—¿Cómo llegaste a esa conclusión? —quiso saber Tatiana mientras avanzábamos hacia la casa que había adquirido en el Poblado.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Me refiero a cómo sabías que Leidy te estaba engañando.
—Ah, eso… Me llamó justo después de mi conversación con Carlos, preguntó cuándo volvería y mencionó que tenía planes con una prima.
—Parece una situación común, ¿no?
—Sí, pero hace poco había hablado mal de su prima, eso me hizo dudar.
—Comprendo. ¿Estás emocionalmente afectado, Malachi?
—No, he cometido el mismo error antes, así que no puedo juzgarla.
—Pero, ¿no sientes amor por Leidy? Además, lleva tu embarazo. ¿Cómo puede estar involucrada con alguien que no sea su esposo?
—En ocasiones, las personas albergan fantasías y deseos poco convencionales. Noté cómo Leidy ganaba popularidad en su página de webcam mientras su vientre crecía. Fue ella quien sostuvo nuestra economía mientras yo estaba desempleado. Incluso me asaltan dudas sobre si el bebé es realmente mío. ¿Comprendes, Tatiana? La conocí cuando trabajaba como scort, solía estar involucrada con Carlos en ese entonces.
—¿Cómo fue que se conocieron?
—¿Leidy y Carlos?
—No, tonto. Me refiero al inicio de su relación amorosa.
—Ese día iba a llegar tarde al trabajo, tomé prestado uno de los autos de Carlos y ella me pidió que la llevara a un lugar cercano. Terminamos teniendo intimidad en el auto antes de llegar allí. Llegué tarde al trabajo y me despidieron.
—Debe ser emocionante hacer el amor en un auto.
—No lo creas. ¿Nunca lo has probado?
—No, pero me gustaría intentarlo.
—Es incómodo, te lo aseguro. —
Llegamos a la casa.
—Impresionante, Malachi. ¿Lograste comprar esta propiedad… tan rápido?
—Sí, y toda esa ropa para Leidy también. Incluso me corté el cabello y la barba.
—No pierdes el tiempo, ¿verdad? ¿Cuánto te costó la casa?
—Ochenta mil. —
La residencia se desplegaba en dos niveles, con su propio garaje adjunto. Abarcaba tres acogedoras habitaciones, dos baños, un estudio, una sala con una chimenea de gas, un comedor, una cocina completa y un patio ajardinado que culminaba en un relajante jacuzzi. La elegancia del mobiliario y la exquisita decoración de la marca impregnaban cada rincón, irradiando una sensación de amplitud y calidez que envolvía el ambiente.
—Si prefieres, puedes tomar una ducha. —Le sugerí a Tatiana. —Puedes elegir cualquier ropa de las que compré para Leidy. Estaré en el estudio organizando los libros. —
Coloqué el libro rojo sobre el escritorio y procedí a ordenar los míos en el estante de la biblioteca, disponiendo todo alfabéticamente según la inicial de cada autor. Sin embargo, al percatarme de la ausencia de algunos, una sensación de tristeza se apoderó de mí.
—Malachi —anunció Tatiana con discreción desde el umbral de la puerta—. Voy a cambiarme en la habitación principal. ¿Prefieres que te espere allí o…? —Pero antes de poder terminar su pregunta, Tatiana se quedó en silencio.
—Sí, no te preocupes, enseguida voy.
—De acuerdo. —
Cogí el libro rojo y lo inspeccioné fugazmente antes de guardarlo en uno de los cajones vacíos. Luego, me dirigí hacia la habitación y toqué suavemente la puerta. “Adelante”, murmuró Tatiana desde adentro con la voz entrecortada. Giré el pomo y entré con cautela.
Tatiana estaba ataviada con un audaz baby doll rojo. Reposaba en la cama, sentada con las piernas cruzadas, mientras de forma sugerente acariciaba su cabello rubio y sedoso entre los dedos.
Sonrió encantadoramente, volviendo su delicado y lozano rostro hacia mí, permitiendo que su melena húmeda se derramara sobre su espalda. Sus ojos ardían con intensidad cuando me miró, y con un gesto de su dedo índice, me indicó la entrada con una invitación magnética.
Sentí el palpitar de mi pene a causa de la inminente erección. Me aproximé cautivado, inclinando mi torso hacia ella mientras deslizaba mi mano derecha sobre ambas piernas con ternura. Con su permiso, acaricié su cuello con la otra mano y comenzamos un beso lleno de pasión.
Ella aflojó el cinturón de mi pantalón con destreza, antes de desabotonar mi camisa. Mientras seguía saboreando sus labios y acariciando su cuello, noté su respiración entrecortada y sus sollozos, que resonaban en el aire cargado de pasión. Sus manos encontraron su camino hacia mi pecho, acariciándolo con suaves círculos, intensificando el momento.
Con delicadeza deslizó sus dedos para acariciar suavemente mi pene, tras un breve instante, luego me hizo señas para que me despojara de la ropa, a lo cual accedí. Con admiración, separé sus piernas y la contemplé durante unos segundos, deslicé sus bragas por el camino de sus piernas y comencé a besarla deliberadamente mientras ella respondía con sutiles movimientos. Con ternura, la recosté en la cama y descendí lentamente hacia su entrepierna, un gemido intenso escapó de sus labios mientras levanté la mirada y me perdí en la visión de su suculenta v****a, avivando aún más mi deseo. Empecé a saborear con pasión, explorando cada rincón de su cuerpo, mientras buscaba mayor intimidad, ella separó sus piernas con ansias, sujetando mi cabeza entre sus muslos y dejando escapar un grito de placer.—Quiero que me lo metas —susurró.
La tomé con firmeza por la cintura, la acerqué, puse mi pene en la abertura de su v****a y experimenté un placer absoluto. Empecé a golpear con intensidad, cautivado por su expresión. Con cada golpe, desplegué toda mi fuerza, y mientras ella gritaba, lancé caderazos en todas direcciones. Sus estremecimientos eran evidentes, y mantuve un ritmo constante de golpes, soltando un rugido deliberado que resonó como el de un animal. —Me voy a venir —exclamó. —Iniciamos el clímax simultáneamente.
Entre sollozos, el tiempo fue paralizado, y una atmósfera cálida de amor, como si el aire mismo estuviera cargado de emociones, nos envolvió. Nuestras miradas se cruzaron, y en ese instante, todo a nuestro alrededor pareció desvanecerse, dejándonos solos en un universo compartido. Cada latido de mi corazón resonaba al ritmo del suyo, como si estuviéramos conectados de una manera inexplicable. En ese momento, comprendí que lo que sentíamos era mucho más que una simple atracción física; era un vínculo profundo y genuino que trascendía el tiempo y el espacio.
Disfruté observando cómo todo el esperma se deslizaba desde su interior.