NOAH
Me doy cuenta antes de que tomáramos los primeros sorgos de que mi madre ya ha leído mi aura.
–Estas todo confuso hoy. Mas de lo habitual– Me mira con los ojos entrecerrados, como si fuera una señal de tráfico que intenta descifrar a través de un parabrisas empapado por la lluvia.
–¿Sí? ¿Ves eso en mi aura? – pregunto con un suspiro de complicidad. Esto será más fácil si simplemente le sigo la corriente. Ella es como un perro con un hueso. Si siente que algo me pesa, no lo soltara hasta haberlo cubierto desde todos los ángulos posibles. Pero la cosa es que no estoy estresado, al menos no de la manera que mi madre piensa.
Simplemente estoy más interesado en una de mis alumnas de lo que tengo derecho a estar. Se supone que deberíamos estar estudiando literatura juntos. En lugar de eso, quiero sacarla del estante, abrirla y leerla hasta el cansancio. Y cuando le envié un mensaje de texto y se lo dije, silencio absoluto.
Mi madre interrumpe mis pensamientos con una buena dosis de realidad.
–Soy tu madre. No necesito leer tu aura para ver que algo pasa por tu mente. Es una chica. Por favor, dime que es una chica– casi gime, tamborileando con entusiasmo sobre la mesa. –O un chico. Apoyo toda la sexualidad. Lo sabes. He donado a esa campaña de derechos humanos cada mes–
–Lo sé, mamá– sonrió, intentando no poner los ojos en blanco. Es adorablemente progresista. –Si, es una chica. Puede que haya empezado o no– hago una pausa, –a cortejar a una chica con la que probablemente no debería estar–
–¿cortejando? – resopla. –Que poeta. Estás coqueteando con ella. la deseas. Anhelas…–
–Si, si y si– la interrumpo, sabiendo que seguirá indagando si no reoriento la conversación.
–¿Y cómo va? – sonrió alegremente, emocionada por la posibilidad de que vuelva a salir con alguien. Nunca se había llevado bien con mi ex. Algo en su aura.
–Me he topado con un muro. Ella es…una especie de estudiante a la que estoy asesorando–
–¿Mas o menos? Es como si alguien dijera que esta “más o menos embarazada” …o lo está o no, así que ¿Cuál es? – Sus cejas se arquean de esa manera de “no le mientas a tu madre”.
–Bien, lo está. Es una estudiante. Soy su asesor– Esta es la primera vez que lo digo en voz alta. Siento el peso de las palabras asentarse en mi pecho y en el aire entre nosotros. Admitirle a mi madre mi atracción por Lila se siente como ir a confesarme.
Menos mal que mamá no es sacerdote. Levanta las manos con entusiasmo. –¡Si eso es lo más sexy que he oído en mi vida! –
–Mama cálmate– la regaño, pero no puedo ocultar mi risa. Tiene razón. Es sexy. Tan sexy que últimamente me tiene muy nervioso. –Así que, obviamente, es un poco complicado–
–¿Complicado? – Mi madre se lleva una mano al corazón con fingida angustia. –No. ¡Es el destino! ¡Es el destino! –
–Yo no iría tan lejos– le digo a la mujer conocida por llevar todo demasiado lejos. –No estamos exactamente en la misma página. Honestamente, ni siquiera sé si estamos leyendo el mismo libro–
–Noah, mírate. ¿Qué otro libro podría querer leer? – Me guiñe un ojo. –De nada por los buenos genes, por cierto–
Desvió el cumplido fácilmente. –No quiere llevarlo más allá de un beso que nos dimos en una fiesta–
–Bueno, eso es porque fue en una fiesta. ¿Las has invitado a cenar y a beber? ¿Mi hijo, el poeta con P mayúscula, ha intentado cortejarla? ¿O simplemente la has atacado a lo Noah? –
–No quiero saber lo que significa esa frase– comienzo con una mueca. –No creo que le guste eso– Es una de las muchas cosas que me gustan de Lila. Es firme en sus convicciones. Dudo que se le pueda convencer. Y no quiero doblegarla a mi voluntad. Solo quiero que me desee, porque yo, sin duda alguna, la deseo a ella.
Mi madre me mira con los ojos entrecerrados.
–Vamos, Noah– se burla de mí.
Bueno, tal vez merezco esa mirada de decepción. Me refugio en mi café, tomado otro sorbo.
