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Señorita Klumps

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Blurb

Stefanía, es una chica dulce que decide abandonar Texas para dejar atrás situaciones pasadas muy dolorosas, una en particular es la muerte de su madre. En el fondo esconde un deseo que ha estado reprimido por el entorno en el que se encontraba. Las ganas de disfrutar el sexo en todo su esplendor y el placer de sentir esa lujuria, la conlleva a dejarse llevar cada noche siendo sus manos la causante de su propia satisfacción.

Mark, llega a su vida para darle eso que desea, sin embargo se verán inmersos en un escándalo donde lo prohibido será lo más tentador, sin saber que luego el destino les dará un giro a su historia que pondrá en tela de juicio si el deseo es suficiente o el amor lo será todo.

¿Podrá la atracción hacia Mark superar un amor que se avecina? o ¿Ese amor vendrá envuelto en lujuria?

Jamie Rodríguez.

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Señorita Klumps — Capítulo I
Stefanía. En un tiempo creí haber pensado que mi vida se regía por mis progenitores y no por mí, cabe destacar que en mi niñez fui muy conservada, en donde no pensaba que mi vida sería expuesta a procesos de cambio tan radicales, pero cuando llegó el momento y comenzó la adolescencia, todo cambió, desde mis pensamientos hasta mi actitud y en ocasiones pensé que vería diferentes las cosas y así fue, mi camino fue una ventajosa realidad que cada día me empezaba a gustar, un cambio dado por mi crecimiento y una forma distinta de ver las cosas. En la adolescencia atravesé el círculo más dañino de los sentimientos, como lo es el amor, no pensé en ningún momento que traería consigo enredos y dolor. En ese tiempo decidí que la vida que llevaba, cambiaba y ya no era tan conservada como mis padres querían que fuera, en realidad no era libertinaje, era libertad de expresarme como quería en cuanto a mis pensamientos y mis acciones. Cuando tenía 18 años, ese calor juvenil llegó a mi vida, me sorprendió tanto el saber que el chico más bello y perfecto, de alguna u otra manera me arrastraba con él a un camino desvariado que yo desconocía, pero más que un querer era necesidad, era diferente a otros, con esa personalidad que dejaba huella y ese olor tan varonil, estaba completamente atraída o enamorada, en realidad no lo sabía, pero allí estaba yo con las bragas súper húmedas por tenerlo tan cerca de mí, su color de piel era blanca y unos ojos que me dejaban sin aliento, moría por besar sus finos labios y saborear su boca, era el chico más bello que mis ojos habían admirado y no podía creer que yo le gustaba. Para mis adentros comprendía que también deseaba lo mismo que yo. Por más que era apenas una chiquilla que experimentaba la mayoría de edad, tenía un cuerpo delicado, con curvas bien pronunciadas, era una chica esbelta, de piel blanca y torneadas caderas, mis ojos eran cafés, mis labios gruesos pero delicados y siempre tenía un espíritu distraído y creo que fue eso lo que le gustó, en otras palabras era muy bella, siempre me lo decian y me gustaba escuchar eso, me daba aires de grandeza. Sebastián y yo vivimos un romance espectacular muy corto, el que soñé vivir y disfrutar a plenitud, pero no todo iba a ser perfecto, porque me marché lo suficientemente lejos para iniciar una carrera universitaria. Tiempo después, en la colegiatura conocí a Eduardo, en realidad sentí que olvidaría todo el romance con Sebastián y aunque no pude aliviar el calor que se escondía entre mis piernas, con Eduardo tampoco. Él no tenía ese "no sé qué" que pudiese volver loca a una mujer y lo dejé antes de complicar mi existencia. No necesitaba saber la vida entera o como se relacionaban en el mundo los hombres que me tiraría pero por alguna razón ellos deseaban más cuando yo solo quería ser tratada como una puta. Todas las noches en la intimidad de mi habitación, tocaba mi cuerpo dándome placer, uno que me encantaba y terminaba agotada, con las piernas que me temblaban y jadeando por un poderoso orgasmo. Los días continuaron y aunque salía con amigas de fiesta, ellas volvían a sus habitaciones acompañadas mientras que yo me conformaba con pasar las manos por mi cuerpo y excitarme de solo imaginar que es un hombre quien lo hace. Para ellas era tan necesario el sexo en sus vidas que lo hacían con cualquiera que tuviese un lindo rostro mientras que yo deseaba ese hombre que con tan solo verme provoque sensaciones que jamás haya sentido. — Pasen todos, ya el profesor de Economía está dentro — decía uno de nuestros compañeros. Yo apenas venía entrando porque mi alarma no sonó, venía con los cabellos chorreando prácticamente y mis amigas me dieron la mirada reprobatoria. — ¿Que sucedió Stefanía? — preguntó Leah. — Pareces a mí madre cuando dice mi nombre completo— ella rió y me hizo señal para que viera al profesor. Creí caer de rodillas cuando vi a ese hombre. Tenía ese aspecto varonil, ese mentón pronunciado, era alto y con un color de piel fuerte. Me miró muy mal, como si le ofendí era mi presencia, cosa que no me afectó, estaba tan perdida en su boca que no le presté atención a sus posibles perjuicios. — Buenos días, mi nombre es Mark Pizzotti y soy el nuevo profesor de Economía ya que el anterior falleció como ya lo saben. No necesitan hacerme preguntas ni las responderé en todo caso cuando