Capitulo 3. Sin salida.

1544 Words
Capítulo 3. 2 años después. El imponente magnate de negocios Vicente Fisterra busca la candidata ideal para la gran familia, hermosa, encantadora y de buena familia, que pueda aplacar el corazón de su hijo, Iván Fisterra, un joven de 28 años, corredor desde sus 17 años en la gran Fórmula 1, campeón por 3 años consecutivos, líder de un gran conglomerado y un hombre creado por los dioses ante su físico. Un don Juan empedernido, ambicioso, vividor, un dolor de cabeza nato de la gran familia, quien ha pasado por una fuerte ruptura hace 3 años ante su ex codiciosa que solo lo quería por dinero, romances que lo han cambiado y que lo han convertido en quien es, un hombre con un carácter tenaz, que solo escuchar de él a muchos causa escalofríos, un hombre aburrido de las relaciones formales que solo traen amargura a su vida; se niega a comprometerse y formar una familia, para así dar el heredero que sus padres tanto desean. —Tú jamás lo vas a entender, padre, nunca piensas en lo que yo quiero. —Réplica con arrogancia Iván. —Te equivocas, siempre he velado por el bienestar de esta familia y sobre todo por tu bienestar; hago lo mejor para esta familia y para ti. Es momento de que te cases, ya no eres una adolescente, eres un hombre que debe formarse y formalizar una familia. —¿Con quién? Nombra a una mujer que no desee estar conmigo por mi dinero y por placer; no pienso tener hijos con nadie así. Me rodean puras mujeres ambiciosas que solo van persiguiendo los números en mi tarjeta; olvídalo, ya no estoy para esas cosas, me siento bien con el estilo de vida que llevo, me divierto sin compromiso, soy feliz así como estoy, ¿para qué arruinarlo? —Que te hayan roto el corazón no significa que todas sean iguales. —Bueno, déjame decirte que no ha llegado la primera que me haga pensar diferente, y por lo tanto mi decisión es no, no me voy a casar, lo siento, papá. —¡AAAAH! —Iván se sorprende al verlo tan alterado. —Deja de jugar, papá, no vas a manipularme. —Lo ve caer al suelo. —Vicente, levántate, no soy un niño al que puedes manipular. ¿Papá? ¿Papá? LARISA, LARISA. —¿Qué pasa, hermano? ¿Papá? ¿Papito? —Corre a su encuentro. —Llama a emergencias. —VICENTE… NO, NO, VICENTE, ¿QUÉ TIENES, MI AMOR? La ambulancia llega; Iván sube en la ambulancia con su padre, quien lo toma de la mano. —Iván, Iván… —Iván se acerca más a él. —Tranquilo, papá, no hables, no digas nada, por favor, ya vamos a la clínica. —Escúchame, escúchame, Iván, tengo a alguien para ti, es la hija de mi corredor, es hermosa, conócela, ve, habla con ella, quizás ella sea la indicada. —Vicente, ni siquiera en estos momentos puedes dejar el tema atrás. —Hijo, te amo y quiero tu felicidad; inténtalo esta vez por mí, por favor. Ya hablé con él, en mi escritorio está su información, llámalo y pauta un encuentro con él, lleguen a un acuerdo, no quiero morir sin ver a mis nietos, no quiero morir sin verte casado y feliz. —Iván guarda silencio. —Prometerlo, promételo, Iván, le prometí que te casarías con su hija; te aseguro que es hermosa, y su padre, un hombre decente. Cúmpleme, Iván, inténtalo, hijo, por mí. Iván lo mira y niega un poco disgustado por la situación; no puede creer que esté pasando por esto, pero está aquí al borde de su muerte y no puede, aunque quiera negarse. —Te prometo que cumpliré tus deseos, padre, pero debes prometerme que haremos las cosas a mi modo; si resulta ser una interesada como el resto, entonces nos divorciaremos. —Está bien, hijo, así será. Mentiras y secretos llevan a ambas familias a aceptar el trato. Ivette y Osvaldo conversan y llegan al acuerdo de comprometer a su pequeña hija, pues ella es quien consideran que merece la oportunidad. La gran familia Fisterra les ofrece acciones en su empresa, más una pequeña casa en donde vivir. Sin embargo, la propuesta para Thais no es de su agrado; ella ya tiene planes y en sus planes no está casarse con un desconocido del que todos hablan de mala manera. Ella se idealiza con Noah y trata de arrebatarlo de la vida de Ameliz; ante su rechazo, Thais crea un