—Nos comprometimos ese día—Ella continua con algo de dificultad, debo admitir que me cuesta escucharla, toda mi atención se centra en la foto, sonríen de forma genuina, cosa que nunca haría conmigo, es ilógico compararme con un fantasma—Se suponía que la carrera solo duraría 7 días, Rick soñaba con pescar el Atún más grande y ser el ganador.
—Pero no regreso…—Declaro lo obvio, sé que no debo recordárselo, no lo dije a conciencia es solo que me ha tomado por sorpresa, es razonable que conserve una fotografía, lo que no es lógico es cuanto me afecta verla, algo en mi interior se retuerce.
—Aún no lo hace—Responde tercamente arrebatándome la foto, la veo darme la espalda cubriéndose de pies a cabeza con las sabanas, genial la he hecho enfadar, quiero tocar su hombro arreglar lo que he hecho pero el recuerdo de su imagen no me ayuda, ¿por qué debo consolarla? Cuando sufre por alguien más.
—Estaré abajo—Anuncio, no obtengo respuesta, así que no pierdo más el tiempo, salgo de la habitación a grandes zancadas, al bajar las escaleras mi esfuerzo por estar junto a ella me parece en vano, todo por ese estúpida foto, me alzo al sofá cubriéndome la cara con uno de los cojines, patético, no pasa mucho tiempo cuando mi estómago comienza a protestar a causa del hambre, suelto un gruñido de frustración, no me queda de otra más que salir del sofá y dirigirme a la cocina, inspecciono los estantes hasta que decido hacer pollo frito con papas, irremediablemente pienso en ella.
“Siempre terminas metiéndote en líos”
Puede que Archer no quiera verme, aun así no pienso darle alternativa, si mi orgullo se ira al carajo el suyo también, al terminar coloco todo en una bandeja y me encamino a su habitación, golpeo la puerta un par de veces, no hay respuesta, espero solo algunos segundos, vuelvo a golpear un poco más fuerte, nada, se acabó, abro la puerta sin importarme cuanto se enfade, doy algunos pasos en la oscura habitación entrecierro los ojos centrándome en el bulto inerte sobre la cama, suspiro buscando en lo más profundo de mi ser algo de autocontrol, la verdad es que ella sobrepasa mis límites.
—Esto no es una disculpa, considerarlo una ofrenda de paz—Comienzo a decir anunciando lo inevitable, dejo la bandeja sobre el baúl de la cama aproximándome lentamente a ella, puedo ver como se remueve, me detengo justo a su lado observo su figura cubierta por las sabanas asimilando cuanto disfrutaré al hacerlo—Sal de allí solo contaré hasta 3…¡1,2,3!
— ¡¿Pero qué?! —Chilla al verse descubierta, tiro las sabanas al otro extremo de la cama ladeando la cabeza, me encanta ver esa mirada de furia en sus ojos, es fascinante, casi parece que quiere estrangularme y eso me gusta mucho más que verla lamentarse.
—Lo dicho, no esperes una disculpa—Le recuerdo, al darle la espalda.
— ¿Qué demonios pasa contigo? —Pregunta colérica lanzándome una de las almohadas a la cabeza, fallando sin remedio.
— Tú puntería es un asco ¿Lo sabías? —Aseguro dejando una pregunta retórica al aire, tomo la bandeja del baúl colocándola con cuidando sobre sus piernas, haciendo que se sobresalte, me relamo los labios al verla vacilar.
—Solo no apunte bien—Se escusa incorporándose, parece seguir molestar, pero su semblante se suaviza cuando vea la bandeja sobre sus piernas, curvo una sonrisa, vaya no soy él único que moría de hambre— ¿Con esto planeas comprarme?
—Más bien no dejarte morir de hambre—Aclaro arqueando una de mis cejas reprochando su falta de modales, ella se muestra orgullosa, entrecierra ligeramente los ojos y luego me mira con curiosidad.
—Me sorprendes, creí que te habías hartado de escucharme—Se limita a decir dando el primer bocado, pienso que debería decir, creo que jamás me cansaría de escucharla.
—Soy toda una caja de sorpresas—Bromeo escudándome para no decir algo tan estúpido, no me queda otra cosa más que irme así que me doy la vuelta tomando caminando hacia la puerta.
— ¿Te vas? —Pregunta desconcertada, no me molesto en girarme, no quiero tener que mirarla a los ojos.
— ¿Necesitas algo más de mí? —Cuestiono de vuelta tomando el pomo de la puerta, se instala un sórdido silencio, no me interesa involucrarme más de lo necesario, por hoy ha sido suficiente interacción.
