Lo mío, lo que nadie sabe

2174 Words
Estoy recargado sobre la escotilla de un Ferri que me conduce a mi destino, me conduce al lugar en el que debo buscar respuestas. El sol es radiante y la brisa marina golpea mi rostro, trato de grabar está sensación, llevo dos días sin mis padres, no se nada de ellos, en realidad de sus cuerpos. Me maldigo por no haberme quedado o por no haber hecho lo correcto pero ahora creo entender que de haberme quedado, no estaría respirando. Después de varias horas bajo del Ferri y observó levantando la mirada como el cielo comienza a nublarse, la lluvia se aproxima y la humedad en el viento me lo confirma diciendo sobre la provincia de Sicilia, y pienso por un momento que tal vez este lugar tenga lluvias frecuentes. Observó a mi alrededor y recuerdo la última vez que pise este lugar. Tenía diez años pero mis recuerdos están intactos, sé bien a dónde debo ir aunque no sé aún cómo llegar. Busco un restaurante discreto para poder saciar mi hambre; té, panecillos y una cerveza son mi alimento del día, en esta región tengo la mayoría de edad al menos para algunas cosas. No he reflejado mi rostro en ningún espejo durante todo el tiempo que llevo de viaje, no puedo imaginar mi rostro o mi cabello, pareciera por un instante que he olvidado como soy. Camino por una calle elevada, esta me lleva al parecer a una de las zonas más altas de este lugar. El calor es insoportable a pesar de que la lluvia comienza a golpear mi rostro, miro hacia el cielo y está sensación al igual que la de la brisa intentó que se guarden en mi memoria, después de seguir por un tiempo observó en la colina una casa con muros altos en color blanco, en la entrada unas cien escaleras se interponen entre la puerta de entrada y yo. Por fin subo las escaleras y toco la puerta titubeo por un segundo, siento que mi corazón comienza a latir sin mesura y se que debo esperar lo peor, pienso en que la vida no me ha dado las mejores estos días pero intento encontrar algo que alivie está sensación. —”Bambino” —grita mi abuelo con tanta felicidad que de mis ojos salen lágrimas, mi boca no se abre y lo único que puedo hacer es lanzarme sobre él y abrazarlo. —Mis padres están muertos —menciono despues de haberme separado del regazo de mi abuelo. Observó sus ojos y me doy cuenta de que él ya lo sabía, me pide que entre, gira su rostro a ambos sentidos mirando hacia la calle, como si buscará algo o a alguien. El lugar es tan bello como lo recordaba, un jardín a desnivel y una fuente justo en el centro con un busto en forma de doncella que escupe agua por la boca hacen que el ruido constante del agua calme mis nervios. Camino siento a él sin que me diga una sola palabra toma mi hombro y me dirige hasta adentro del lugar, una sala amplia en color crema nos espera, tomó asiento y puedo observar, una tetera y una taza a medio llenar de algún té aromático, un muro adornado con fotografías viejas de nuestra familia postradas sobre el muro hacen que el lugar se sienta acogedor. Miro a un costado y puedo ver un comedor blanco con sillas acolchonadas en un color similar al sofá donde estoy sentado. La luz entra desde el jardín trasero de la enorme casa con muros de cristal y una puerta corrediza que da paso al jardín. Mi abuelo toma asiento frente a mí y coloca sus codos sobre sus rodillas mientras crea un triángulo con sus manos bloqueando sus mejillas. —Bambino, rogaba a Dios por saber de ti —dice mi abuelo y abro mis ojos, entiendo en este instante que es verdad, él ya sabía que mis padres han muerto. —Abuelo, mi vida se desvaneció no entiendo nada, mi tío me saco de la casa de mis padres y yo… —menciono y mi abuelo me interrumpe. —Lorenzo, ¿Lorenzo sabe que estás aquí? —pregunta mi abuelo, y guardo silencio por un momento, trato de persuadir su pregunta pero estoy consciente