Le ha llevado un tiempo tranquilizarse, he sido paciente, aunque algo torpe no he podido hacer otra cosa que acariciar su espalda mientras sentí su corazón estrujarse de dolor, una última de sus lágrimas moja mi pecho y su respiración lentamente vuelve a ser imperceptible.
—Perdón por esto, es que no pude controlarme—Se disculpa sin despegar su rostro de mi pecho, siento sus tímidas manos rozar mi abdomen mientras se deshace del rastro que han dejado sus lágrimas, no está bien que lo disfrute pero su toque me es placentero, no puedo concebir que se disculpe cuando he sido yo el causante de sus lágrimas.
—No tienes por qué disculparte—Niego, me siento inútil al no poder decirle que lo siento, sé que se merece escucharlo pero no soy capaz de decirlo abiertamente, soy un cobarde.
—Sí tengo que hacerlo, no tienes la obligación de soportarme—Responde, la serenidad en su voz me toma desprevenido dejando el camino libre para que se libere de mis brazos con un simple paso hacia atrás, su mirada refleja tanta seguridad que me deja anonadado, no puedo apartar la mirada de ella.
—No estaría aquí si no quisiera estarlo—Aseguro sonriendo un poco para ella, veo un atisbo de duda cruzarse por sus ojos, aprovecho mi oportunidad y me acerco a ella con la intención de rosar su mejilla, su tacto me es adictivo, a mi pesar ella se percata antes de que logré alcanzarla esquivando mi mano.
—Pero te fuiste antes—Me recuerda, su mirada es muy diferente, siento que me analiza, después de todo se ha dejado ver ante mí, estoy seguro que quiere saber si me merezco ir más allá, espero que tome la decisión equivocada, porque no quiero que nos separemos aquí, no la merezco pero no estoy dispuesto a soltarla, no ahora.
—No quería agobiarte—Miento, solo para ocultar mi detestable egoísmo.
—Antes no parecía importante ¿Por qué te preocupas ahora? —Sus palabras son sutiles al mismo tiempo que cortantes, estoy seguro que en este momento quiere acorralarme hasta que le diga la verdad, entonces seré el primero en dar el jaque mate.
— ¿Puedes culparme por querer cuidarte? Eres valiosa para mí—Mi respuesta es un ataque frontal, y sé que ha tenido efecto al ver que sus mejillas se tiñe ligeramente de rojo, se ve hermosa, aprovecho su desconcierto para acercarme lo suficiente dejando un beso sobre su mejilla rosando deliberadamente la comisura de sus labios.
— ¿Cómo has podido hacer eso? —Me reclama atropellando las palabras gracias al temblor de su voz, esto es música para mis oídos, ladeo una sonrisa entrecerrando mis ojos los cuales se centran en sus labios carnosos, está vez son mi objetivo.
—Puedes estar segura de que deseo más—Aseguro tomando su rostro entre mis manos, sus ojos me observan con la sorpresa tatuada en ellos, ahora sé que en el fondo no me es indiferente, pero no puedo actuar solo por eso, contrario a mi instinto termino besando su frente—Pero seré paciente.
—Estás loco—Tartamudea haciéndome sonreír, su ternura es enigmática, me aparto lo suficiente para que vuelva a respirar con normalidad, dejando una distancia prudente.
—Tal vez, vamos te acompaño a casa—Me ofrezco queriendo pasar un rato más con ella, aun no me perdono lo que le hice pasar, en cambio ella niega con la cabeza haciéndome juntar las cejas— ¿Qué pasa?
—No quiero ir a casa ¿Puedo quedarme contigo está noche? —Su timidez despierta mis instintos más primitivos, no creo que comprenda lo que me hace sentir, debo tener cuidado de no poner demasiado en este juego o estaré en problemas, como ahora estoy en aprietos, llevo bastante tiempo sin pisar esa cabaña la cual por cierto desconozco aquí pertenece, pero no me perdonaría volver a decepcionarla.
— ¿Estás segura? —Pregunto sin intención de desanimarla, con el objetivo de cambiar un poco los planes, la idea de volver a su casa me parece más conveniente, ella asiente un par de veces y no puedo seguir posponiéndolo—Como desee mi sirena.
—Eso me gusta—Afirma meneando su cabellera escarlata, necesita dejar de hacer eso si quiere que me comporte.
— ¿Acaso tienes un lado caprichoso? —Cuestiono intrigado, sonriendo de media luna cuando suelta una ligera y dulce carcajada.
—Quizás, tendrás que averiguarlo—Me tienta, sonriendo con picardía, tal vez su inocencia la haga decir cosas deliberadamente sugerentes, pero no está bien jugar con el deseo de un hombre.
—Mejor vamos, no me tientes demasiado—Pronuncio con la voz contenida, realmente me estoy esforzando por conservar esa tranquilidad que siente a mi lado, sé que tan fugaz puede ser, Charlotte se encoge de hombros como una niña que ha sido atrapada en una travesura y siento que colapsaré, comenzamos a caminar y me cuesta algunos minutos orientarme hacia el camino correcto, espero que no lo haya notado, el silencio que se mantiene entre nosotros no es incómodo, ambos nos tomamos el tiempo de observar el camino que recorremos, todo me parece nuevo a su lado.
Continuamos nuestro camino por las despierticas calles de Flórina, estoy seguro que la falta de curiosos la hace mantener esa media sonrisa, no tardamos demasiado en llegar a la cabaña aún no se me ocurre que diré cuando se percaté que el polvo cobre las paredes, al abrir la puerta finjo tranquilidad pero me sorprende ver que todo está en perfecto orden, camino con cautela hasta la diminuta sala de estar donde la leña parece haber sido extinguida hace poco, realmente soy un tipo con suerte pienso cuando tomamos asiento en el sofá.
—Traeré algo de tomar—Anuncio poniéndome de pie, inspecciono con disimulo el lugar asegurándome de no encontrarme con más sorpresas, definitivamente esté lugar no ha sido abandonado, pero ¿Es seguro quedarnos está noche? Pienso tomando un sobre de té al ver el agua hervir, sirvo el té para ambos cuando está listo me acerco al sofá sostenido ambas tazas humeantes, las dejó sobre la mesa ella no dice nada así que me ocupo en encender la chimenea—Te traeré una manta.
—Está bien—Responde sumida en sus pensamientos, sé que algo la mantiene perdida pero ahora solo quiero comprobar que no hay nadie más en este sitio, subo las escaleras con cautela llegando a la habitación principal, este es el último lugar que me queda por buscar, abro la puerta sin hacer el menor ruido y me adentro en ella echando un vistazo a todo el lugar sin encender las luces, está vacío, respiro aliviado tocando el interruptor y todo se ve claramente, tomo una de las mantas del closet volviendo sobre mis pasos hasta donde he dejado a Charlotte.
—Toma ¿Todo en orden? —Pregunto envolviendo la manta alrededor de su cuerpo, veo como se sobresalta al sentirme tan cerca, ha vuelto a estar ausente, tomo asiento a su lado esperando que me diga que le preocupa.
—No es nada, no te preocupes—Responde recuperando de nuevo su lucidez, sé que no quiere decírmelo y está vez no quiero presionarla, por hoy ha sido suficiente.
—Te creo—Aseguro dejándome caer sobre el respaldo del sofá, puedo sentir su mirada sobre mí, como si quisiera decirme algo y no encuentra la forma de hacerlo—Sé que algo te preocupa.
—Su madre fue quien nos hizo conocernos ella hizo de puente—Comienza a relatar con nostalgia, era eso pienso cuando vuelto a incorporarme viendo cómo se enfunda tras la manta, vuelto a sentir como mi estómago se retuerce pero no puedo pedirle que se detenga—Cuando discutimos ese día ella me vio salir enfadada y me siguió, me pregunto mi nombre y se disculpó conmigo por lo grosero que era su hijo luego me invito a cenar…
— ¿Aceptaste? —Cuestiono fingiéndome intrigado al ver que guarda silencio, la verdad hubiera preferido no oírlo, no está noche.