plan: si Noah no es para ella, tampoco será para su hermana, y como si todo estuviera a su favor, sus padres han llegado a casa con una gran noticia. —Thais, hija, se ha confirmado, el hijo del señor Fisterra ha decidido continuar con los preparativos para la boda, hija, te vas a casar con Iván. —¿Qué has dicho, papá? No, no quiero, me niego, no quiero de parte de la vida de un hombre mujeriego; todos le temen con solo hablarle, papá, merezco a alguien mejor, estoy enamorada, papá, no es a quien quiero. —¿Qué estás diciendo, Thais? Es una gran oportunidad para ti y para esta familia, hija… —Thais interrumpe. —No, no quiero, no quiero, por favor, no me obliguen. —Se arroja al suelo con angustia llorando a su padre. —Thais, pero hemos dado nuestra palabra. —Thais, hija, entiende que tu padre y yo solo queremos lo mejor para ti. —¿Lo mejor para mí? Lo mejor para mí es Noah, papá, lo quiero a él, quiero a Noah; él y yo nos encerramos, él me estuvo tocando, papá, quiero que sea Noah mi esposo. —¿Qué estás diciendo? —Thais, ¿te estás escuchando? —Osvaldo está furioso. —Es verdad, papá, Noah es el hombre que yo quiero, lo amo, papá, lo quiero, no pienso casarme con nadie más; si ya dieron su palabra, lo mejor es que Ameliz se case, ella es digna de ese hombre. —THAIS… —Haimi se enojó ante su petición a Osvaldo. —Piénsalo bien, mamá, ya le han puesto precio a una mujer, saben que es su hija, pero no saben quién es. Entreguen a Ameliz, ella es quien merece ese destino, no yo, yo me quedo con Noah. Thais convence a sus padres de obligar a su hermana a casarse; así no podría estar con Noah y ella podría conquistarlo. Sin embargo, Ameliz se niega ante el amor que siente por Noah, se niega a casarse con un hombre al que no ama y no conoce. —No, no pueden hacerme esto, quiero a alguien, y él me quiere a mí, por favor. —Suplica llorando Ameliz con angustia. —La decisión está tomada, les he dado mi palabra y tú tendrás que aceptarla. —No pienso hacerlo, no puedo, ya te lo dije, papá, amo a otra persona, no pueden obligarme a casarme con alguien que no conozco. —Lo harás… —responde Haimi con enojo. —Tú nos debes mucho, jovencita, debes agradecer que aún tenemos bajo nuestro techo a tu abuela. ¿Quieres pagar sus tratamientos médicos? Pues debes hacer lo que te ordenamos, irás a esa casa y te vas a comportar como debe, harás todo lo que te diga sin responder; si no haces lo que te ordene y abres la boca para decir una palabra, tu abuela pagará las consecuencias, ¿me estás escuchando? Ameliz baja su cabeza débil y asiente. —Lo haré, solo si me dejan llevarla conmigo a donde vaya. —Eso no está en discusión, ella se queda, no vas a llevarla a ningún lado a dar lástima, no pondrás el nombre de mi familia por el suelo ante la vergüenza de tener una abuela loca y enferma, eso no, guardarás el secreto de su existencia o te lo haré pagar, tu esposo no tiene por qué cargar con esa carga; en cambio, es tu responsabilidad cuidar de ella y, si quieres que siga viviendo, harás lo que se te ordenó. Ve a prepararte, partiremos para el anochecer. Ameliz corre a regocijarse en los brazos de su abuela; no sabe cómo explicarle las cosas, simplemente todo empieza a salirle mal. Solo esperaba graduarse de la universidad y encontrar un trabajo, quizás con el tiempo un lugar a dónde irse con su abuela; ahora las cosas dan un giro que no esperaba, y está en medio de los planes macabros de su padre. —Felicidades, hermana, te vas a casar; lamento mucho no poder asistir a esa boda. —¿Cómo puedes permitir que esto pase? Es tu prometido, Thais, no es el mío. —Míralo como un intercambio; yo tengo al hombre que tú amas y tú tienes a mi prometido, es un intercambio justo, solo que yo seré feliz con un respetado abogado y tú, pues, veremos qué te depara el destino con un mujeriego. —¿Justo dices? Te eligió a ti, soy tu hermana, ¿qué crees que pasará cuando se dé cuenta de eso? ¿Cuándo sepa que no soy tú? —Eso vamos a averiguarlo, tienes que hacerlo perfecto, o estarás perdida. ¡Buena suerte! “Hermana”.
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