Pegué un grito como una idiota virginal, él solo me miró confundo volteándose y no haciendo ningún esfuerzo para, al menos, taparse. Así que, fui yo quien tapó sus ojos y se quedó ahí helada, sin saber que más hacer. Lo escuché despedirse con un “auf wiederhören”, luego pasos acercándose a mí. Me tomó de mi cintura haciéndome pasar y cerrando la puerta detrás de mí. —No pienso vestirme, Artemisa. Es mi tiempo de macho alfa, que puede andar desnudo en su espacio y tú viniste sin avisar. ¿Qué haces aquí? —Vine a verte, quería disculparme contigo por lo sucedido hoy. Siento que te traté muy mal y no lo merecías —suspiró. —Me vestiré para que hablemos —escuché pasos alejarse mí y quité las manos de mis ojos para volverme a encontrar su precioso y trabajado culo. No podía negar que él estab

