Después de salir del hospital mis padres me instalaron en mi antiguo departamento con autorización del abuelo quien no se dignó a visitarme.
Mi teléfono vibra con la llamada de Freya. He estado evitando reunirme con ella desde que me separé de la familia, solo mensajes de texto cortos, algo que resultó todavía más sencillo desde que regresó a Canadá para retomar sus clases. Contesto su llamada y pasamos la siguiente hora hablando.
- ¿Hablaste con Sloan?
Trago saliva antes de responder.
- No ¿Tiene algo que decirme?
- Solo lo típico. Hablé con mamá ayer y me dijo que estuvieron conversando sobre la luna de miel. Se marcharon a Alemania para la graduación de Scarlett y se quedarán una semanas más supervisando una de las sucursales, pero lo que le pareció extraño a mamá es que no preguntó por ti en ningún momento, eso no es usual en él porque siempre ha estado pendiente de ti.
- Vaya – es todo lo que consigo decir.
- No lo sé, todos están actuando extraño últimamente, siento que me estoy perdiendo algo.
Trato de tranquilizarla, pero sé por su tono al hablar que no está convencida. Solo puedo rogar que esto no se convierta en un problema después.
…
Un repentino dolor en el bajo vientre me despierta. Me levanto del sofá donde me quedé dormida después de hablar con Freya. Respiro profundo y trato de aguantar la nueva oleada de dolor mientras masajeo mi vientre. Siento un líquido tibio bajar entre mis muslos y todo se detiene. “Es demasiado pronto” pienso preocupada. Me agacho lentamente para tomar el teléfono del sofá y marcar a mi madre.
- Estoy en trabajo de parto – digo con los dientes apretados por el dolor.
- Vamos para allá.
Espero lo que parecen horas hasta que tocan la puerta y mis padres entran precipitadamente. Mi madre arma una maleta mientras mi padre me conduce hasta el auto. Subo con cuidado y tan pronto estamos listos, nos dirigimos al hospital.
Mi padre estaciona en urgencias y una enfermera me conduce en silla de ruedas hasta una habitación.
- Tienes varios centímetros de dilatación – anuncia la ginecóloga tras revisarme.
- El bebé estará bien, aún faltan dos meses.
- Nacerá prematuro, esta era una posibilidad dado tu historial médico, pero todo saldrá bien – agrega para tranquilizarme.
Asiento tratando de calmarme.
…
- Una vez más Emilia ¡Puja! – me ordenan por décima vez.
Hago lo que me piden mientras siento como si me partieron en dos. “Por favor bebé, mamá quiero conocerte” pienso para mis adentros.
- ¡Una más!
Tan pronto obedezco siento al bebé salir de mí y una oleada de satisfacción me inunda. Estoy exhausta, pero hago un esfuerzo por abrir los ojos y ver el pequeño bulto que una sonriente enfermera me muestra. Mis ojos se llenan de lágrimas, es precioso.
- Es un niño – anuncia satisfecha.
Una vez terminan de asearme, me regresan a mi habitación desde la sala de partos.
...
El llanto de un bebé me despierta y parpadeo confundida hasta que logro enfocar el origen del llanto y la imagen me parte el corazón. Ver a Samantha sosteniendo con amor a mi hijo es más de lo que puedo soportar. Debido a que nació prematuro se decidió colocarlo en una incubadora y no he podido sostenerlo desde entonces, tampoco se autorizó mi alta del hospital hasta estabilizarme.
He llorado más en estos últimos meses que en toda mi vida así que cierro los ojos para evitar que otras lágrimas se derramen. Ella levanta la mirada, me sonríe con pesar y se acerca a mí con el bebé en brazos.
- Estaba en el pasillo cuando la enfermera lo trajo y como estabas dormida, pensé en hacerme cargo.
El bebé llora lastimosamente mientras Samantha me lo entrega. Desnudo uno de mis pechos y permito que se alimente. El primer contacto de su tierna boquita contra mi piel me produce escalofríos, la sensación es maravillosa y la conexión que se forma instantánea.