—Tenía planeado negarme pero Rick nos alcanzó y le dijo a su madre que una chiquilla mimada yo no aceptaría tal cosa, acepté solo por molestarlo—Continua contando y esa sonrisa tierna se asoma por sus labios, lo recuerda con cariño, me trueno los dedos solo para liberar algo de tensión y que no se percate de lo tenso que estoy.
— ¿Qué paso después? —Pregunto por inercia, ella parece pensárselo antes de poder decir algo más.
—La cena fue un desastre, ni siquiera delante de Olivia su madre pudimos dejar de discutir, parecíamos dos críos, no lo habría imaginado en ese momento—Responde, está vez su voz se percibe tan vibrante que me irrita, no puedo imaginarla, al final de la oración su voz pierde esa brillo.
—No tienes que seguir—Le hago saber cuándo se encoje un poco más, nuestros ojos se encuentran, siento que sus ojos buscan algo más, a alguien más, ¿Está viéndole a él en mí? No puedo tolerarlo.
— ¿En serio te preocupas por mí? —Cuestiona, sus ojos tiene un brillo singular, sus labios ligeramente abierto, no sé qué pretender cuando se inclina sobre mí, su rostro a escasos centímetros del mí me hace ver que va enserio—quiero saberlo.
—Solo diré que no puedo perderte ahora—Mi tono es áspero, estoy demasiado tenso para dar una respuesta más elaborada, Charlotte permanece en su lugar peligrosamente sobre mí, baja la mirada un instante, parece dolida o quizás decepcionada, no sé qué pretendía escuchar de mí exactitud.
—Qué frío—Responde de vuelta su voz suena apática, vacía, no lograría prever cuando se abalanza sobre mí con desesperación con la intención de juntar nuestros labios, de otra forma no me habría importado, pero no seré su marioneta, antes de que logre hacerlo la tomo por los hombros alejándola de mi tanto como puedo— ¿Esto no es lo que querías?
—No seré su reemplazo—Respondo tajante, fulminándola con la mirada, sus ojos se cristalizan y me enfada más saber que solo es por él que sufre, ha cometido el error de verlo en mí, y eso no pienso consentirlo, le escucho soltar el primer sollozo y quisiera desaparecer pero no me atrevo a dejarla sola, que noche tan detestable, mis manos se mantienen en su lugar está vez no me preocupa consolarla.
—No.. no he querido hacerlo, solo me siento perdida—Se excusa entre lágrimas, guardo silencio, no quisiera empeorar más las cosas, para mí ha sido una excusa patética pero pienso ahorrármelo, siento como me hierve la sangre, por lo que agradezco que pronto se quedará dormida, con cuidado la dejo sobre el sofá y salgo de la cabaña, me siento en los escalones de la entrada dejándome envolver por la gélida brisa.
—Maldito seas—Despotrico al viento deseando que ese idiota realmente pueda escucharme, pateo una y otra vez el suelo debajo de mis pies, esto realmente es frustrante, lo detesto con todas mis fuerzas.
Entro de nuevo luego de algunos minutos de lanzar insultos al viento, la observo dormir pacíficamente y mi enfado lentamente cede, esto es agotador, pienso dejando salir el primer bostezo, sin pensarlo demasiado subo las escaleras dejándome caer sobre la cama, aunque no he podido dejar de pensar en lo que ocurrió no tardo en quedarme dormido…
El sonido de la puerta siendo azotada me hace despertar de un salto, me temo lo peor así que bajo las escaleras a toda velocidad, todo parece desierto, corro al sofá, ella no está, mi corazón late como caballo desbocado, mi vista se dirige a la puerta y no me molesto en dudar la sigo, corro tan rápido como puedo sin señales de ella, algo me dice que camino debo tomar, sé que debo encontrarla, luego de algunos pasos sé perfectamente el camino que sigo, verla de pie allí me trae recuerdos lentamente me acerco a ella, el sonido de mis pasos se hace sonoro al crujir de la madera cuando piso sobre el muelle, aun así ella no se inmuta, algo pasa, no me detengo pero cuando toco su hombro es innegable lo que pasa.
—No me odies—Suplica, estoy sorprendido, no sé qué debería hacer está vez, me cuesta creer lo que veo ¿Me habla a mí?