se trate de mi persona, es todo— dijo muy serio. Era muy arrogante pero todos los profesores lo son a decir verdad, tienen ese aspecto de "yo sé más que ustedes, pudranse" y ese aire de poder que nos hacen sentir hormigas cuando ellos son los leones. — Este tipo es un idiota pretencioso— decía Leah. Toda la clase estuve en un nube constante, teniendo fantasías eróticas con el profesor, no me lo sacaba de la cabeza. La semana entera estuve así y ya no sabía cómo disimular frente a él y cuando de casualidad me miraba, me mojaba rapidísimo y la cabeza la arrastraba por el piso. Cuando cumplía mi trabajo especial de medio tiempo en la librería de la universidad no imaginé nunca que el podría tan siquiera ir allí. — Stefanía, ayuda al profesor Pizzotti, por favor— me indicó Miss Jacke. Le sonreí de medio lado con algo de timidez e iba imaginando que me follaba por todas estas paredes, él por su parte solo me miró muy serio sin devolver mi gesto. — Usted está en mí clase, es la que llega tarde y con los cabellos chorreando— dijo. No lo respondí, me pareció un idiota diciendo tal cosa. — Esperaba que respondiera a mí comentario— — No estoy obligada a hacerlo, ¿Qué libro desea?— pregunté ya estando en el área de los libros de economía. — Que mal educada es usted. ¿Que le hizo pensar que buscaba libros de economía? — — Usted tampoco dijo de que se trataba o que buscaba, pero ¿Sabe qué? Búsquelo usted mismo— y lo dejé allí. Estuve toda la tarde y noche cabreada por lo mismo. Ese tipo es un pedante y por más que se la pasé en mis pensamientos es un hijo de puta. Pensaba donde estaba mi fuerza, mi dignidad como mujer. ¿Cómo podía tan siquiera imaginarlo conmigo cuando era un arrogante? A la mañana siguiente iba tarde y justo a su clase. Al entrar me miró más feo que antes. — ¿Sabe usted que la hora es a las 7:00 y no 30 minutos después de la hora asignada? Además viene todo el tiempo mojando el piso por dónde yo paso y no tiene la decencia de tan siquiera secarlo. Creo que sus compañeros y yo le vamos a regalar un secador— — No volverá a pasar — dije sosteniéndole la mirada con algo de dolor y rabia. — No le he dicho que puede responder, tome asiento y que no se vuelva a repetir— Tomé asiento mientras que era la comidilla de mis compañeros de clase incluyendo la de él. Mis amigas me dijeron que lo acusara con el rector por decirme toda esa mierda pero yo no estaba ya para eso. Ya era lo suficientemente adulta y él sabe que no estuvo bien. Al finalizar la clase fui la primera en salir y me senté en un banquillo. Lo vi salir del salón y al verme, dio paso andado hacia donde yo estaba, pero al ver sus intenciones, me levanté de inmediato y me fuí. Al llegar a la biblioteca, Miss Jacke iba a salir y me pidió el favor de que estuviera al frente por un rato y lo hice encantada. Una hora después vi que entraba el profesor Mark con una ropa de ''no profesor'' y decidí calmar mis pensamientos. — ¿Puede dejar lo que está haciendo y hablar conmigo un momento? — preguntó. — ¿Cree usted que puede venir a mi empleo y sacarme de mis obligaciones porque se trata de usted? Pues le informo que está muy equivocado. Esta disculpado, ahora déjeme trabajar— dije dándole la espalda. Se puso frente a mí de nuevo y suspiró agotado. — ¿Puede por favor tener una charla conmigo un momento? — Sus palabras fueron más calmadas esta vez. Miss Jacke venía entrando y maldije para mis adentros. — Miss Jacke, estaba esperándola ya que deseo hablar con la Señorita Stefanía Klumps un momento— dijo él mirándome fijamente. — Claro profesor— respondió Miss Jacke. Íbamos caminando por todos los pasillos de la biblioteca hasta que decidió hablar. — Stefanía, acepta mis disculpas sinceras por eso que en la mañana no debió ocurrir— decía con la manos en los bolsillos. — No sé preocupe profesor Mark, ahora sí me disculpa, quisiera regresar a mis labores— dije tranquilamente. — ¿Eso es lo que usted dirá cuando vine desde mi casa para hablar con usted? Dejé muchas cosas sin hacer solo para ofrecerle mis sinceras disculpas— está molesto. — Pues es todo lo que le diré a un hombre tan pedante como usted después del mal rato que me hizo pasar frente a mis compañeros— lo dejé allí y comencé a caminar muy rápido. Sentía que me seguía y no sabía dónde meterme y cuando menos lo esperé, estaba frente a mí, tan cerca que podía sentir su respiración agitada. Sus manos las pasó por mis brazos y juntó su cuerpo al mío. Su aroma me envolvió hasta el punto de olvidar todo lo que había pasado. — Señorita Klumps— jadeó levemente. Lo escuché decir esas palabras como un susurro y nos dimos un beso ansiado por los dos y necesitado por mí. Acorraló mi cuerpo y me pegó contra el estante de literatura Erótica y saboreó mis labios, mojando el interior de mis piernas y causando una erección por su parte que yo podía sentir libremente. Su lengua paseó por los rincones de mis labios y una de sus manos tomaba mi cintura mientras que la otra tomaba y acercaba mi rostro para profundizar nuestro beso. Nos separamos bruscamente al escuchar un ruido. Él me miró como despidiéndose sin antes besar mi mano. Desde la distancia lo vi marchar, con ese andar que ilustraba mi vista mientras que yo solo deseaba llegar a casa y darme una ducha helada y esperar a verlo nuevamente en clases en dos días. Continuará...

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