Soy debil por ella.

2397 Words
NOAH Después de pasar por mi oficina para recoger mis notas, me dirijo directamente a mi reunión semanal con mi jefe. Clay Lewis, el jefe del departamento de escritura creativa en Vanderburg, puede que tenga la edad suficiente para recordar la publicación de la primera novela jamás escrita. Si exagero, no es por mucho. Aún así, incluso si tiene un pie en la tumba, ha ganado varios premios literarios nacionales, por lo que entrar en la oficina de Lewis para una reunión se siente como caminar en suelo sagrado. Con lo impíos que han sido mis pensamientos últimamente. Se que mi primera reunión del año con Lewis va a ser más difícil que la última semana y media. Cuando entro en su oficina, Lewis tiene las cejas fruncidas sobre los ojos mientras teclea, murmurando para sí mismo. No es precisamente un maestro de la tecnología. –Noah, pensé que te tenia a las nueve. No puedo hacer que mi maldito correo electrónico funcione. Siéntate– Repasamos las típicas charlas informales de principios de año, que siempre odio. ¿Qué sentido tiene hablar de nuestros veranos cuando podemos ponernos a trabajar e irnos de aquí? Finalmente, la conversación se desvía hacia la verdadera razón por la que estoy aquí: hablar de la nueva generación de escritores de este año. –¿En qué punto nos encontramos? ¿Cómo están tus estudiantes? – pregunta por fin. –Realmente veo mucha promesa en todos ellos– digo, ganando un poco de tiempo para abrir mi carpeta de cuero y sacar la lista de nombres de los estudiantes que había impreso. Vine preparado, sabiendo que Lewis es exigente con sus estándares. Todos mis estudiantes son talentosos, bueno, tienen que serlo para entrar en esta universidad, pero me preocupa que mi cabeza se quede en blanco de repente, como suele ocurrir cada vez que surge el tema de Lila. –Le he puesto en contacto a Dominic con un profesor para que termine su novela para la primavera. Es alguien a quien la editorial universitaria podría querer contratar. Y moví algunos hilos para que Maya entre en el seminario de literatura británica. Ella tiene un programa de doctorado escrito por todas partes– Lewis asiente, estirando el cuello por encima del escritorio para echar un vistazo a la lista de nombres. –¿Ya te has reunido con Lila Watson? – Intento mantener una cara de póker, pero mi polla se anima al mencionarla. Elige tus palabras sabiamente, Noah. Inteligente, interesante y llena de mucha promesa. La idea de presionarla, de verla crecer, es embriagadora. Entonces mi mente se desvía, catalogando le resto de las cosas que me gustan de ella… Unas tetas preciosas. Labios deliciosos. Ojos de “Follame”. Tiene toda esa tortura. Hay una manera de escribir sobre ella que me hace querer pelar todas sus capas. Y lo digo en serio. –Con su historial de publicaciones, definitivamente es uno de los talentos más fuertes que tenemos este año– añado. . –Es una de las estudiantes con más publicaciones que hemos tenido en el programa en mucho tiempo. Confió en que te interesara especialmente nutrir su talento. Podría significar grandes cosas para la universidad– dice Lewis. –Por supuesto– La reunión termina bien después de que discutimos algunas oportunidades de escritura creativa y un próximo concurso de poesía, y hago una escapada limpia antes de mostrar demasiado “interés especial” en Lila. Para cuando regreso a mi oficina, había estado fuera solo treinta minutos y mi bandeja de entrada de correo electrónico ya está más llena que una fiesta de fraternidad universitaria. Reviso algunos, agregando nuevas reuniones y avisando citas a mi calendario hasta que veo uno de Lila con el asunto “hoy” Noah, Me preguntaba si debería reunirme contigo hoy en tu oficina o si estás pensando en tomar un café de nuevo. Avísame. Saludos. Lila. Lo mantengo profesional. Lo último que necesito es dejar un rastro de correos electrónicos sugerentes. Lila, Tengamos tu reunión en la misma cafetería. Por favor, trae las piezas en las que has estado trabajando esta semana. Noah. Tengo una hora entera antes de mi reunión con Lila, tiempo de sobra para revisar todos estos correos electrónicos, pero en lugar de eso cierro mi bandeja de entrada. No tengo ninguna posibilidad de terminar ningún otro trabajo sabiendo que estaré a una mesa de distancia de la mujer con la que he estado fantaseando cuando me he masturbado durante más de una