la Jefa, Dana y el jefe que nos mira en forma acusaroria.
—A ver ustedes dos, dejen de pelear que Sarita ya está ronca de tanto llorar, pásame a la nena, Jex.
—Pero jefa…
—Pero nada, Dani tiene razón, no puedes jugar a ser el papá de la nena si no tienes tiempo y menos aún si estás en una relación, entiendes ¿no?
—Lo entiendo— dice bajando los hombros y entregándole mi niña a la jefa—, Sarita, te dejaré con la abuela. No llores más mi princesa.
—A ver, ¿quién es la princesa chiquita de la abuela Blue? Ven Dani, necesito hablar contigo de algunas cosas que han solicitado los de inmigración.
—Sí, sí, voy. Perdone Jex por molestarlo con mi niña y gracias por todo. —digo sin siquiera mirarlo a los ojos, sé que está molesto conmigo, pero él no es nadie para nosotras.
Mi jefa se sienta en el sofá del despacho y me indica que me siente junto a ella.
—Dani, tengo noticias de Robert y no son nada auspiciosas.
—¿Qué puede ser peor que todo lo que me está pasando?
—Uff, por dónde empiezo… Bueno, Robert estuvo en el pueblito donde vivían con su madre, el tipo esta vivito y coleando. Pero el problema es que por la muerte de tu vecina aún los siguen buscando a ustedes y a tu vecino.
—Pero nosotras no hicimos nada, yo se lo juro jefa.
—Y te creo, el problema es que de tu vecino no hay ni luces de él y de tu accidente tampoco, al producirse en la frontera. Aunque que creo que fue el oficial que los rescató, junto al doctor Prescot quienes lo encubrieron muy bien, pues solo aparece tu ingreso como embarazada entrando por un paso ilegal. A propósito ¿cuándo me dirías que tu apellido no es López?
—Fue el que me dieron ellos—Respondí avergonzada— . Además, ya no podría usarlo más, si como dice el tipo nos sigue buscando o mejor dicho me sigue buscando. Era mejor ser Daniela López que Daniela Pettersen.
—Te entiendo, pero hay otra cosa que no te he dicho— la miré a los ojos y sólo pude esbozar una mueca, era mejor que me diera la estocada final rápido —. El oficial a cargo de tu rescate fue encontrado muerto hace un año en el mismo lugar dónde ocurrió el accidente y el doctor Prescot está desaparecido— dios santo, cubrí mi boca de la impresión y nuevamente sentí ganas de llorar ¿qué habíamos hecho con mi madre?—. Como verás, todos los que podrían ser testigos de tu ingreso al país ya están muertos, pues creo que el doctor también siguió la misma suerte del policía, por lo que estamos en un punto muerto en la investigación.
Ahora, solo nos queda idear un plan para que logres la ciudadanía y necesito que me digas si estás dispuesta a hacerlo.
—Jefa, sea lo que sea que tenga que hacer, lo haré. Mi bebita lo es todo para mí — dije acariciando su cabecita, mientras dormía en los brazos de mi jefa—. Usted dígame y yo lo hare.
—Está decidido, pronto te daré los pormenores del asunto y tranquila, prometo que no se separarán.
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