Capítulo 6: Una noche llena de sorpresas II

1737 Words
¿Escuché bien?¿novia? Sorprendido volteé a ver a Laura y ella a mí. En sus ojos podía ver que no lo creía y estaba mordiéndose la lengua para no soltar una carcajada. Ambos esperábamos que fuera una broma, sin embargo, el rostro inexpresivo de mi amigo decía todo lo contrario. Fue en ese momento que nos pusimos serios y guardamos las burlas para otra ocasión. Aunque estaba feliz, no pude evitar sentirme excluido. Siempre pensé que el día que decidiera sentar cabeza en una relación, me pediría algún consejo o sería la primera persona en enterarse. No había sido así. Sin duda alguna, era una noche llena de sorpresas, primero Cédric y Olivia y ahora Memphis con Sofía. ¿Qué clase de regalos eran esos? No sabía qué pensaban mis amigos, pero era extraño que no me hubieran comentado nada. ¿No me tenían confianza? si siempre había sido un buen amigo, de hecho, siempre los apoyaba en sus decisiones aun cuando no estaba de acuerdo. No era de la clase que se burlaba o ponía presión en ellos para que tuvieran novia, al contrario, los alentaba a disfrutar. Laura se limpió la garganta, para llamar mi atención y sacarme de mis pensamientos. —No puedo creer que al fin hayan domado al poderosísimo Memphis —bromeó Laura en forma de burla dándole un pequeño empujón—. Mucho gusto Sofía, no cabe duda que nuestro amigo se sacó la lotería contigo. —¿Qué clase de encanto usaste? —pregunté curioso. La chica se río, mostrando su perfecta sonrisa. —Té de calzón —insinuó divertida y a la vez sonrojándose. Laura la observó incrédula y después soltó una carcajada—. Tal vez pueda compartirte la receta… Las observé un poco alarmado. No entendí el chiste, de hecho, me pareció asqueroso. Al parecer Laura sí lo entendió y fuera lo que fuera no sonaba nada bien. Había cosas entre las chicas que no lograba entender y ese era uno de esos momentos, aun así, me alegraba que se hubieran entendido rápido. —Por supuesto que me interesa saberla —Entrelazó su brazo con Sofía—. Creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien. Ambas chicas intercambiaron una mirada cómplice. —Eso suena asqueroso —dije haciendo mala cara. Mi novia me observó divertida por mi inocencia. —Es una broma, Dec —explicó—. Es como una poción, embrujo, amarre o como lo quieras llamar, pero se dice que si le das té de calzón a la persona que te gusta ésta se enamorará de ti. —Si, bueno ¿quién dijo que no fue al revés? —insinuó Memphis alzando la ceja. Ahora que comprendía el chiste, casi se me salían los ojos del asombro— Pero dejemos eso de lado y hagamos de esta noche ¡inolvidable! —expresó antes de pedir un trago. Observé rápidamente a Sofía a un lado de Laura. No podía negar que era guapa, pero a la vez todo lo opuesto a las chicas con las que mi amigo acostumbraba a salir y podría decir que no era su tipo. Parecía que había dejado a las morenas, piernas largas, cuerpos perfectos por la castaña de estatura promedio, piel dorada y cuerpo atlético. Estaba orgulloso de que al fin Memphis decidiera experimentar lo bonito que podía traerle una relación y poner los pies sobre la tierra. Las fiestas y las chicas con las que lo habían relacionado estos últimos meses no estaban ayudando a su imagen ni a su futuro profesional. Y eso me preocupaba. Dejamos a las chicas solas, y nos acercamos a Keith, Cédric y el resto. Disfrutando el resto de la noche entre bailes, tragos exóticos y shots. El problema vino cuando entre toda la multitud del lugar y los efectos del alcohol corriendo por mis venas perdí de vista a mi novia. Intenté buscarla a simple vista, pero no importaba cuantas veces parpadeara no veía con claridad. Caminé a la pista de baile con pasos titubeantes y entre las personas logré identificar una cabellera castaña muy familiar. Torpemente la seguí, no me encontraba bien y ya quería irme a casa. Al llegar la abracé por detrás provocando que se sobresaltara, mientras su cuerpo se tensaba bajo mi agarre. Sentí como se preparaba para forcejear conmigo, me incliné sobre su oído y rozando mis labios dije: —Tranquila, soy yo —Antes de que hiciera un escándalo. La piel de su cuello se erizó y sentí su pulso acelerarse, nerviosa. Movió su cabello e inhalé profundo el aroma frutal de su champú, hipnotizado tracé un camino de besos desde su lóbulo hasta su clavícula. Podía sentir nuestros ritmos cardiacos acelerarse mientras su cuerpo se presionaba contra el mío. El deseo y autocontrol que había estado conteniendo desde que salimos de casa, estaba llegando a su fin y ahora tenía unas ganas enormes de cogerla ahí mismo, en medio de la pista si era necesario. Mi poca cordura decía que podía esperar a llegar a casa, pero los pequeños movimientos de su cuerpo contra el mío y el bulto creciendo entre mis pantalones, me decían lo contrario. Sin pensarlo dos veces volví mis labios a su lóbulo y le di un pequeño