–Esto es lo que vas a hacer– continúa. –Uno, invítala a cenar. Dos, servir vino, seguir sirviendo vino. Tres, ¿todavía tienes la receta de pollo picante que te envíe o debería enviarla por correo electrónico…? –
–Todavía la tengo– Esta guardada en un cajón en algún lugar junto con mi dignidad. Nunca le he preparado la cena a una mujer, y no voy a empezar con Lila. Si lo arruino, ¿Quién sabe si mi orgullo se recuperaría alguna vez? Imaginando a Lila hurgando con tristeza en un trozo demasiado cocido de pollo, no es mi idea de romance.
–Preparar la cena en una primera cita es una pequeña señal de alerta de compromiso– digo.
Mi madre se hunde en su silla, evaluándome con ojos de halcón. –¿Que se supone que significa eso? ¿Qué es exactamente lo que buscas con esta joven, Noah? –
Hago una pausa, tomando un sorbo de café, mientras mi madre continua, ahora en racha.
–Tienes que decidir si solo quieres sexo o si es algo más. No puedes estar a medio camino en ese punto. No puedes hacerle eso a una mujer–
Quiero discutir con ella, pero sé que mi madre probablemente está pensando en su propio fracaso en las relaciones. La pasión la llevó al sexo, lo que la llevó al embarazo, que la llevó a un matrimonio con un divorcio rápido e inevitable poco después.
Mi teléfono vibra. Reviso el mensaje.
Mensaje de texto: ¿Seguimos en línea por hoy?
Hablando del diablo. Es mi padre. Durante años tuve una relación tensa con él. Es mucho mayor que mamá, diecinueve años mayor que ella, y para ser honesto, no creo que alguna vez supero la pérdida de su primera esposa. Mi madre fue la desafortunado despecho con la que intentó recuperar su felicidad. Pero un desacuerdo de más, y mi madre hizo las maletas, jurando que ya no lo necesitábamos.
–¿Quién es? – Mi madre mira mi celular. Rápidamente lo aparto de su vista.
Ahora que soy mayor, he aprendido a aceptar los defectos de mi padre y apreciar lo que tiene para ofrecer. Además, me he dado cuenta de que el viejo no va a estar aquí para siempre.
–Papá– digo. –Tengo que irme. gracias por el consejo, mamá– le doy un beso en la frente antes de empujar mi silla.
–Mmm-hmmm– No está convencida. No le mientas a una lectora de aura, Noah. Esto te va a morder en el trasero más tarde>>.
–Eres un buen chico, Noah– me grita. Miro por encima del hombro para captar una sonrisa. Tal vez ella sabe más de lo que pienso. Normalmente lo sabe.
Tardo menos de veinte minutos en conducir desde el café hasta el apartamento de mi padre. La proximidad en la que viven mis padres divorciados es tal vez anormal, pero nunca había sido un problema mientras crecía. Mi padre era distante, si no físicamente, si emocionalmente. Me llevó la mayor parte de mi vida adulta aceptar el hecho de que tendría que dar los primeros pasos para tener algún tipo de relación con él.
Llamo a su puerta principal y espero a que responda. Escucho pasos desde adentro y luego la puerta se abre para revelar a mi padre, tal como siempre lo había imaginado: cárdigan de lana gris, camisa abotonada y cabello blanco separado pulcramente a un lado, luciendo elegante, incluso a sus sesenta y nueve años.
–Hola, papa– Sonrió cuando extiende la mano y me la estrecha firmemente. –Feliz cumpleaños–
–Ah, cuando llegas a mi edad, no es gran cosa. Es lunes, ¿sabes? –
Asiento. –Feliz lunes, entonces. ¿Qué te gustaría hacer hoy? – le dije que lo recogería después del trabajo y que haríamos algo para celebrar.
Supuse que papá sugeriría el restaurante que le gusta cerca de su casa, o tal vez solo un café. Pero me sorprende al permitir que una pequeña sonrisa secreta se cuele en su rostro, por lo demás estoico.
–Tengo un lugar en mente. Tu conduces–
Una vez dentro de mi coche, me dirijo a un pequeño y tranquilo centro comercial a unos pocos kilómetros por la carretera.
Nos estacionamos y salimos del coche. Todavía no tengo idea de adónde vamos, pero lo seguí por la acera hasta que se detiene frente a la puerta de un salón de uñas con un letrero de neón que promete. “¡Manicura y pedicura por 49 dólares!”
