Capítulo 18: Visita Familiar

3472 Words
La insistencia del timbre sonando como alarma de incendios me preocupaba. Quien fuera que se encontrara al otro lado de la puerta tenía que ser conocido, ningún cartero tocaría como si su vida dependiera de ello. Pensé en ir a abrir, pero a esas alturas del día no quería llevarme sorpresas. Memphis observó su reloj de mano, soltó un pequeño suspiro y se dirigió a la puerta principal dejándome una vez más con la palabra en la boca. Caminé detrás de él furiosa, dispuesta a continuar con la discusión una vez la visita se hubiera marchado. Si el tema había salido a la luz, entonces íbamos a dejar las cosas claras, sin embargo, el futbolista tenía otros planes. Como siempre. Colocó la mano sobre el pomo de la puerta y me observó con una expresión que no pude descifrar. —Límpiate las lágrimas. Tenemos visita —informó, finalmente después de los dos segundos de silencio y antes de que pudiera protestar añadió—: mí familia. Lo observé horrorizada abrir la puerta. Quería matarlo con mis propias manos, estaba harta de sus “sorpresas”, de las visitas inesperadamente esperadas que demandaban de mi toda mi energía emocional. Quería gritarle, así como él lo había hecho, quería tomar mis cosas y renunciar a la novia por contrato, dejarlo morir solo frente a su familia y no volverlo a ver jamás. Sin embargo, todos esos escenarios quedaron en mi mente al momento en que sus padres lo abrazaron efusivamente y el resto de la familia comenzó a instalarse como si fuera su casa. El bullicio producto de todos hablando al mismo tiempo me tenían paralizada en medio de la entrada como estatua. Las maletas acomodadas al pie de las escaleras fueron la gota que derramó el vaso y la luz roja que me incitaba a salir corriendo. Tener a todos los Kane bajo el mismo techo solo significaba una cosa. Memphis y yo compartiríamos habitación. Comencé a buscarlo desesperada por toda la habitación, pero solo lograba ver como Claire, su madre se movía por toda la casa con una naturalidad que me aterraba. Abría y cerraba puertas como si estuviera buscando algo, que solo me llevaron a pensar: El que busca encuentra. Y si seguía de curiosa, por no decir metiche, en menos de una hora estaríamos en un gran problema. Una voz masculina me sacó de mi trance. —No te preocupes, solo serán un par de días… o semanas —bromeó la persona a mi lado. Busqué al dueño esperando que sus palabras fueran mentira, pero me llevé una gran sorpresa. —¡Tony! ¿Tony? —pregunté sorprendida— ¿Qué haces aquí? Mi sistema nervioso estaba haciendo corto circuito por el cambio drástico de emociones. ¿Me había vuelto loca en tan solo un par de minutos que ya imaginaba gente? ¿Tony era real o era una alucinación? Su abrazo cálido y fraternal como saludo fueron la confirmación de que era cien por ciento real. —Vine a visitar a mi nieto —dijo divertido haciendo énfasis en la última palabra— y a su nueva novia ¿la conoces? Dicen que es muy bonita. —¿¡Me estas jodiendo!? —exclamé. ¿Nieto? ¿Memphis nieto de Tony? Dios mío, la cantidad de plot twist que estaba viviendo en ese momento eran dignos de una telenovela. Dicen que el mundo es pequeño, pero nunca creí que fuera tan pequeño. Debí suponer que Tony tenía familia, esposa, hijos y por lo tanto nietos, pero ni en mi sueño más loco imaginé que Memphis sería su familiar. Mi amigo nunca mencionó tener un nieto futbolista, mucho menos famoso. Ahora que lo pensaba, nunca había indagado en su vida privada, no pregunté su edad, o a qué se dedicaba. Había sido demasiado egoísta pensando en mis problemas que no me había molestado en preguntar por algo tan simple como su familia. —Veo que ya conociste a mi novia, abuelo —habló Memphis uniéndose a la conversación. —Sí —respondió Tony—. En realidad, ya la conocía. Sofía es la chica del café que le mencionaba a tu