Caterina. Mi alcoba es el colmo de lo ostentoso, una habitación digna de una princesa de cuento de hadas con una cama doble ¡con dosel y todo! No recuerdo ya cuantas veces he puesto los ojos en blanco porque no es que me disguste, pero todo es tan lujoso que raya en lo soberbio, además de que tengo a alguien en la puerta sentada para lo que se me ofrezca. Todos aquí tienen esa actitud grandilocuente que no es propia de los Estados Unidos ya que en Manhattan las cosas debes hacerla por ti misma porque de lo contrario... todo se vuelve un caos. Aunque yo soy el caos de cualquiera, especialmente de mis amores amargo y dulce. Miro mi teléfono y me pregunto por qué no he recibido ni siquiera un mensaje de ellos. Busco el número de Mi Amor dulce y repica dos veces, entonces se escucha una int

