Respiré aliviada al vernos a ambos vestidos, bueno él estaba sin camisa, revelando su cuerpo excesivamente tatuado y perfectamente trabajado en el gimnasio. El hombre estaba como quería, no podía negarlo. Lo admiré por unos segundos y me levanté tomando mis zapatillas del suelo para huir. —¿En serio vas a huir sin despedirte? —preguntó dándome un susto en el que mis zapatillas salieron volando por todas partes. —¿Cómo llegué aquí? —dije evadiendo la pregunta. —Te emborrachaste mucho y no sabía a dónde llevarte, así que, te traje a mi hotel. No pasó nada, no te preocupes —dijo levantándose de la cama y acercándose a mí para darme un beso en la mejilla —. Buenos días, Artemisa. De pie y sin camisa revelando una enorme tableta de chocolate como abdomen, no pude evitar mirarlo de más. Sus

