CAPÍTULO 3

1317 Words
El recorrido desde el hotel hasta el hospital ocurre en un parpadeo. Solo soy capaz de registrar como salgo del auto hasta una silla de ruedas y ser conducida al interior. Despierto con la vista nublada, recorro la habitación con la mirada hasta posarla en mi abuelo que me mira con el ceño fruncido. - ¿Qué sucedió? - Perdiste el conocimiento mientras te hacían las pruebas. El médico acaba de irse, recomendó que te quedarás en observación un par de horas, te diagnosticó anemia. Suspiro aliviada, parece que no se dieron cuenta de mi estado. Mi abuelo se levanta, toma su saco del reposabrazos de la silla donde estaba sentado. - Te dejaré descansar ahora que estás despierta, volveré a la fiesta y regresaré en un par de horas. - De acuerdo – digo embozando una débil sonrisa – Podrías no decirle nada de esto a la familia, no quiero preocuparlos y arruinar la boda. Mi abuelo suspira pesadamente, se frota el puente de la nariz con el dedo índice y pulgar. - Haré lo que dices, pero mientras estás sola quiero que pienses que explicación me darás con respecto a eso – dice señalando mi vientre. Cubro mi vientre inconsciente con las manos y abro ligeramente los ojos, mi abuelo aprieta la mandíbula tan fuerte que las venas saltan de su cuello. Está furioso y decepcionado, pero no dirá nada, por ahora. … Me muevo incómoda en la silla de cuero mientras el abuelo me observa con los brazos cruzados y el ceño fruncido al otro lado de su escritorio. Después de salir del hospital, regresamos a casa en silencio y me condujo hasta su despacho. Desde entonces, hemos librado una batalla de miradas que hace poco por tranquilizarme. - Estoy esperando Emilia Trago saliva. - Estoy embarazada - Eso ya lo sé. Lo que me interesa ahora es saber el nombre del bastardo que te hizo eso. Niego con la cabeza a modo de respuesta. - Emilia – pronuncia mi nombre cada vez más exasperado. - No te diré nada relacionado con el padre de este niño – digo con todo el valor que puedo reunir. - ¿Te forzaron? – indaga con la preocupación reflejada en su rostro. - No – consigo decir con un hilo de voz – no puedo decirte su nombre porque no sé quien es, lo conocí en un bar. Fue solo una noche – miento rogando sonar lo suficientemente convincente. El abuelo se inclina hacia delante y apoya los codos sobre la mesa. Me mira con evidente reprobación. - Realmente no puedo creer que seas precisamente tú quien haya salido con esto. - Siento decepcionarte, pero esto – palpo mi vientre - ya está hecho y no puedo cambiarlo. Él sigue la dirección de mi mano con evidente desagrado. - Estás equivocada, hablé con el médico y cree que no tienes más de seis semanas. Puedes deshacerte de eso discretamente y nadie tendría porque enterarse. Lo miro incrédula durante varios minutos, jamás esperé que esas crueles palabras salieran de su boca. Desecharlo como si fuera nada. Nunca podría hacer eso, ni una sola vez me atreví a considerarlo. - No lo haré. Tan pronto como lo digo, la cara del abuelo se distorsiona por la ira. - No te gustarán las consecuencias que conlleva esa decisión. - Estoy preparada. Él levanta una ceja. - ¿De verdad? Todo lo que usas, el carro que conduces, el lugar donde vives, es financiado por mi. ¿Realmente crees que podrás disfrutar de todo eso después de tu indiscreción? - Puedo trabajar – respondo con firmeza. - ¿A qué tipo de trabajo podrías aspirar? Embarazada y todavía en la universidad. Arregla este desastre, sino lo haces, olvídate de nosotros, estarás sola. - Mi madre jamás permitiría que tú... - Mi hija hará lo que yo diga. Tras decir eso, sale del despacho dejando atrás un silencio sofocante. ... Bajo del autobús y recorro las cuadras que me