madre. —Espero le hayas hablado bien de mí. No creo que sea buena idea comenzar con el pie izquierdo —bromeé dándole un pequeño codazo a mi viejo amigo. Mientras el futbolista nos observaba incrédulo. Yo no podía dejar de pensar en la posibilidad de que Memphis había llegado al café por orden de su abuelo y no por coincidencia. Tony era el único que sabía de mis problemas y mis necesidades, que no me sorprendería que hubiera pensado que su nieto podía ser mi ángel de la guarda. A mí me gustaba pensar que solo había sido coincidencia o destino. —No hay nada malo que decir sobre ti, Sofía —Me sonrió—. Espera a que se enteren que eres tú la chica que soportaba a este viejo quisquilloso. Le dediqué una sonrisa tierna, sus palabras siempre me conmovían. No importaba que tan insignificantes fueran, para mí tenían mucho valor. Tony era una persona muy importante en mi vida, me había apoyado cuando más triste estaba, era el pequeño rayo de luz que iluminaba mi día cuando llegaba a la cafetería. Quería volverlo a abrazar, llorar en su hombro y contarle todo lo que había pasado en estas semanas desde que había renunciado a mi trabajo. Quería contarle de todas mis pinturas, de cómo me había convertido en la novia de su nieto y en cómo terminé teniendo una aventura con Declan. Quería pedirle un consejo o ayuda, pero no podía. No podía exhibirme y no podía exhibir a Memphis, en especial porque la mala seguía siendo yo. Seguíamos en la entrada de la casa cuando escuchamos a una Claire escandalizada en el comedor. —¡Memphis! —gritó y todos corrimos preocupados a donde se encontraba— ¿¡Qué hiciste con el cuadro del león!? Instintivamente volteé a ver la pared que todos observaban con detenimiento. La famosa pared que ahora albergaba uno de mis cuadros. Un lienzo que reflejaba mis emociones, y el cambio de mi vida. Un degradado con la mezcla de colores rojizos de un atardecer, haciendo contraste con el pequeño rastro azul del cielo y el mar, y las pequeñas montañas de fondo representando lo que había dejado atrás. Todo había sido producto de mi imaginación, con vagos recuerdos e inspiración de los paisajes que miraba en televisión. Aún no había tenido la oportunidad de apreciar el atardecer como Tony me había ordenado, pero al menos podría verlo cada mañana cuando desayunara mi cereal. O eso esperaba porque después de la reacción de Claire, dudaba que mi pintura fuera a permanecer en esa pared. —¡Oh, oh! Alguien está en problemas —murmuró Brooklyn en el otro extremo de la habitación. —Por Dios, mamá. Creí que era algo más grave —expresó Memphis observando la pared con detenimiento. Después de unos segundos me observó con una ceja alzada esperando una reacción mía que confirmara que yo lo había pintado. Su rostro reflejaba asombro, sus pequeñas cejas alzadas y la media sonrisa incrédula, eran una expresión que nunca esperé ver en él. Ojalá, hubiera podido apreciar aquella pintura con detenimiento cuando llegó y así olvidarse de la razón que nos había llevado a discutir hace quince minutos. Pero no. Había llegado furioso, y cegado por los celos. —¡Claro que es grave! —reprochó Claire, una vez más. —Ay no seas dramática, mamá. Lo compraste en una segunda —Interrumpió Brooklyn—. Éste es mil veces mejor. Se ve de mejor calidad y quien sea que lo pintó tiene talento…—Explicó acercándose al cuadro y examinándolo con ojos minuciosos—. Griz no tiene los huevos para decírtelo, pero yo sí. El león era ¡horrible! Me causaba pesadillas nada más verlo. Claire fulminó con la mirada a su hijo menor, de una manera que si el chico hubiera tenido cinco años lo habrían puesto a llorar. Los segundos que pasaban se sentían como si fueran horas, la tensión en la habitación cada vez se hacía más tangible. Los nervios de la señora se alteraban al ver que sus hijos mantenían la calma y no veían el