Camino por los pasillos del lujoso hotel donde se llevará a cabo la ceremonia, en busca de la habitación donde se queda Sloan. Giro hacia la derecha y me desplazó hasta el final del pasillo hacia la habitación 0327. Muerdo mi labio inferior esperando que ese dolor me ayude a controlar los nervios, golpeo la puerta con los nudillos. Espero lo que me parece una eternidad hasta que finalmente la puerta se abre y él aparece en mi campo de visión vestido con un traje n***o y una corbata colgada de su cuello. Me mira sorprendido, como si no se le hubiera pasado por la cabeza que yo estuviera ahí, parada frente a él.
- ¿Puedo pasar? Necesito hablar contigo – digo con voz temblorosa.
Aprieta los labios hasta formar una fina línea y tras pensarlo, se hace a un lado para permitirme entrar. Camino hasta el centro de la habitación con las manos juntas, girando los pulgares en círculos, hábito que no puedo evitar hacer siempre que estoy nerviosa o algo me preocupa. Tomo una gran bocanada de aire y me giro para encararlo. En mi mente, preparé las palabras que iba a decir mientras caminaba hacia aquí, pero ahora que lo tengo delante de mí, la voz se niega a salir. Él me observa a la espera.
- No te cases – digo finalmente cuando la racionalidad me abandona.
Niega con la cabeza y se pasa una mano por el cabello perfectamente peinado, desordenándolo. Me da la espalda mientras camina hacia la ventana.
- Creí que había sido claro en lo que respecta a nosotros.
- Lo fuiste, pero las cosas han cambiando – comienzo despacio.
Se gira para mirarme, incrédulo ante mis palabras.
- Nada ha cambiado. Nuestra relación se terminó, creí que lo habías entendido.
Tan pronto anunciaron su compromiso, ambas familias apresuraron los preparativos, logrando organizar la boda en un par de semanas.
Niego con la cabeza.
- Si tan solo escucharás lo que tengo que decir…
Camina hacia mí y me toma por los hombros.
- ¡Basta! – grita con la cara roja de rabia. En toda mi vida, jamás lo había visto levantar la voz como ahora - No importa lo que digas o hagas, nada me hará cambiar de opinión, voy a casarme con Scarlett, porque es de ella de quien estoy enamorado. Lo nuestro fue… - hace una pausa – simple deseo.
Me zafo de su agarre y retrocedo varios pasos, dolida por sus duras palabras.
- Pero yo… - comienzo a decir, pero el sonido de la puerta al abrirse lentamente me detiene.
- ¿Sucede algo? – cuestiona Scarlett.
Cierro los ojos con resignación al ver a Sloan cambiar su expresión inmediatamente.
- Sucede nada, Emilia se sentía indispuesta así que la traje a mi habitación donde tú no deberías estar – termina mientras la recorre con la mirada.
Una vez estoy lo suficientemente tranquila, giro para verla y evitar que note la tensión entre él y yo. Lo cierto es que está preciosa, con un hermoso vestido color hueso y joyas doradas.
Las mejillas de Scarlett se sonrojan visiblemente.
- Lo lamento, estaba nerviosa por eso quería verte antes de comenzar pero si los interrumpo puedo… – añade mirando en mi dirección.
- Ya estoy bien – miento.
Sloan pasa a mi lado para situarse al lado de su prometida, quien no pierde el tiempo y rápidamente anuda su corbata. rodeando su pequeña cintura con el brazo.
- Puedes quedarte el tiempo que necesites, Marco estará afuera – añade mirándome.
Permite que Scarlett salga primero, antes de cerrar la puerta me dedica una mirada de advertencia. La puerta se cierra y me quedo sola en la habitación. Escucho murmullos afuera pero no soy capaz de entender lo que dicen. La puerta se abre y Sloan entra. No puedo evitar que mi corazón salte de emoción.
Posa su mirada en mí y está vez puedo ver en sus ojos un profundo arrepentimiento y algo más, tristeza quizá.
