Soledad sentía las piernas temblorosas, dar ese paso era una decisión definitiva, y claro que anhelaba ser esposa de Cris; sin embargo, no dejaba de sentirse mal, por la forma en la cual iban a unir sus vidas. —No, no puedo hacerlo, yo quiero una boda normal, deseo que esté tu familia presente, mi abuela, lo lamento. Cris sintió como si le apuñalara el corazón, aunque entendía las razones de Soledad, él se sentía intranquilo, no sabía si iba a resistir su enfermedad, los medicamentos eran fuertes, las alucinaciones constantes, y quería dejarla protegida en caso de que él cometiera una locura estando fuera de sus cabales. —Entiendo. —La voz de Cris se llenó de tristeza. —¿Me tienes miedo? —preguntó. La pregunta estremeció el corazón de Soledad, lo miró a los ojos, y se reflejó en es