—Pensé que…—No ha tenido el coraje de terminar la frase, ladeo una sonrisa, con eso he tenido mi respuesta, abro la puerta, escucho que suelta un murmullo que no logro comprender, admito que no me molesté en hacerlo, decido girarme sus ojos brillan en medio de la oscuridad.
—No deberías acostumbrarte, no estaré aquí mucho tiempo—Le recuerdo con un tono frío, sus ojos se abren demasiado, sé que he tocado una fibra dolorosa, para mí también es un recordatorio, salgo de la habitación con una extraña sensación en el estómago, es mejor cortar todo lazo de raíz pienso cuando salgo de la casa, camino sin rumbo algunas metros, hasta que me encuentro con una banca vacía, me dejo caer allí tomo mi libreta junto con un lápiz, comienzo a escribir de forma furtiva, no quiero olvidar ningún detalle, me provoca nauseas pensar que se ha estancado por una promesa de matrimonio, definitivamente el amor es un asco.
—Axel— Alguien pronuncia mi nombre, al alzar la vista de mi libreta veo que se trata de Mara viste una falda floreada con una camiseta amarilla, extrañamente me sonríe con simpatía—¿Puedo sentarme?
—Adelante, estaba por irme—Me limito a decir, a decir verdad su cambio de actitud me parece sospechoso, pero mi humor en este momento no le deja espacio a mi curiosidad, me levanto dispuesto a buscar otro sitio donde poder escribir sin interrupciones cuando ella me toma del brazo.
—Espera, no te vayas—Me pide, parece desesperada, quiero decirle que me suelte pero se ve bastante ansiosa, decido quedarme pero no por la razón de ayudarle, solo le devuelvo el favor que me hizo al darme ese periódico, asiento dándole a entender que debe soltarme, ella lo hace y vuelvo a tomar asiento a su lado.
—Espero que sea algo importante—Pronuncio con urgencia, no planeo quedarme mucho tiempo de lo contrario, ella parce dudar de lo que sea que quiere decirme y eso me hace impacientar—Solo dilo.
—Sé que debería habértelo dicho antes—Comienza a decir con nerviosismo jugando con sus dedos sin parar, sus manos tiemblan, junto las cejas al pensar en lo que quiere decir con eso.
— ¿De qué hablas? —Pregunto impaciente ahora desesperado por saber la respuesta.
—De Charlotte Archer—Pronuncia su nombre como si se tratase del demonio, sus ojos se humedecen pero pronto aparta las lágrimas de un manotazo, ahora parece que se hace la fuerte es como si odiará hablar de ella y al mismo tiempo la destrozará—Ella no es tan inocente, tal vez no lo sepas pero para todos ella es una bruja.
—La opinión de los demás no me es relevante—Aclaro con un tono indiferente, sé perfectamente que ella no es la más popular en este pueblo pero eso no es de mi incumbencia, no me interesa en lo absoluto mientras no se entrometan en mis asuntos.
—Charlotte no merece que la rescaten, ¿seguirás pensando igual cuando sepas que ella es la culpable de la muerte de Rick?—Suelta con furia, pero no me creo lo que dice.
— ¿Qué dices? Eso no es posible— Niego, lo que ha dicho es absurdo, Rick desapareció en ese tormenta no hay forma de que Charlotte estuviese involucrada en eso, no es posible.
—Créelo eso de la Novia del fantasma solo se lo ha inventado para dar lastima, ella no lo amaba—Su confesión me ha dejado pasmado, está chica está loca definitivamente.
—Mara lo que dices es una locura, ¿En serio me estás diciendo que Charlotte provoco esa tormenta solo para deshacerse de él?— Le recrimino, tratando de hacerle ver la idiotez que ha salido de su boca, ella forma un línea con sus labios parece que su enfado crece a cada segundo, pues el mío igual al ver que solo me hace perder el tiempo con sus disparates.
—Eso solo ha sido una casualidad, hay mucho que aún no sabes—Se escusa tratando de interesarme más por su historia, realmente no me apetece escuchar una tontería más, pero no he conseguido nada relevante de Charlotte hasta ahora, quizás Mara me dé algo interesante que escribir.
—Te escucho—Pronuncio, quiero saber si lo siguiente que dirá tendrá algo de cierto.
—El barco de Rick se llamaba el fantasma, su padre lo hizo popular por una ruta secreta que lo hacía “desaparecer del radar” y aparecer luego con la mejor pesca de la temporada en tiempo record—Comienza a relatar con suma concentración.
