CAPÍTULO 4

1405 Words
Miro mi cuenta bancaria con preocupación, solo tengo dinero suficiente para cubrir el alquiler y los servicios de este mes. Suspiro con pesar. Tendré que hablar con mi jefe para adelantar mi pago. Salgo de mi apartamento rumbo a mi trabajo. Paso por mi antigua universidad y la miro con tristeza, a pesar de que traté por todos los medios mantenerme en ella, al final la necesidad de dinero pesó más y decidí abandonar mis estudios para tomar otro turno en el trabajo. Una vez estoy dentro del restaurante, dejo mis cosas en el casillero. Todos en el restaurante son educados pero distantes y hasta ahora no he logrado acercarme a ellos, salvo a Daisy, una chica menor de edad que trabaja dos turnos toda la semana para apoyar a su familia. - El jefe te está esperando en su oficina – dice la voz cantarina de Daisy, mientras pasa a mi lado con una enorme charola de platos sucios. Agradezco su aviso y me dirijo a la oficina. La puerta está abierta. - ¿Me llamó señor? - Si, toma asiento. Cierro la puerta detrás de mi y me siento frente a él con las manos en las rodillas. - Eres una chica trabajadora y eso nos consta a todos, pero no es recomendable dado tu estado y todo el trabajo físico que se hace en el restaurante que continúes con nosotros, por eso hemos tomado la decisión de prescindir de ti. Mi corazón late aceleradamente, si pierdo este trabajo nadie me contratará en otro lugar. - Aún puedo trabajar, yo… - comienzo pero me interrumpe. - No podemos darte trato especial, somos un local informal. - Lo que está haciendo es una violación a los derechos del trabajador -digo cada vez más molesta. Él me sonríe son sorna mientras se encoje de hombros y me entrega un sobre, mismo que tomo con manos temblorosas. - Tu liquidación. Después de tomar mis cosas, salgo del restaurante sin despedirme de alguien, hecha una furia y sin dirección fija. Esto me pone en un gran aprieto, pero trato de tranquilizarme, todavía puedo mantenerme a flote. - ¡Emilia, espera! Volteo al escuchar mi nombre y veo como Daisy corre tratando de alcanzarme. - Me enteré que te despidieron – dice mientras saca un sobre de su pantalón - tómalo, lo reunimos entre todos, sé que no es mucho, pero esperamos que te sirva de algo. Niego con la cabeza. - Agradezco el gesto, pero no puedo aceptarlo. Daisy me mira como si fuera la persona más tonta del mundo. Toma mi mano y coloca el sobre en ella. - No seas testaruda, no tiene nada de malo recibir un poco de ayuda. Aprieto los dientes para contener las lágrimas y asiento con la cabeza. Eran las últimas personas de las que esperaba recibir ayuda. - Gracias - Hoy es por ti nena – dice satisfecha. Aprieto el sobre contra mi pecho mientras la veo salir disparada en dirección al restaurante. … El sonido del teléfono en la mesita de noche vibra al entrar una nueva llamada y consigue despertarme. Me levanto enseguida y tomo la llamada. - ¿Hablo con Emilia Denson? - Soy yo – respondo más animada. - Llamo de K&E recursos humanos para informarle que su perfil no es el que nosotros estamos buscando para el puesto que solicitó. Cuelgo la llamada después de despedirme y agradecer el aviso. Me levanto de la cama frustrada. Desde que me despidieron del restaurante no he podido encontrar un empleo fijo y mi cuenta se está vaciando rápidamente, a pesar del dinero que recibí de mis compañeros y la liquidación. Todos dudan de contratar a una mujer embarazada. Miro el montón de facturas amontonadas en la mesa de la cocina y me pregunto en que momento todo salió tan mal. Realmente creí que podía, pero la tarea está resultado imposible. … Observo el ceño fruncido de la ginecóloga mientras mira la pantalla donde se proyecta el ultrasonido. - ¿Algo va mal? – pregunto con preocupación. La ginecóloga me explica que tengo demasiado líquido amniótico en el útero y es necesario drenarlo puesto que puede causar complicaciones el resto del embarazo. Me prescribe medicamentos y programa la cita para el drenado, añadiendo que es necesario que me quede en el hospital unos