problema que ella sí. El resto de los espectadores no sabíamos que hacer. Tony y el padre de Memphis, Frank, parecían divertidos a la espera del desenlace de este drama. Era casi como si estuvieran acostumbrado a este tipo de situaciones, que ya se sentían cansados de intervenir y preferían que alguno de los acusados diera su brazo a torcer, dejara su orgullo y aceptara la culpa. Sin embargo, Memphis era muy orgulloso y ahora entendía de donde lo había sacado. De su madre. —¡No me importa que el león te persiga en tus sueños y te coma vivo, Brooklyn! Ese cuadro tenía un valor sentimental, era de tu abuela —habló molesta y luego se dirigió a su otro hijo—. Memphis, ¡quiero ese cuadro de vuelta! —Lo siento, pero no puedo —habló serio. —¿Perdón? —respondió ofendida, alargando la palabra. Me retorcí nerviosa insegura de si debía intervenir o no. Esto se estaba saliendo de control por mi culpa, Brooklyn y Memphis ya habían contradicho a su madre que lo que menos deseaba era que me odiara por poner a sus hijos en su contra por un lienzo con color. El futbolista permaneció firme en su lugar, sin ningún rastro de culpa por no haber obedecido aquella orden. En realidad, tomó aire y buscó mi mirada conectando una fracción de segundos antes de dirigirse a la persona más afectada: —No puedo, porque esto… —Señaló la pintura haciendo una pequeña pausa— lo pintó Sofía. Casi pude escuchar como la mandíbula de todos se descolocaba asombrados. Era casi como si les hubieran revelado el secreto más grande del mundo. La velocidad en la que todos los pares de ojos bailaban de mí a la pared me cohibía mientras sentía como mis mejillas comenzaban a arder. —No es cierto —murmuró Phoenix, sorprendida—. Ahora las manchas de pintura tienen sentido. Señaló las pequeñas marcas de pintura sobre el piso blanco que yo había dejado la noche anterior y que no me había dado tiempo de limpiar. —Me alegra que hayas seguido mi consejo —expresó Tony orgulloso a mi lado. Agradecí con una sonrisa torcida. Nerviosa por la reacción de Claire. Qué manera de comenzar nuestra relación. —A ver mamá, dile algo a Sofía —expresó Brooklyn burlón— ¿Por qué no le reclamas también? —Guardé el cuadro en la habitación, puedo traerlo si… —interrumpí rápidamente nerviosa. Quería mantener una buena relación con Claire, ya no estaba como para seguir sumando enemigos. Quería que me quisiera como a otra hija, que me recibiera con amor en su familia, que me hiciera sentir como una de ellos y así poder sentir la calidez y el amor de una familia unida, aunque solo fuera temporal. —No, no, no —se apresuró a hablar con las mejillas casi tan rojas como las mías—. No es necesario… —Alguien va a tener que pedir disculpas —expresó Frank divertido con tos falsa entre palabras. —¡Uy, abuelo siéntate que esto va a estar interesante! —dijo Brooklyn frotándose las manos mientras tomaba asiento en uno de los bancos frente a la barra. Memphis metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y soltó una pequeña risa mientras observaba el suelo escondiéndose de la mirada matadora de su madre. Frank, Tony y Jack observaban desde su lugar y Phoenix abrazó a Zoe, quien comenzaba a llorar. Mientras todos guardaban silencio divertidos, yo esperaba que esto se terminara pronto. Era la tortura más lenta y desgarradora que había experimentado. Era casi tan difícil como la ley del hielo que el futbolista me declaró la noche anterior. —Memphis, me disculpo por mi berrinche —Comenzó con su hijo. Éste solo asintió conteniendo la risa, mientras la señora de cabello rubio se giraba en mi dirección—. Sofía… perdón por menospreciar tu trabajo, está claro que tienes demasiado talento y que debí preguntar antes de reaccionar así… El cuadro está espectacular. —No te preocupes, Claire… —respondí. En otra circunstancia, si esto hubiera pasado con mi familia