— ¿Eso que tiene que ver con ella? —Pregunto, la historia de ese idiota no puede importarme menos.
—Solo espera, cuando el padre de Rick falleció de cáncer esa barco quedo abandonado, no había forma de restaurarlo a tiempo además de que muchos decían que esa ruta era un s******o, Charlotte lo sabía escucho cuando todos le advertimos que no debía ir y eso no es todo si tan segura estaba de que funcionaría ¿Por qué no le acompañó? Rick fue solo—Debo admitir que se muestra bastante segura de que Charlotte tiene la culpa de lo que le pasó, no puedo negar que es sospechoso, pero también está esa tormenta—Lo espero sabiendo que no volvería, esa tormenta solo le ayudo a cubrir sus huellas, ¿Cómo explicas que nunca se encontrarán sus restos?.
— ¿Por qué me dices esto ahora? — Interrogo inquieto, su semblante ha cambiado ya no parece tan afectada como al comienzo, pienso que tal vez solo quiera intimidarme.
—Se comenta que hay un extranjero visitando a la bruja—Comenta, su respuesta me hace gracia, se nota que no he pasado desapercibido.
—Guao, ¿Ese es el problema? Te aseguro que dejarán de hablar de mi en poco tiempo—Respondo con indiferencia, al parecer me he equivocado al pensar que se preocupaba por Archer, no tengo derecho a juzgarla yo también he querido usarla.
—No lo entiendes, ¿Qué te hace pensar que no terminarás como Rick? —Pronuncia con autoridad como si pretendiese que tomará mis cosas y al segundo siguiente dejará este lugar, ¿realmente me cree tan crédulo?
—Mara es mejor que te entrometas en tus propios asuntos—Le aconsejo solo por cortesía, poniéndome de pie, está vez no le permito retenerme, en cambio me giro para mirarla con desdén—Ah solo para aclarar, no permito que nadie me diga lo que debo hacer.
—Axel…— Su lengua se traba antes de decir una frase coherente.
—Hasta luego Mara—Me despido sin la menor intención de seguir allí, odio decirlo pero a cada paso que doy sus palabras resuenan con más fuerza en mi cabeza, ahora necesito saber cuáles fueron sus motivos, ¿Sería capaz Charlotte de lanzar a su prometido a una muerte segura? Es cierto que sus ojos reflejan arrepentimiento, otras veces culpa, no quiero creerlo, me niego hacerlo, entonces no tendría sentido su obstinado sufrimiento, ¿Por qué aun conservaría sus fotos? Si sus manos están manchadas con la sangre del hombre que un día amó, ¿he sido víctima de sus artimañas? Los seres humanos somos seres despreciables en muchas formas eso lo sé mejor que nadie, aun así me cuesta creerlo, sigo caminando mi paso es veloz como si huyera de alguien, la verdad es que he tomado el camino equivocado ahora no sé dónde me encuentro exactamente.
—Axel ¿Eres tú? —Su voz a mi espalda es inconfundible, a pesar de su nerviosismo, estoy seguro que no se esperaba verme al igual que yo no me imaginaría esté encuentro.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —Mi pregunta no ha sido gentil, en cambio Charlotte no parece asustada.
—He ido a buscarte a la cabaña, quería saber que he hecho para que te fueras así—Explica con detenimiento manteniendo la cabeza gacha, ya no se muestra enfada al contrario parece genuinamente preocupada—Iba de regreso a casa.
— ¿Cómo es que aún estás aquí? ¿Por qué no te fuiste con él? —No me queda de otra que ser directo, no soportaré no saberlo, ella levanta la cabeza sorprendida, en pocas palabras acabo de decirle cómo es posible que siga viva, sus ojos se llenan de lágrimas pero solo dos de ellas consigue salir resbalándose por sus mejillas, con todas mis fuerzas resisto el impulso de secarlas con mis dedos—Quiero saberlo.
— Su madre no me lo permitió, es estúpido, pero no sé nadar además de que siento nauseas cuando estoy sobre un barco, cada día que pasa me arrepiento de no haberlo hecho—Confiesa con la respiración entre cortada, sus manos se aferran a su camiseta como si le faltará el aire, me siento una escoria, al ver lo que he provocado en ella, no me importa si es culpable, la abrazo con fuerza envolviéndola entre mis brazos.
—No vuelvas a decirlo, mereces vivir—Aseguro tomando su rostro entre mis manos, sus ojos se cristalizan, siento como se queda sin fuerzas esconde su rostro en mi pecho y sus sollozos rompen todo el silencio, cada lagrima más agria que la anterior destrozando mis argumentos.