semana. Recuerdo lo que dijo sobre los lunes, cuanto los odia. Tal vez pueda hacer este un poco mejor. Abro mi folio y arranco cuidadosamente un trozo de papel. ¿Escribirle es algo demasiado cliché? Que le jodan. Tengo una hora para escribir un poema que pueda poner incluso con la mínima sonrisa en esa boca con brillo labial rosado. Para cuando termino, tengo ocho minutos para llegar a la cafetería. Perfecto. Dejo el poema sin firmar y lo doblo y lo guardo en mi bolsillo derecho. Lo meteré en su bolso cuando no este mirando, una garantía de que estaré en su mente más tarde cuando lo encuentre mientras busca un bolígrafo en clase o saca su billetera en el supermercado. Por otra parte, tal vez nunca sospeche que es mío. Nuestra mesa de la semana pasada está vacía cuando llego a la cafetería, así que pido los mismos cafés grandes y negros que la semana pasada. Unos minutos más tarde, las campanas sobre la puerta suenan y levanto la vista para ver a Lila abriéndose paso hacia adentro. Lleva unos jeans que resaltan cada una de sus curvas. Están adorablemente enrollados en los tobillos, mostrando un par de zapatillas vintage. Su sudadera gris holgada deja al descubierto un hombro delgado y el tirante de un sujetador de encaje. Es todas las fantasías universitarias que he tenido hechas realidad y tengo que respirar lento y profundamente para no gemir. Sus ojos se iluminan cuando me ve. Tomo un sorbo de café y la veo acercarse. Esa sudadera está perfectamente drapeada sobre sus pechos, que parecen del tamaño justo para llenar mis manos. Como si concentrarme no fuera ya un problema, esa imagen consolido, y quiero decir consolido, mi situación actual. –Hey– dice, ofreciéndome una sonrisa nerviosa mientras se acerca. Me pregunto si siempre seria así: la incertidumbre cuando estamos juntos. Esta danza cuidadosamente construida para asegurarnos de que no cruzar una de las líneas invisibles que dicen que no debemos estar juntos. –Hey– respondo. –Te traje un café– Asiente con la cabeza hacia la taza humeante que la espera en la mesa. –Gracias. No tenías que hacer eso– Tiene razón, y por cualquier otro estudiante, no lo habría hecho. –¿Te importa si como algo? – pregunta, dejando caer el bolso de su portátil en la silla. –Por supuesto que no– Cuando se dirige al mostrador para hacer su pedido, me inclino sobre el borde de la mesa y meto la nota en su bolso. Esa pizca de ansiedad cuando sabes que alguien va a leer tus palabras se desata en mis entrañas. Incluso si Lila no sepa que son mis palabras, me siento nervioso y un poco ansioso. ¿Qué pasará? Mientras miro su bolso y espero a que regrese, un momento de arrepentimiento me recorre. Tal vez no debería haberlo dejado. Tal vez no le gustara. Entonces me doy cuenta de que esta es realmente la única manera en que puedo comunicarme con ella sin ser descubierto; ciertamente no puedo enviar algo así a su correo electrónico de la universidad. Segundos después, regresa con un bagel y se acomoda en el asiento frente a mí. –Gracias. Mi mañana fue una locura. No tuve tiempo de desayunar– Después de darle un gran mordisco a su bagel, Lila se limpia la boca con una servilleta y me ofrece otra de esas sonrisas tímidas. Disfruto mi café y de la vista, mientras Lila da unos bocados más a su comida y luego se recompone, sacando un cuaderno y abriéndolo. Antes de que tengamos la oportunidad de ponernos manos a la obra, un chico y una chica se acercan a nuestra mesa, deteniéndose justo al lado. El chico, de veintitantos años con el pelo decolorado, nos sonríe ampliamente, y la chica, que parece más o menos la misma edad, con pelo color moca y pelo rizado, me observa con ojos evaluadores. Espera. Es la amiga de Lila, la recuerdo de la fiesta. –¿Qué hacen aquí? – sisea Lila, mirándolos y luego volviendo a mí. Arqueo las cejas preguntándome que esta pasando. –Hola– Extiendo la mano. –Soy Noah– –Brody– dice el chico, estrechándome la mano. –Entonces, ¿eres el asesor atractivo? – Me guiñe uno ojo y no puedo evitar reírme en respuesta. –Ese soy yo. Solo tu amable y atractivo asesor del vecindario– me muero de ganas de saber que más les había contado Lila. –Estos son mis vecinos– ofrece Lila con voz temblorosa. –Soy Emily– dice la chica, tomándome la mano una vez que Brody la suelta. –Y estoy segura de que ya se van, ¿verdad, chicos? – Nunca había escuchado el tono de Lila más autoritario. Estoy divertido, y ni siquiera sé que está pasando. Brody ofrece una sonrisa maliciosa. –Oh, no lo sé. estábamos ansiosos por conocer a este hombre misterioso que te tiene toda excitada y molesta– Una lenta sonrisa se dibuja en mi boca. –¿Te pongo caliente? – Lila niega con la cabeza apresuradamente. –Molesta. Como enojada. Molesta– sus labios se aprietan en una línea firme. Una mirada a Brody, que está negando con la cabeza, confirma la verdad. –¿Por qué no se sientan ustedes dos? Vamos a conocernos mejor– me levanto de mi silla y agrego dos más de una mesa vacía cercana. –No pueden quedarse– dice Lila. –Está bien. Podemos terminar nuestra reunión más tarde– Apenas acerco las sillas, se unen a nosotros en la mesa: Brody todo sonrisas y Emily con una curiosidad optimista. ¿y yo? No puedo borrar la sonrisa de mi cara. Solo Lila frunce el ceño. Y por mucho que odie la idea de molestarla, no puedo resistir la tentación de aprender más sobre la mujer de las personas que mejor la conocen. Una oportunidad como esta puede no volver a presentarse. Basándome en la forma en que emboscan nuestra mesa, supongo que están haciendo todo lo posible por darle un empujón en la dirección correcta, por muy reacia que este. –Entonces, ¿le gusto, ¿eh? – dirijo mi pregunta a Brody, quien por lo que puedo ver por solo conocer al tipo treinta segundos, carece de filtro. –Absolutamente no– Lila se inclina hacia adelante en la mesa, señalando a Brody con un dedo y negando con la cabeza. Brody se encoge de hombros. –Bien. Si la señorita no está interesada, me apuntaré – Me tomo un momento darme cuenta, pero cuando lo hago, suelto una risa. –Sin ofender, amigo, mi equipo es todo lo que puedo manejar, no tendría ni idea de qué hacer con el tuyo– –Podría mostrarte– ofrece Brody. Haciendo un gesto de dolor en silencio ante lo que claramente es una elección incorrecta de palabras por mi parte, niego con la cabeza. –A mi pene le gusta el coño, lo siento– Brody frunce los labios. –No se puede culpar a un chico por intentarlo– Tomo un sorbo de café y miro a Lila. Su incomodidad es evidente, y de repente me siento como un imbécil. Esto ya no es un juego divertido, y no quiero lastimarla. Miro a Brody y a Emily, encontrando sus ojos al otro lado de la mesa. –Tu amiga es dulce e inteligente, y estoy seguro de que esta lista para volver a nuestra reunión, así que por muy entretenido que haya sido, tendrán que disculparnos– Mientras se levantan de sus asientos, Lila abre su cuaderno una vez más, con la cara caliente, y comienza a murmurar algo en voz baja. –No logramos absolutamente nada– dice. –Tienes razón. Dale tu número y pueden programar una reunión de recuperación– sugiere Emily. La mirada de Lila se dirige a Emily. –No. No le vas a dar mi número– Brody se inclina y garabatea el número de Lila en un trozo de papel, dándomelo. –Por el amor de Dios, Brody con un demonio– sisea Lila en voz baja. No estoy segura de haberla oído maldecir antes y, es excitante. Todo lo que hace es intrigante y quiero más. Tomaron su señal para salir y lo hacen con un gesto. Brody me lanza un beso en el aire al irse. –Escucha, lo siento– digo después de que se van. Lila no pierde tiempo en guardar sus cosas en su bolso. –Se supone que íbamos a hablar de mi próxima tarea. ¿A menos que hayas olvidado que estoy estudiando con la renombrada Doctora Peggy Chan? – Trago saliva, sintiéndome aún más idiota. –No lo he olvidado– –¿Y entiendes que no me inscribí aquí para tu diversión personal? En realidad, quiero ser escritora. Pensé que tú, de entre todas las personas, podrías entenderlo– –Si. Y te prometo que lo compensaré– –Tengo que ir a clase. Adiós, Noah– Mientras la veo irse, me asalta una idea. Nunca antes había tenido una reacción tan visceral con una mujer. Es decir, mi ex ni siquiera sabía la diferencia entre Seuss y Salinger. Pero Lila. La dulce Lila. Parece un personaje de una novela de Dickens: inocente, inteligente, con una rica historia de fondo y el deseo de hacer el bien en el mundo. Y yo soy débil por ella. Total, y completamente a su merced. Claro, quiero follarla, pero también quiero mucho más que eso. Por supuesto, es solo mi suerte que la única mujer que me ha interesado en más de un año no esté buscando una relación, y además es una de mis alumnas. La cosa no se complica más que eso.
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