No volví a entrar a la casa y aun cuando estaba angustiada por Laura y la bebé apagué mi celular. Sonaba muy insensible de mi parte pero era más cínico ir al hospital y esperar preocupada después del daño causado. Estar en otro lugar era mejor que estar en una habitación en medio de los dos futbolistas estresada por la tensión y la testosterona cuando yo también estaba sufriendo. Caminé a la estación del metro más cercana y tomé la línea roja que me llevaba a la antigua cafetería donde trabajaba. Volver a un lugar que solía ser mi lugar seguro era la opción más reconfortante que se me ocurría. Sentada en el vagón me di cuenta cuanto extrañaba moverme en metro y observar discretamente a cada uno de los pasajeros. El metro era el lugar más diverso y el único lugar donde a nadie le import