- Ya decidimos el nombre – dice entusiasmada.
Las palabras que estaba a punto de decir mueren en mis labios cuando escucho una fuerte discusión en el pasillo.
- Veré que sucede – dice Samantha mientras se levanta y camina hacia la puerta. Antes de que pueda abrirla, se abre abruptamente y una enfurecida Freya entra a la habitación con los brazos en jarras.
Al verme se detiene en seco. Abre la boca en repetidas ocasiones pero no logra pronunciar palabra y simplemente se queda parada en medio de la habitación, atónita.
- Hija, no es bueno que se exalte – interviene mi madre desde la puerta.
Freya desvía la mirada de mi y la posa sobre mi madre. Se sienta en el sofá continuo sin decir algo, negando con la cabeza mientras cubre su rostro.
- Quiero hablar a solas con ella – dice finalmente.
Mamá y Samantha intercambian una mirada nerviosa, pero ceden y nos dejan. Mi hermana camina hasta la puerta y pone el seguro. Da la vuelta para mirarme.
- Solo abrázame- le pido.
Ella corre hacia mi y se cuelga de mi cuello con cuidado de no lastimar al bebé.
- ¿Cuándo llegaste? No me dijiste que estabas en la ciudad cuando hablamos.
- Hoy, quería darles una sorpresa, pero esa me la llevé yo. Cuando pregunté en casa donde estaban y vine aquí no era esto lo que esperaba - dice levantando el rostro - ¿Por qué no me lo dijiste? – cuestiona.
Muerdo mi labio inferior indecisa sobre lo que quiero decirle. Al final opto por contarle la misma historia que le conté al abuelo sobre el padre del bebé hasta mi decisión de entregarlo al matrimonio Thompson. La cara de mi hermana pasa de la indignación a la ira en cuestión de segundos.
- Jamás esperé que nuestra familia se atrevería a tanto, son una basura – añade molesta.
Niego con la cabeza.
- No puedes culparlos por las decisiones que yo misma tomé. Nos aman y quieren lo mejor para nosotras, fui yo la que los decepcionó y después fui demasiado terca para darme cuenta que no podía hacerlo sola.
- ¡No es así! – responde tajante – No lo ves ahora por todo el estrés al que estuviste sometida, pero el amor no puede ser condicionado. Si realmente te amarán no tratarían de deshacerse del bebé que evidentemente quieres como si fuera nada. Te apoyarían y los amarían a ambos sin importar nada.
Cierro los ojos intentando que ese simple acto me proteja de la verdad.
- ¿De verdad lo darás en adopción? – pregunta suavemente.
Miro su mirada triste y después la cara rosada del bebé. Apoya su pequeña mano en mi pecho y respira profundamente al quedarse dormido, sintiéndose seguro y protegido entre mis brazos. Es en ese momento que me doy cuenta que no podré entregárselo a Samantha.
- ¡No quiero hacerlo! – digo entre sollozos – pero ya me quedé sin opciones.
Freya me da unas palmadas tranquilizadoras en la espalda.
- Todavía me tienes a mí y a Sloan. Estoy segura que la tía Circe también se uniría.
La mención de esos nombres me provoca escalofríos, pero debo actuar calmada o podría levantar sus sospechas.
- No quiero involucrarlos, debes prometer que me guardarás el secreto.
- No creo que sea posible, en el momento que descubra que no estás comenzará a buscarte, siempre ha sido muy protector contigo.
El pánico me inunda. Trato de pensar en una excusa lo suficientemente convincente.
- No lo hará. Él y yo tuvimos una fuerte discusión. Dejamos de hablarnos poco antes de la boda.
Freya me mira no muy convencida.
- Esto es más importante.
Sacudo enérgicamente la cabeza.
- Una reconciliación no es posible.
- ¿Tan fuerte fue la pelea? – pregunta dudosa.
- Si, no puedo darte los detalles pero se relaciona con Scarlett, así que te ruego que lo dejes así y los dejemos fuera de esto.