de que es imposible. —No, él no sabe que estoy aquí o al menos eso creo… huí de él esa misma noche —respondo mirando fijamente a mi abuelo. —Le dije a tu madre que Lorenzo no era de fiar y ahora lo compruebo —dice mi abuelo y entiendo que la carta no decía mentiras, que mi padre tenía una razón de peso para escribir lo que leí en esa carta. —Bambino hay muchas cosas que debes saber, pero no quiero abrumarte con esto ahora… aquí estás a salvo, y yo cumpliré lo que le prometí a tú padre y a mi hija —menciona mi abuelo y guardo silencio mientras observo que se levanta del sofá. —¡Andrea!.. ¡Andrea! —gritó mi abuelo, y algunos segundos después aparece un hombre de alrededor de unos veinte años. Si cabello es tan n***o que parece brillar, con el sol, sus ojos verdes, impactan mi mirada, no entiendo que me ocurre pero una frase inunda mi mente. —”Es un hombre ardiente” —pienso y sonrio mientras lo observo preguntar a mi abuelo que se le ofrece. —El es mi nieto Carel, llévalo a la habitación de la planta alta, y todo lo que necesite haz que sea posible —ordena mi abuelo y sonrió para mis adentros, observó su blanca piel, me pongo de pie y estira su mano para saludarme, siento el calor en la palma de su mano, tan suave, observó con mucho detalle que sus manos, están cubiertas por vello, del mismo color que su cabello, y pienso que hacen un contraste hermoso con el color de su piel. Dirijo mi mirada, sobre sus brazos y puedo ver sus músculos, adornados con los bordes de las venas con un tono azulado, observó su pecho debajo de la camisa blanca que lleva puesta y muerdo de forma inconsciente mi labio inferior, su pecho es grande y podría asegurar que es duro como una roca y está cubierto por vello, y comprendo que todo su cuerpo es similar. —Hola yo soy Andrea —me dice y si retumba en mis oídos como una melodía, que enciende mis sentidos. —Hola un gusto yo me llamo Carel… Carel Cavareli —replico ante su presentación, Andrea me sonríe y mi calor aumenta al ver sus bella y blanca sonrisa. Detalló cada parte de su cuerpo, es tan alto como yo, tal vez un poco más, el color de su piel y de sus cabellos hacen un juego perfecto con el color de sus carnosos labios bien definidos, el rojo intenso lo hace ver realmente radiante. No tengo problema en aceptar que es un hombre como el que siempre ha estado en mis sueños húmedos. Y aunque no tiene comparación me hace recordar, al chico universitario que cruzaba por la calle todas las tarde mientras volvía de la escuela. Durante muchas noches imaginé que aquel chico tomaba mi cuerpo y que yo por primeras conocería lo que significa el sexo. Pero solo era un sueño algo que nunca le compartí a nadie, mis padres jamás supieron que lo mío son los hombres. Y a decir verdad ni los chicos lo sabían, nunca he besado a ningún hombre tampoco a ninguna mujer, pero se muy bien, cual es mi preferencia. —Vamos… te acompaño —me indica Andrea y lo sigo de inmediato tomo mi maleta, que está sobre el sofá de color crema y avanzado con el hasta el muro. Me detengo un instante y puedo ver a mis padres en una foto que mi abuelo atesora en el muro de su sala de estar. —Tengo que salir un par de horas… te quedas en buenas manos —menciona mi abuelo y asiento con la cabeza. Andrea hace lo mismo giro mi cuerpo para seguirlo mientras me deleitó con sus nalgas que se notan debajo de su pantalón de color azul. Subimos por unas escaleras en forma de caracol de mármol blanco, y al subir el último peldaño recobro la cordura, dejo de mirar con deseo el cuerpo de Andrea mientras esté me sonríe y me indica cuál es mi habitación, mencionando que está al fondo del pasillo. Me dirige levantando su mano y paso frente a él puedo percibir el aroma de su loción y mi cuerpo reacciona, abro la puerta y observó una habitación enorme, con una cama cubierta de sabanas