mordisco, haciendo que soltara un pequeño gemido apenas audible entre la música. Recorrí mi mano por su vientre y la detuvo en la parte baja de este, mientras seguía jugueteando con su lóbulo, haciéndola estremecer con cada uno de mis besos. Laura estiró su mano por detrás para tomarme de la camisa y atraerme aún más hacia ella, su cuerpo estremeciéndose entre mis brazos me estaban dando la señal que tanto necesitaba. —¿Nos vamos? —pregunté entre besos. Asintió con la cabeza rápidamente. La tomé de la mano dirigiéndonos a la salida, sin embargo, apenas dimos un par de pasos, me jaló cambiando dirección hacía el baño. No estaba muy convencido de que fuera el mejor lugar, pero cuando la puerta se cerró detrás de nosotros y unió nuestros labios en un apasionado y hambriento beso, no me importó. La tomé del cuello e intensifiqué el beso, ambos estábamos hambrientos uno por el otro. Me estremecí al sentir sus pequeñas manos frías por debajo de mi camisa, la ayudé torpemente a desabrocharla. Sin separar nuestros labios la levanté del suelo haciendo que envolviera sus piernas en mi cintura y la coloqué sobre el lavabo de mármol con delicadeza. Llevé mi mano entre sus piernas, masajeando sobre su ropa interior. Laura se retorcía desesperada y yo me volvía loco con cada uno de los sonidos que salían de su boca, sin mencionar que sentirla empapada me ponía más duro. Sin demorar más, le quité la ropa interior para darle lo que tanto deseábamos. Ya tendríamos tiempo en casa para hacer lo que quisiéramos. Hechizado por el momento con manos torpes intenté desabrocharme el pantalón, pero el nerviosismo y las prisas estaban haciendo de algo tan sencillo algo muy complicado. Solté un gruñido frustrado, esto era absurdo. Las delicadas manos desabrochando mi cinturón y mis pantalones me relajaron. Tomó mi pene entre sus manos y comenzó a acariciarlo de arriba abajo con la velocidad y fuerza suficiente para hacerme soltar pequeños gemidos sobre sus labios. —Te necesito —murmuró desesperada. Era la primera vez que la escuchaba hablar desde que habíamos empezado con este juego y aunque su voz me sonó diferente, hice lo que me pidió. Me bajé los pantalones lo suficiente, abrí sus piernas y sin previo aviso la embestí. Soltó un gemido ahogado, me detuve para dejarla ajustarse, asustado de haberla lastimado por haber sido demasiado brusco. Era la primera vez que lo hacía sin delicadeza. —No te detengas —exigió en mi oído, mientras clavaba sus uñas en mis hombros. Finalmente, ahí bajo la tenue luz del baño noté algo extraño, no era que sus pechos fueran ligeramente más pequeños de lo que recordaba, ni que su cabello lacio ahora era ondulado, sino que los ojos azules de Laura ahora eran cafés y su cuerpo mucho más pequeño. Recorrí lentamente su rostro, sus pequeños labios y nariz respingada, sus finos pómulos y esos ojos cafés oscurecidos por el deseo, me cayeron como balde de agua fría. Frente a mí, tenía a Sofía. Sentí la boca secarse y pasar a estar sobrio de golpe. ¡Por Dios! Esto era un grave error ¿En qué momento habíamos llegado a esto? ¿Cómo había sido tan estúpido de no darme cuenta que la chica que estaba frente a mí no era mi novia? No tenían ni un mínimo detalle que las hiciera parecerse como para no reconocer las diferencias. Sofía era la novia de Memphis; mi mejor amigo de la infancia y yo había cometido un grandísimo error. Sentí retorcerse desesperada, incitándome a que me moviera junto con ella y aunque sabía que esto era el pecado más grande de mi vida la excitación y el deseo seguían vivos. Era demasiado tarde como para retractarse y si ya iba a pedir perdón pues que fuera por algo que había disfrutado y no por algo que se había quedado a medias. Ya habría tiempo para arrepentirse, pero ese no era el momento. Al final era el mismo error besarla que cogerla ¿no? Era imperdonable. Las paredes de Sofía se adaptaban perfectamente a mi, sus labios eran peligrosamente adictivos y sus pechos encajaban a la perfección en la palma de mis manos. Eso sin mencionar que sus gemidos eran como música para mis oídos, me daban una paz indescriptible y a la vez me encendían de una manera inexplicable. Y es que de repente lo prohibido se había vuelto más excitante, la adrenalina de un secreto me hizo aumentar el ritmo y un par de minutos después nos llevé a la cima. Sofía soltó un fuerte gemido y escondió su rostro en mi cuello recuperando el aliento. La abracé con delicadeza y me separé de ella para abrocharme el pantalón. —Lo siento —dije acomodando mi camisa y cabello. Sofía levantó la vista de su vestido arrugado y antes de que pudiera decir algo salí dejándola sola. Ya había desaparecido bastante tiempo y no quería seguir levantando sospechas. Con las mejillas enrojecidas encontré a Laura junto a Memphis y sin decir nada caminé por el lugar cargando con el peso de una mentira.
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