seguro hubieran tirado o quemado el cuadro sin ningún remordimiento. Era algo difícil de aceptar después de haber crecido escuchando pestes y críticas sobre mis dibujos. Sus palabras o más bien su disculpa me provocaron una sensación extraña. Una sensación de vacío e incomodidad, nadie nunca se había disculpado conmigo por haber menospreciado mi trabajo. Al igual que nunca imaginé que alguien lo defendería como Memphis lo había hecho, mucho menos que se opondría a su madre por mí. Siempre creí que cuando se trataba de sus padres era el único momento en el que seguía las órdenes. Estaba equivocada, muy equivocada, el futbolista solo seguía las ordenes que creía fueran con su ética, esa era la razón por la que lo acusaban de problemático, porque no hacía lo que las personas esperaban que hiciera. Quería llorar, quería correr a abrazarlo y agradecerle aquel acto, pero tenía miedo de que me rechazara frente a su familia, así que me tragué aquel nudo y me quedé con las ganas. Después de unos minutos la familia se desenvolvía como si nada hubiera pasado, caminando por todo el comedor se encontraba Claire mientras que el resto se había acomodado en los sillones de la sala. —…la alfombra también la escogió Sofía —explicó Memphis irritado— Si quieren les vuelvo a dar un tour por la casa. Ya que están tan sorprendidos. —Nunca creí que una chica podría ser capaz de moverte todo sin que te volvieras loco —continuó Phoenix con la burla. —Mejor ni les digo que en la alacena hay galletas, chocolates y cualquier dulce que se les antoje —hablé uniéndome a la conversación. Brooklyn se levantó como resorte de su asiento y corrió a la alacena a comprobar que lo que había dicho en efecto, fuera verdad. Mientras que por segunda vez en el día me ganaba las miradas de asombro de toda la familia. —¡Me estas jodiendo! —expresó sorprendido— ¡Nix, ven a ver esto! —Si bueno, muy bonito y todo, pero vayan a alistarse —interrumpió Claire, antes de que sus hijos continuaran con las burlas—, los Ressler nos han invitado a cenar. —¿A todos? —exclamó Memphis escandalizado. No pude evitar observarlo horrorizada. Justo cuando pensaba que este día no podía empeorar, llegaba la manera de convertirlo en una película de terror. ¿Dónde firmaba mi carta de defunción? ¿Cómo haría para estar en la misma mesa que Declan y su familia sabiendo que Memphis a mi lado estaba enterado de todo lo que había ocurrido entre nosotros? Si sobrevivía a esta noche tendrían que nominarme a un Oscar por la tremenda actuación que haría. —Sí, a todos —enfatizó señalando a cada uno de los presentes en la habitación— Así que corran a cambiarse que se nos hace tarde. —Mamá no podemos ir, mañana es la final. Tengo que estar concentrado, si el equipo se entera que salí a cenar me van a castigar —El futbolista trató de excusarse. Sabía que pensaba lo mismo que yo. Ir a cenar con los Ressler era una terrible idea. —Tienes hasta las diez, ¿no es así? —asintió— entonces váyanse a cambiar que el tiempo es oro. En menos de un parpadear todos ya se encontraban camino a las habitaciones para alistarse, era evidente que nadie se atrevía a contradecir una vez más a Claire y no obedecer sus órdenes supondría otra gran pelea. Subí derrotada las escaleras en dirección a mi habitación cuando una fuerte mano sobre mi cintura me empujó en sentido contrario. —Esta es tu habitación —murmuró abriendo la puerta. —¡Dios mío! No te mato no más porque está tu familia y soy demasiado joven como para pasar el resto de mi vida en prisión —exclamé en cuento cerré la puerta de la habitación ahora compartida, tratando de no alzar la voz, pero dejando en claro que estaba furiosa. —Qué bueno saber que el sentimiento es mutuo —respondió Memphis, pasando de largo a su armario. Se quitó la sudadera blanca que llevaba dejando al descubierto su torso desnudo