Mi padre llegó justo a tiempo para llevárselo y yo me quedé hecha un lio en esas cuatro paredes. Todo el valor que había sentido desapareció por completo y ahora, simplemente, tenía ganas de derrumbarme y llorar, porque todo esto era injusto, yo no lo merecía. Juro que no había hecho nada malo para que todo esto me pasara. Maldije un par de veces y, cuando ya las cuatro paredes me ahogaron, me fui. Necesitaba un poco de aire, por lo que, conduje a un parque cercano y ahí me quedé por horas, sentada en una banqueta pensando, simplemente, en todo y en nada a la vez, llorando de vez en cuando, cuidándome de la gente, es que era un poco vergonzoso que te vieran llorar. Una chica con su tenebroso perro se me acercó preguntando si estaba bien. Nerviosa la miré, ella sonrió diciendo que él no ha