–¿Eh? – hago una pausa, seguro de que se ha equivocado de lugar.
–Vamos, chico. Es mi cumpleaños. Vivamos un poco–
La campanas tintinean sobre la puerta y el olor a esmalte de uñas sale para saludarnos.
–¡Arthur! – canta la recepcionista cuando ve a mi padre, cruzando desde detrás de su escritorio para abrazarlo.
Está claro que mi padre es un cliente habitual. Mmm. Interesante.
El lugar está casi vacío: una mujer mayor, probablemente jubilada como mi padre, está sentada en una de las sillas de pedicura con los pies remojando en agua humeante. Un par de mujeres más estan sentadas, puliéndose las uñas con colores vibrantes.
–Este es mi hijo– dice mi papá, señalándome.
–¡Guapo! – ríe la mujer en su mano.
–Gracias– murmuro, sintiéndome extrañamente fuera de lugar. Estoy a la moda. Estoy al día. Incluso podría ser un poco metrosexual con mi depilación masculina y todo eso. ¿pero esto? Esto es una experiencia completamente nueva para mí. Aún así, decido dejarme llevar. Cuando estás en Roma y toda esa mierda.
Nos dirigen a una estación en la parte de atrás y nos sentamos uno a lado del otro mientras dos mujeres salen de la parte trasera de la tienda para atendernos.
–¿Estás bien ahí? – pregunta papá. ¿Es una sonrisa juguetona la que veo?
–Por supuesto–
Cuando mas tiempo estamos sentados aquí, más empiezo a darle significado a nuestra visita. Tal vez es el escritor dentro de mí, pero la curiosidad es una fuerte motivación, y necesito reconstruir esto. Papá no lo dice, pero sé por qué le gusta este lugar. La pequeña belleza de cabello oscuro limándose las uñas y masajeándose las manos le recuerda a su primera esposa. La había conocido en Camboya mientras estaba destinado allí con el ejército. Solo llevaban casados un par de años cuando ella murió en un accidente de coche.
El murmullo de las conversaciones a nuestro alrededor se habla en su dialecto nativo. Estoy seguro de que mi padre no tiene idea de lo que dicen, pero una pequeña sonrisa permanece en su rostro, como si el sonido de mujeres parloteando en este idioma lejano lo trajera de vuelta a una mejor época de su vida.
Le sonrió a la mujer que me lima las uñas, orgulloso de haberme estremecido solo dos veces mientras me recorta las cutículas con un aparato que parece sacado directamente de la época medieval.
Mientras permanecemos sentados aquí un rato, me doy cuenta de que no es solo la nostalgia lo que lo hace volver. Es el nivel de compañía, por breve que sea, y el contacto humano lo que le reconforta. Es un hombre soltero de sesenta y nueve años que vive solo. Probablemente no lo toca ninguna otra persona fuera de estas visitas ocasionales. Me hace sentir triste por él.
Mientras estoy sentado aquí, mis pensamientos se dirigen a Lila, como suele ocurrir durante un momento de silencio. Necesitamos hablar, aclarar las cosas entre nosotros.
Tengo una relación extraña con el amor. Lo deseo, pero no necesariamente lo busco. Honestamente, probablemente es lo que más deseo en mi vida. Pero no voy a salir a buscarlo como algún cachorro enamorado. Estoy esperando a que me encuentre, si es que eso tiene algún sentido. Después de ver a mis padres, sé que forzarlo no tiene sentido. Amor verdadero, amor que es real y tangible ahora, que no se puede detener. Por muy esquivo que parezca, sé que cuando sea el momento adecuado, llamará a la puerta. Hasta entonces, voy a disfrutar de toda la diversión sin compromiso que pueda, sabiendo que un día podré terminar como mi padre, habiendo perdido a su verdadero amor y ahora limpiándose las uñas solo por uno poco de contacto humano.
¿A esto se reducirá mi vida? este es un pensamiento deprimente.
Pienso en lo que había dicho mi madre. “Tienes que decidir si solo quieres sexo o si es algo más. No puedes estar en el medio. No puedes hacerle eso a una mujer”. Su voz resuena en mi mente.
Se que quiero a Lila, pero también sé que, como su consejero, está fuera de mi alcance. Y mis planes de mudarme a la ciudad de Nueva York el próximo año para dedicarme a escribir a tiempo completo serán otro problema.
Hola, roca. Conoce un lugar duro.