y a simple vista pude notar que tenía un par de tatuajes en el bicep izquierdo junto con una frase en la base del cuello. No los había visto antes porque las camisetas tenían el suficiente largo para esconderlos. Sus pantalones negros caían sobre sus caderas dejando ver ligeramente el elástico de sus boxers, para dar inicio a su fuerte espalda. La manera en la que se contraían sus músculos cada que movía un gancho buscando la camisa adecuada provocaron un calor indescriptible dentro de mí. Me relamí los labios tratando de recobrar la compostura, no era momento para dejarnos llevar por el deseo. —Ni creas que vamos a dormir en la misma cama —señalé observando la gran cama King size. Era el comentario más absurdo que había hecho, fácilmente podíamos dormir juntos y no tocarnos. La cama era enorme, pero mi orgullo podía más y era la excusa perfecta para evitar tentaciones, en especial cuando me diagnosticaba como una mujer débil. —Puedes dormir en el piso, si así lo prefieres. No voy a arriesgar mis horas de sueño previo a una final solo porque a ti te da asco dormir conmigo… —habló tajante mientras descolgaba una camisa— pero con Declan no pensabas lo mismo —murmuró lo suficientemente audible. —Las cosas eran diferentes… Se giró furioso, su mirada oscurecida por el enojo me hizo callar. Dio un par de pasos en mi dirección y yo retrocedí hasta que sentí el borde de la cama en mis piernas. —¿Diferentes? Mírame —señaló parándose frente a mí con el pecho desnudo y los brazos extendidos— ¿qué tiene Declan que no tenga yo? ¿Qué te llevó a él? Teniéndome a mí. Abrí la boca y luego la cerré vacilando un momento mientras buscaba la respuesta correcta, pero después de unos segundos de silencio no logré encontrarlas. No había respuesta correcta, o tal vez, sí, pero no era el momento para hablar mi verdad. Así que, preferí callar. —Como sea —interrumpió—. Arréglate que a mi madre no le gusta esperar y mucho menos llegar tarde. —¡Te odio! —murmuré entre dientes. —Ódiame todo lo que quieras, pero no te he dado motivos para hacerlo… —respondió volviendo al vestidor. —De acuerdo, señor hago todo bien, ¿cómo voy a vestirme sin que tu familia se dé cuenta que dormimos en habitaciones separadas? —Al final del armario esta tu ropa y en el tocador del baño está tu maquillaje —señaló restándole importancia, mientras se terminaba de abrochar el ultimo botón de su camisa de manga corta color beige—. Por cierto, tu habitación está cerrada con llave, no puedes entrar hasta que se vayan —informó antes de abandonar la habitación. Memphis no tardó ni veinte minutos en estar listo, las ventajas de llegar a casa duchado después del entrenamiento. Mientras yo buscaba entre las pocas opciones algo que ponerme, él se había cambiado la camisa, acomodado el cabello que ya comenzaba a mejorar aquel corte horrible que tenía y rociarse un poco de perfume. Que envidia le tenía a los hombres que estaban listos en menos de treinta minutos, en cambio, uno como mujer tardaba mínimo de cuarenta minutos a una hora cuando no se producía demasiado. Los días cálidos ya comenzaban y esa noche ameritaba el único vestido n***o largo de tirantes con un pequeño escote en la espalda que encontré, las sandalias de piso cafés, un maquillaje sencillo, el cabello suelto y ya estaba lista. No sabía a dónde iríamos a cenar, pero parecía el atuendo adecuado para cualquiera de los posibles escenarios. Me observé una vez más al espejo mientras escuchaba todas las voces juntarse a la entrada de la casa, tomé mi bolso de mano y bajé antes de que me mandaran buscar. Hacer esperar a Claire iba a restarme puntos y más motivos para odiarme. Sin decir mucho, más que unos halagos de parte de Phoenix y Tony nos subimos a los autos en camino a la tan anhelada cena con los Ressler.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD