Srta. Klumps
Mi mente después de verme con el profesor, estaba a mil por hora, recordaba sus ojos, sus labios esa timidez tan diminuta que lo hacía ver tan sexi.
Llegué a casa y me encontraba sola. Era muy seguro que Leah estuviese intentando ver a María Elena. No quise esperar más y fui a mi cuarto para tener esa privacidad que deseaba y tocarme libremente. Había una sensación en mi de ser arrastrada y follada de forma salvaje por el profesor, que el cuerpo me reaccionaba de pensarlo.
Sin más, comencé a imaginar un escenario que solo está vez me permitiría, estaba segura que más tarde que pronto, él sacaría este deseo que guardo para él.
Salí del ascensor tan apurada y absorbió la colisión frontal que era inevitable y el asombro mutuo.
Levantó la mirada con la intención de pedir disculpas, pero tan solo logró articular un débil: "Lo siento".
Los labios carnosos y sensuales dibujaban una leve sonrisa para decir una palabra, el encuentro de las dos miradas convocó una intensa ola de calor que se concentró en mi columna vertebral.
Fueron sólo unas pocas décimas de segundo, pero suficiente para molestarme; se hizo a un lado para dejar que el resto de la gente siguiera su ruta, pero no antes de girar allí con la esperanza no reconocida de verlo por última vez.
Ya no estaba.
En las horas siguientes, a pesar de todos mis esfuerzos, incapaz de quitar de mi mente la imagen de este hombre que ya es reconocido para mi, cuanto más intentaba olvidar lo que había sucedido, el deseo y excitación aumentaban; tenía la ingle húmeda y los labios secos de morderlos; ¡Este apetito s****l había sido despertado y tenía que estar satisfecha ahora!
Pero, ¿dónde…?
Cómo empujada por un extraño resorte, busqué el lugar más cercano y caminé directamente hacia el baño, cerré la puerta, lo extraño es que allí estaba él.
Recordé mentalmente aquel primer encuentro mientras su mano derecha se deslizaba lentamente a lo largo de mi vientre encontrándose con un excitado clítoris. ¡Estaba que me moría! Su mano izquierda se enterró en el sujetador y sus dedos acariciaron y pellizcaron hábilmente mi pezón; El profesor sabía cómo y dónde tocar, para tenerme así de desesperada.
El dedo medio de su mano derecha comenzó a girar, lentamente, lo estaba disfrutando, el contacto con él, había despertado mis pasiones dormidas y olvidadas. Nos besamos con fuerza, mordimos nuestros labios sin que importara el dolor.
Me deslicé a lo largo de su carne, para que su saliva y su lengua se encontraran; Cuanto más pensaba en ello, más se intensificaba el placer, el orgasmo luchaba por explotar dentro de mi, pero se detuvo, él quería disfrutar más este momento.
El deseo dominaba nuestras mentes y comenzó a proyectar sentimientos y sensaciones como si se tratara de una película; acerqué la pelvis a la de él, y en eso pude sentir la firmeza de su m*****o. Sus dedos mojados respondían a órdenes desconocidas, ya el profesor no asumía el control en esta situación, se dejó llevar.
Un orgasmo convulsivo y poderoso me recordó que estaba imaginando y masturbándome como si la vida se fuera en ello.
Tomó minutos que mi cuerpo volviera a retomar su ritmo. Estaba tan absorta en esa experiencia que no había más nada para mí que pudiese preocuparme.
Dormí hasta el amanecer tan plácida que en mi rostro se deslumbraba la tranquilidad infinita por lo de anoche. Solo fue imaginación, pero en el fondo se sintió tan real.
Me levanté, pero las ganas de seguir en la cama eran infinitas. Leah se encontraba pensativa con un cigarrillo.
— Pensé que nunca despertarías, ¿Estás enferma? —
— Oh no, nada de eso. Solo algo cansada—
Leah me miró pensativa y sabía que diría algo al respecto. Ella no se queda con incógnitas.
— Estás muy extraña últimamente y algo que he pensado desde ayer es que me encontré al profesor Mark y me preguntó por ti—
— Ehmm, si. Él necesitaba decirme que no estaba rindiendo mucho en clases—
— ¿Y cómo se le dice eso a una de las mejores en la clase? —
Me quedé callada unos segundos, ella tenía razón.
— Yo también lo pensé Leah, pero he de suponer que nuestro pequeño viaje no permitió mucha concentración en mi—
— Al profesor Mark no debería importarle eso Stefanía— comentó un poco irritada. — No quiero pensar que ese tipo le interesas, él no es precisamente muy sincero, esconde algo, no lo sé—
— No todos podemos ser sinceros como tú. Creo que ya deberíamos irnos—
Tomé mis cosas y salí a esperarla. Supe que no le gustó mi respuesta, pero no quería enfrentar estas cosas ahora. Sabía que le mentía y ocultaba esto a mi mejor amiga pero no estoy lista para hacerlo.
Al llegar a la universidad, Leah se fue a su clase extra y yo debía ir a hablar sobre mi beca. Ella no se despidió como lo hace siempre, sabía que estaba a punto de descubrirme.
— Su beca está solvente, sus notas son maravillosas Srta. Klumps — escuchaba decir del departamento responsable de esa unidad.
Cuando me despedía, vi salir de la sala de profesores al profesor Mark. Al verme, se apresuró para ir a mi lado.
— A usted quería ver — susurró.
— Espero que sea para algo bueno profesor —
— La espero en 10 minutos en la cafetería que se encuentra a dos calles de aquí—
Yo sólo asentí y tomamos rumbos distintos.
Caminé con más rapidez que cualquier otro día pero al llegar, él no se encontraba allí. Al voltear, vi un auto en el que al bajar el vidrio, él me hizo señas y fui hacia él. Mientras iba, sentía mariposas en el estómago quizás por el acto que a simple vista era tan prohibido como tentador.
No hablamos en todo el trayecto, pero nos mirábamos de vez en vez y sentía un calor insoportable que me estaba haciendo transpirar.
— Puedo subirle al aire si quiere —
— Creo que es como el momento de tutearnos, ¿No cree?
El rió asintiendo.
— Me gustaría besarte ahora —
Estacionó, asumiendo que con mi mirada me moría de ganas y no perdió tiempo en introducir su lengua y morder mis labios como tanto lo imaginé. Los minutos pasaban y seguíamos tocando nuestras manos y besando, mordiendo, chupando nuestros labios con alevosía. Quería más, mi sexo iba a explotar de tanto deseo, ya no podía solo besarlo, quería su cuerpo sobre mi, llenándolo de mis jugos.
Luego de unos minutos en que nuestros labios pararon me miró pensativo.
— Siempre que intento mantener mis manos lejos de ti, una fuerza increíble y poco prudente me arrastra— dijo.
— Yo me siento igual —
— ¿Lo sientes? ¿Segura? —
— Si, ¿Por qué lo dudas? —
— Solo es una pregunta —
— No, por favor. Me gustaría saber —
Él por su parte, miró a un lugar que no era mi rostro por unos segundos.
— Siento que es el deseo de toda chica estar con su profesor de economía—
— ¿Y no es el deseo de todo profesor, estar con su alumna? —
Rió, pero no se dejó intimidar con mi comentario.
— Para algunos lo es, pero yo no lo busqué de forma arbitraria—
— Yo tampoco lo he buscado, pero no me estoy rehusando como tú —
— ¿Te parece que estoy renuente? — preguntó un poco curioso. No respondí, solo me quedé mirándolo. — Creo que si lo hice en un momento pero ya lo estoy dejando correr, lo que por momentos me hace sentir un poco temeroso y no quiero causarte una idea errónea de mí—
—Yo no haré tal cosa. Ambos estamos en una situación que puede perjudicarnos, pero creo que poco a poco podríamos ir aceptando lo que aquí sucede — dije. Él miró su celular. Este vibraba cada segundo.
Mark se acercó, tomó mi mano y depositó un beso en ella.
— Te llevaré a tu apartamento, otro día vamos por ese café —
Asentí un poco curiosa de lo que haría. Dejó nuestro momento por algo más importante y eso me hizo preguntarme lo que jamás pensé.
Continuará...