- Realmente espero que algún día me perdones, estoy seguro que con el tiempo entenderás que esto fue lo mejor para los dos - dice mientras se acerca despacio.
Retrocede conmigo hasta la cama y me empuja suavemente para recostarme, por un segundo creo que se unirá a mí, pero esa esperanza se desvanece cuando se levanta rápidamente y sale de la habitación. Desesperada, corro hacia la puerta, giro el pomo pero no logro que este ceda. Abro mucho los ojos cuando la compresión me golpea. Me ha encerrado. Estrello los puños en la puerta.
- ¡Sloan! – grito su nombre con las pocas fuerzas que me quedan. Al no obtener respuesta, caigo de rodillas y comienzo a llorar.
Seco las lágrimas de mi rostro con la manga del vestido que me puse para la ocasión. Mi estómago se estremece mientras las náuseas matutinas se apoderan de mi. Trato de calmarlas respirando profundo mientras me levanto del suelo apoyando una mano en mi vientre.
Al final no pude decirle de mi embarazo. Al principio no logré relacionar los síntomas, pero tras vomitar durante varios días seguidos, fui al médico para hacerme un chequeo y está mañana, me llamaron para decirme los resultados. La frustración hace que una nueva oleada de lágrimas baje por mis mejillas y estropeé mi maquillaje mientras me recuesto en la cama. Miro el techo sin saber que hacer, perdiendo la noción del tiempo.
Tras varios minutos así, me levanto y camino hasta el balcón con la esperanza de salir por ahí, pero tras evaluarlo, decido no intertarlo, si bien es poca la distancia entre este balcón y el de la otra habitación, no tengo la confianza suficiente para saltar ese tramo. Entro nuevamente y opto por seguir intentando que alguien me escuche, al no obtener resultados, me rindo y tras una nueva ronda de náuseas, me recuesto en la cama. Después de lo que parece una eternidad, escucho el familiar sonido de la puerta al abrirse. No me molesto en levantar la vista hacia la figura que aparece.
- La ceremonia terminó señorita – anuncia la voz de Marco, su secretario. Cierro los ojos con fuerza.
- Bien – digo con voz temblorosa. El hombre vuelve a cerrar la puerta y se marcha en silencio.
“Soy una tonta” pienso en silencio. Sus palabras taladrando un agujero profundo en mi pecho.
“No importa lo que digas o hagas, nada me hará cambiar de opinión”
Salgo de la habitación con sus palabras grabadas en el alma y con la resolución de no permitirle recuperar lo hoy que rechazó con tanta facilidad.
Regreso a la habitación del hotel donde me estoy quedando, después de quitarme el maquillaje y el vestido, busco en mi maleta ropa cómoda. Me visto apresuradamente. Mi celular comienza a sonar y lo tomo distraídamente de la mesita de noche.
- ¿Dónde estás? Te perdiste la ceremonia – señala mi madre al otro lado de la línea. Hago una muñeca de asco.
- En mi habitación, no me siento muy bien.
- ¿Necesitas que vaya para allá? Puedo llevarte al hospital.
- No es necesario, con descansar es suficiente, me uniré a la recepción en cuanto pueda – miento, no puedo quedarme un segundo más en este lugar, pero si le digo ahora mis intenciones, no podré marcharme.
- De acuerdo – dice mi madre no muy convencida.
Salgo al exterior del hotel cargando la maleta, pero un repentino mareo hace que pare en seco. Parpadeo varias veces para enfocar mi entorno. Tropiezo a medio camino de mi auto y todas mis pertenencias se esparcen por el suelo. Apoyo las manos en el asfalto caliente y trato de levantarme sin mucho éxito.
- ¡Santo cielo, déjame ayudarte! – escucho que una voz preocupada dice detrás de mí. Las familiares manos de mi abuelo me rodean para levantarme.
- No tienes buen aspecto, ven conmigo, te llevaré a un hospital cercano.