días para observación. Salgo del hospital con el ánimo por los suelos y con una factura más que añadir a mi mesa. … Observo en la pantalla del teléfono el número de mi madre mientras las lágrimas corren por mis mejillas. Pulso la llamada antes de arrepentirme. Ella contesta enseguida. Le explico a mi madre el procedimiento que tienen que hacerme en el hospital y toda la deuda que acumulé hasta ahora. - Necesito un préstamo, te lo devolveré en cuanto pueda. - Eso no es posible, tu abuelo fue claro en esto y yo estoy de acuerdo con él. Si quieres nuestro apoyo, tendrás que aceptar nuestros términos. Un silencio tenso le sigue. Miro las facturas en la mesa y como todo me está superando. - Acepto – digo finalmente con un hilo de voz. - De acuerdo, tu padre y yo prepararemos todo. No tienes que preocuparte. Cuelgo la llamada con la promesa de seguir en contacto y tan pronto lo hago comienzo a llorar de verdad. Dejo que todas las emociones reprimidas surjan una a una. Realmente tenía la convicción de que podía salir adelante sola, pero me equivoqué. … - El procedimiento resultó bien, logramos drenar todo el exceso de líquido amniótico, pero necesitamos determinar la causa de la acumulación así que te haremos algunas pruebas para asegurarnos. Asiento con la cabeza y la ginecóloga se marcha después de revisarme dejándome sola con mis padres. Mi madre se levanta del sofá y se sitúa a mi lado. - Todas tus facturas fueron pagadas, ya no tienes que preocuparte por eso. Asiento aliviada y por primera vez en meses me siento más relajada. Ella le da una rápida mirada a mi padre, este asiente animándola a seguir. - Sabemos que todo esto debió resultar difícil para ti, pero esperamos que la experiencia te sirva para darte cuenta lo difícil que puede ser la vida. Los Thompson están en la sala de espera, quieren hablar contigo. Se me forma un nudo en el estómago, pero asiento con resignación. Papá sale de la habitación y minutos después entra con una pareja joven. Hacía tiempo que no coincido con ellos, así que verlos me resulta incómodo pero sé que son personas decentes. Es la mujer llamada Samantha quien toma la iniciativa. Se acerca al borde derecho de la cama y toma mi mano libre entre las suyas - Te agradezco el regalo que nos estás entregando, te prometo que tanto mi esposo como yo lo atesoraremos siempre y... - dice mirando hacia atrás. Su esposo Gabriel está hablando animadamente con mis padres y no nos están prestando atención. - te permitiremos verlo en ciertas ocasiones. Sé que lo dice con la mejor de las intenciones, pero el hecho de que una desconocida te diga que te "permitirá ver a tu hijo" resulta surrealista. Durante el resto de la conversación solo respondo con monosílabos. Hablamos sobre los cuidados prenatales, el parto y la adopción, pero sin importar cuantas veces me digan que estoy haciendo lo mejor para mí y el bebé, no puedo creerlo. ... - Al revisar los resultados de los exámenes pudimos identificar la causa del exceso de líquido amniótico - prosigue la ginecóloga - Emilia padece diabetes gestacional, una enfermedad bastante común en las mujeres embarazadas. En su caso, al no llevar un control médico durante las primeras etapas del embarazo, no pudo ser diagnosticada a tiempo y actualmente sus niveles de glucosa están bastante descontrolados, esa fue la causa principal del exceso de líquido - prosigue mirándome. Inmediatamente que lo dice me siento culpable. Traté de poner atención a mi salud desde que me enteré del embarazo, me mantuve saludable comiendo adecuadamente, durmiendo lo suficiente y ocasionalmente me hacía un ultrasonido para revisar al bebé, pero no fue suficiente, nada de lo que hago actualmente parece serlo. - ¿Existe algún riesgo para el bebé? - interroga Samantha. - Ahora la mayor preocupación sería un parto prematuro aunque existen otras complicaciones médicas, pero con un buen control ese riesgo disminuirá. Tanto Samantha como yo suspiramos aliviadas. Al fin una buena noticia.
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