blancas al centro, una mesa y dos sillas de color blanco en una esquina que da vista hacia el muro de cristal con una puerta corrediza, que me da salida a un balcón. Del otro lado del muro de cristal una puerta que soy por hecho se trata de la ducha, avanzó hasta la puerta y compruebo que se trata de un clóset amplio con repisas en ambos lados, las cuales encienden sus luces sobre cada hueco, y al fondo la ducha. No entro por completo solo observo por un momento y al mirar el muro que está sobre la puerta de dónde acabo de entrar observó un cuadro enorme, probablemente alguna réplica bien hecha de la “Noche estrellada” y comprendo que está habitación era de mi madre. Los ojos se me nublan por un momento intentó disipar las lágrimas que hacen borrosa mi vista, solo para observar a Andrea, el hombre que me ha hecho pensar en otra cosa que no fueran mis padres y su muerte. —Oye… perdón pero… a qué te dedicas es decir… ¿Cuál es tú trabajo? —preguntó y Andrea sonríe, y yo simplemente siento como mis piernas pierden sus fuerza. —Mi padre… mejor dicho mi abuelo y mi padre siempre han trabajado para tú familia y ahora es mi turno —responde Andrea y se bien que no busca decirme la verdad y no por el momento decido no insistir más. —De acuerdo, entiendo… Perdón pero estoy muy cansado y me gustaría dormir algunas horas —replico, con una excusa real, el viaje y todo lo que he vivido en los últimos dos días me han fatigado por completo. —De acuerdo pediré que preparen la cena y más tarde vendré a verte —me indica Andrea y solo pienso en que deseo que vuelva. —Está bien, te espero —respondo con naturalidad, guío mi mirada una vez más hacia la terraza y cuando regreso mi rostro, Andrea ha desaparecido. Dejo mi maleta dentro del clóset y me lanzó sobre la cama, y de la nada el sueño invade mis sentidos. Despierto de forma abrupta algunas horas más tarde y lo se por qué al mirar la terraza el cielo se esconde, observó el balcón adornado con la noche y solo sonrió. Segundos después alguien está tocando a mi puerta y grito para que, quién quiera que sea, sepa que puede entrar. Andrea trae sobre su manos una charola con alimento y jugos, pregunto por mi abuelo y me dice que no volverá esta noche pero que si tengo algún problema que él se hará cargo de mí. —¿Que significa que te harás cargo de mi? —pregunto mirando fijamente a Andre y se bien que estoy en problemas nunca nadie me había hecho sentir este calor en mi cuerpo, veo su rostro y siento que no puedo mantenerme consciente. —Significa que yo cuidare de ti —responde Andrea sonrie y deja sobre la mesa la charola, y sin decir una sola palabra sale de la habitación, observo su caminar y cierro los ojos tratando de guardar en mi mente su imagen. Me levanto y bebo algo del jugo que Andres puso en la mesa, trato de sentir calma, pero mis pies inquietos me indican que no puedo estar tranquilo, me levanto y salgo de la habitación, cruzo con cautela el pasillo, bajo las escaleras en forma de caracol y alcanzo a ver la sala de estar y del otro lado el comedor, camino hasta la entrada de la casa observo que la puerta tiene dos vidrios rectangulares, camino hasta acercar mi rostro, intentando buscar algo y aunque no se que es lo que busco, de inmediato mi cuerpo me responde, siento movimiento en mi pelvis al ver por los marcos rectangulares de la puerta a Andrea, Está limpiando la fuente solo trae su pantalón azul que entalla muy bien su piernas y sus nalgas trago saliva cuando se incorpora, su torso musculoso cubierto de vello mientras recoge su cabello, me hacen soñar despierto. El empleado de mi abuelo, me hace estremecer y lo peor es que no tengo ni puta idea de porque, mis padres han muerto y me siento como un imbécil por pensar en Andrea, en este preciso momento.
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