quedan hasta llegar al pequeño apartamento que estoy alquilando cerca de la universidad. Tan pronto estoy en casa, me dejo caer en el sofá. Se está haciendo cada vez más difícil para mí ser independiente. La universidad, el trabajo a medio tiempo y las facturas me están consumiendo. Una solitaria lágrima resbala por mi mejilla, pero la limpio rápidamente mientras froto mi vientre cada vez más grande, pronto no podré ocultarlo con la ropa y si quiero evitar preguntas indiscretas tendré que tomar una decisión pronto. No quiero dejar la universidad, pero tendré que hacerlo, mi cuenta se está vaciando rápidamente y mi trabajo actual no es capaz de cubrir todos los gastos. Mi abuelo congeló todas mis tarjetas, asi que solo puedo usar el dinero que logré desviar a una cuenta secundaria, me desalojó del apartamento en el que antes vivía y envío a uno de sus empleados por el auto que usaba, incluso impidió que entrara a la mansión por el resto de mis cosas. Trate de contactar con mis padres y hermana pero fue imposible, después de la boda de Sloan decidieron tomar un crucero de varias semanas con ellos, trataron de hacer que me uniera al viaje, pero me negué rotundamente a ir, y puesto que el objetivo es relajarse, decidieron quedarse incomunicados. La actitud que mi abuelo tomó después de enterarse de mi embarazo me dolió demasiado, pero sé que lo único que quiere conseguir al presionarme es que interrumpa el embarazo. Encontraré la forma de que todo funcione, no soy la primera mujer que se enfrenta a un futuro como madre soltera. Tocan la puerta del apartamento y me tenso al instante. Nadie sabe que vivo aquí. Me levanto del sofá y camino hasta la puerta. Al mirar por la mirilla, reconozco las siluetas de mis padres. - Emilia, abre la puerta – suplica mi madre al otro lado. Apoyo la frente en la puerta tratando de decidir que hacer, pero son los sollozos de mi madre los que finalmente me hacen decidir. Abro la puerta y permito que entren. Ellos recorren el lugar con la mirada y una mueca de desagrado se instala en sus rostros al ver el lugar. - Tomen asiento Ellos obedecen. Cierro la puerta y me siento frente a ellos en el sofá continuo, utilizando las manos para cubrir mi vientre. Soy la primera en hablar. - ¿Por qué están aquí? Creí que su crucero se extendía varias semanas más. - Lo interrumpimos, tu abuelo nos interceptó en Grecia para decirnos lo que sucedió, regresamos tan pronto como pudimos. -¿Sloan lo sabe? Ella niega con la cabeza. - Nadie, excepto tu abuelo y nosotros. Cruzo los brazos y me reclino en el sofá. No sabía que mi abuelo estaba al tanto de donde me encontraba, cuando perdí su apoyo asumí que me descartaría de su vida. De pronto un miedo como jamás experimenté me invadió, si investiga lo suficiente podría descubrir todo. - ¿Les habló de todo? – pronunció con voz temblorosa. Mi madre asiente. - Como madre no puedo pedirte que abortes al bebé, pero podemos encontrar una solución – dice más entusiasta. - Sabes que la familia Thompson tiene problemas de fertilidad, ya hablamos con ellos y estarán encantados de recibir al bebé una vez que nazca – interviene mi padre. Me levanto del sofá abruptamente. No puedo creer que estén hablando enserio. - ¡No lo entregaré, es mi bebé! Mi padre me imita y se acerca a mí. - Cariño, sabemos que es una decisión difícil. Necesitas tiempo para pensarlo y te lo daremos, pero necesitamos que lo consideres, esto … -dice señalando el lugar con el dedo índice- no es tu lugar y lo sabes. - ¡Fuera! – grito indignada. Mis padres se miran con evidente tristeza pero no añaden nada más, se levantan en silencio y salen de mi pequeño hogar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD