Un dolor muy arraigado.

1105 Words
Con un estrepitoso ruido, Amanda irrumpió en la abitación. -¡¿En donde está Sally?! Salió corriendo de su oficina en completo pánico al escuchar los chismes y burlas de las chicas. "Solo a mí se me ocurre enviarla a ella". Se quedó pasmada al ver la escena frente a ella. La camisa de Caín ya estaba en el suelo, la parte superior de uniforme de Sali ya estaba hasta su cintura, dejando ver su hermosa y delicada figura. De no ser por las cicatrices de sus quemaduras, que estaban desde la parte media del lado derecho de su rostro, hasta su claro y bien torneado pecho. La joven sería para todos una belleza incomparable. Ambos se veían tan inmersos y concentrados, que, ignoraron todo a su alrededor. Sally sentada sobre él se veía tan hermosa, delicada y sensual que hasta a las mujeres mismas les causó palpitaciones. Caín por su parte, su ya bien conocido atractivo fue corroborado una vez más. Pero lo que sorprendió a muchas, fue la grotesca cicatriz de su pecho que parecia ser de provocado por un gran hierro caliente. Si se miraba con atención se podrían ver las palabras escritas, pero su salvaje atractivo y su senualidad agresiva provocaron que los presentes tragaran en silencio. Era un claro contraste de delicadeza y salvajismo, que provocaba extasis de solo mirar de lejos. Por un momento Amanda y los curiosos que querían ver un buen espectaculo, se quedaron en shock. Sally sobre Caín, abrazó su cuello mientras se sentía embriagada en su perfume y sus besos. Él correspondió al abrazo y comenzó a besar su cuello con delicadeza, los que miraban casi seguían como marionetas cada uno de sus movimientos mientras salivaban. Caín con su grande mano tomo suavemente su nuca y con la otra rodeó su delgada cintura. Parecía un vampiro con intención de beber su sangre. Tan delicada y sensualmente que erizaba la piel. Un segundo depues, su mirada fría y aterradora se clavó en ellos, mientras amenzaba silenciosamente sobre el hombro de la chica. Amanda se estremeció de terror y al ser la única en reaccionar, cerró ruidosamente la puerta. Todos tenían la boca completamente abieta incrédulos. - No, no puedo creerlo. ¿Caín y esa fea muchacha de la limpieza? "Osea que, ¿Estaba lo suficientemente ebrio como para para hacerlo con cualquiera? ¡Maldita sea! si me hubiera acercado hubiera siodo yo la de la habitación ahora" La arrepentida mujer, solamente podía revolcarsae en su envidia y celos. - Agh, de haber sabido que tenía gustos tan repugnates, no lo habría aceptado antes. Dijo otra de las envidiosas. Estaban "Felizmente" criticando, cuanto otra botella se estreyó contra la puerta. Al instante, todos salieron huyendo como parvada de pájaros. Adentro, Caín se detuvo en seco. Con cuidado recostó a Sally y comenzó a vestirse de nuevo. Consternada, agitada y perdida. Sally lo miró llorosa. "Lo sabía, sabía que un hombre como él jamás..." Caín le dió la espalda para dejarla arreglar su ropa, aún con lo inhumano que se comportaba, él se consideraba "respetuoso". Ella se sentó y comenzó a arreglarse también. Sentía un remolio de sensaciones tan intenso que no podía reaccionar. No solo estaba consternada, si no herida, se sentía repulsiva y... Humillada... - De ahora en adelante nadie te molestará. Ya no tienes que hacer limpieza, hablaré con Amanda... Se quedó sin palabras al ver a la frágil chica en el sillón. Su mirada estaba desenfocada y tenía una horrible y dolorosa sonrisa. Sus lágrimas caían en silencio. Se veía tan devastada... Algo en el interior del pecho de Caín se retoció con fuerza. Hizo las cosas sin pensar y no evaluó las consecuencias. Un impulso inconsiente, lo hizo abrazarla con fuerza. Con su mano apreto la cabeza de Sally en su cuello. - Lo siento.. Yo.. Debí preguntarte, tómate tu tiempo, yo me vo.. Cuando estaba a punto de soltarla, sintió el fuerte abrazo de Sally. - Sé.. Sé que soy un asco, pero... Caín la miró atónito por un momento sin poder dar crédito a lo que escuchaba. "¿Asco?" Esta niña... Él no sabía qué hacer, y se quedó rígido en el lugar. Sally, apretó su agarre un momento, se mordió el labio y susìró profundamente. Acto seguido, comenzó a besar el cuello de Caín suavemente, se subió en él nuevamente y desabotonó la camisa que quedó a medio arreglar. Ella puso sus delicadas manos en su amplio y torneado torso, con suavidad él se dejó recostar por ella. Por un segundo se preguntó qué pasaba, pero, su linda cara, sensual pose y nerviosa mirada, casi lo volvían loco. "¿Es por que estoy ebrio? ¿O porque me parece divertido?" Si se hubiera tratado de cualquier otra mujer, la estaría estrangulando en ese momento. La mirada de Caín era tan penetrante que era incómoda, parecía como si se estuviera burlando de ella. Sally se tragó todo lo que sentía y se puso de pie en silencio. Él no dijo una sola palabra y solo la seguía con la mirada. Con una ligera sonrisa él volvió a sentarse, tomó una de las botelas de la mesa y comenzó a beber de nuevo. Sally se sentó en silencio y no volvieron a hablar. Pasaron las horas y ella comenzó a observarlo preocupada. Ya iba por la tercera botella y apenas podía abrir los ojos. En todos sus años en ese lugar, nunca había visto a nadie beber así. Fue a buscar algunos aperitivos para distraer su atención, pero fueron arrojados al suelo en cuanto estuvieron en la mesa. El Caín de siempre estaba de vuelta. La atmosfera estaba tensa, Sally con la cabeza gacha no sabía qué hacer. Cuando por fin, Caín cayó rendido, Sally lo recostó. Consiguión una toalla y comezó a limpiarlo. En medio de su estupor, él vió un hermoso rostro. Que con preocupación y esmero lo atendía. - No quiero hacerte daño. Balbuceó, mientras delineaba el contorno del rostro de Sally con sus dedos. Ella solo lo miró en silencio, después, con una triste sonrisa, se puso de pie para quitar el resto del alcohol de su alcance. - Huye de mí, lo más pronto que puedas. Sally, cerró los ojos y respondió con la voz más suave que pudo. - No puedo. Ya me tienes en tus manos Caín. - Mireya... Ese ligero balbuceo de Caín, arrojó a Sally al más frío y desolador abismo que pudo encontrar. La fuerza de su piernas la abandonó, y cayó al suelo, mientras lloraba y reía al mismo tiempo. - jajajaja por supuesto, no hablarías conmigo. Nunca.
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